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Arte e Ideas

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Elegantes como ingleses

La boda entre el esnobismo y la anglomanía se dio cuando el interés en las ideas inglesas se extendió a los modales, gustos, comodidades, la manera de concebir el lujo y la manía de realizar ejercicios físicos.

En nuestros días todo lo que es inglés se atrae el favor de los esnobs . Así comenzaba el artículo que Gaston Jovillet había publicado en el periódico francés Le Figaro el 25 de enero de 1885. La anglomanía, que había irrumpido en el mundo en el siglo XVIII, ya tenía hartos a los franceses.

Enemigos históricos, con una guerra que había durado 100 años en el campo de batalla pero que nunca se iba y los había enfrentado siempre, Francia e Inglaterra se la pasaban mirándose de reojo, de frente, decidida o tímidamente. Pero competían. Francia, que siempre quiso ser un epítome de la elegancia, sufría.

Este amor por lo inglés parecía también antiguo. Había empezado con la publicación de textos disímbolos. Algunos tan importantes como las Cartas inglesas o Cartas filosóficas de Voltaire, que evidenciaban sistemáticamente la frivolidad de los franceses, cuya agudeza, decía, consistía principalmente en convertir en bagatelas la solidez, la precisión y la sencillez de los ingleses . Porque además de que los ingleses, afirmaba, se sienten libres, están cómodos; les gusta usar el intelecto, no dan importancia a esa cortesía al hablar y esa atención a los modales .

Estas Cartas inglesas de Voltaire provocaron un enorme escándalo al momento de su publicación en 1734 porque la idea general, como se ve, era presentar a Inglaterra como un país modelo, frente a una Francia sumergida en la superstición religiosa y sojuzgada bajo el luminoso, pero despótico, imperio de Luis XIV.

Pero la boda entre el esnobismo y la anglomanía tardó un poco más en realizarse. Fue cuando el interés en las ideas, principios y costumbres ingleses se extendió a todo lo demás: los modales, los gustos, las comodidades, la manera de concebir el lujo, de disponer de la elegancia y la manía –distinta a la de toda Europa- de realizar ejercicios físicos.

Muy pronto lo chic era ser a la inglesa . Tanto, que el historiador británico Gibbon, de visita en París, escribió en una carta para su familia: Se nota que nuestras opiniones, nuestra costumbres, hasta nuestra vestimenta, son adoptadas en Francia y un rayo de gloria nacional parece iluminar a todo lo inglés. Es decir, que somos modelos que es necesario imitar si se quiere ser considerado como es debido . Muy pronto la anglomanía se arraigó, incluso en la opinión de autoridades librescas como el Diccionaire universal des sciencies de 1778, incluido en la Biblioteca del Hombre y el Estado y la Ciudadanía. Pero también fue objeto de una ligera burla. Una entrada completa habla del tema y dice: El colmo de los anglómanos es querer transportar sobre las orillas del Sena leyes, una constitución, costumbres, usos que no convienen sino en una isla regada por el Támesis. Sería mejor no hacer como los monos que no toman jamás lo bueno de los que remedan y eso es lo que hacen los franceses vistiéndose a la inglesa, ocupándose a la inglesa y divirtiéndose a la inglesa, lo que no ha sido sino un ridículo más .

En la Francia de 1830, con el esnobismo inglés subido hasta el tope, el nuevo ordenamiento de las comidas tuvo un origen puramente británico, así como ciertas reglas de urbanidad: prescribir de la mesa todo lo que se relacionara con el cuerpo, no tener el mal gusto de desear buen provecho en plena comida y no chocar las copas al brindar. La personas elegantes no debían tocar nada con los dedos salvo el pan y los cubiertos.

Fue entonces cuando la pobre condesa de Gazé, una autoridad en urbanidad y buenas maneras, agobiada se preguntaba: ¿Se deben o no comer los espárragos con la mano? Y luego razonaba que tres cuartas partes de la gente tomaban con la mano el tallo del espárrago y separaba la extremidad con los dientes. Al final acabó recomendando en su Manual de savoir vivre que la manera inglesa de comer espárragos era la más elegante y consistía en separar en el plato, por medio de un tenedor, la parte del espárrago que se come y llevarla a la boca con el mismo instrumento .

Durante mucho tiempo la moda masculina parecía haber adoptado definitivamente el gusto inglés y se usaba levita, frac negro y guantes amarillos para demostrar le elegancia y estar al último de grito de la moda.

Todo fuera como eso. Poco tiempo faltaba para que los franceses se dieran cuenta de que todo mundo podía vestirse de gentleman pero que a través de la tela era fácil reconocer a cualquier patán. Y que hay esnobs que, sin importar su nacionalidad, tienen tan poca educación que no saben sostener las apariencias y no tienen espíritu deportivo.

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