Agradabilísima puesta en escena de Susan Stroman de La viuda alegre, en la que apreciamos esa maestría que sólo dan las tablas de Broadway y que se muestra en lo meticuloso de la escenografía, el buen gusto en el vestuario, el correcto trazo escénico y el dinamismo en el ritmo; todo esto que dejó cautivados a los espectadores del sábado 17 de enero de la transmisión desde el Met al Auditorio Nacional.

Pero si Renée Fleming fue la reina indiscutible de esta representación, el vals fue el rey, que desde los primeros compases se dejó oír con su carga sensual, lánguida, cargando con su energía esa atmósfera propicia para que todo lo demás fluyera y tuviésemos una Viuda alegre de las mejores que hemos visto.

La opereta en tres actos es de Franz Lehár (1870-1948), el primero y el más perdurable triunfo que obtuvo este autor.

En esta ocasión, el libreto en alemán de Viktor Léon y Leo Stein fue traducido al inglés, lo que permitió suavizar la parte fonética y que se entendieran mejor algunos dobles sentidos que contiene la obra, cargada de sensualidad desde el título. Porque ser viuda, dicen algunas escritoras francesas, es uno de los mejores estados de una mujer alegre , sobre todo si ésta queda con suficiente dinero: nadie le puede reprochar su conducta plenamente justificada por la pena, no tiene que cargar con el peso de la virtud de una doncella; no tiene a quién entregarle cuentas, salvo a su cuerpo...

Tesis central

Además está la tesis central, que el autor desliza de una manera muy elegante, pero contundente: hay que saber amar estilo París , que quiere decir que un hombre o una mujer casados por todas las leyes, pueden tener un matrimonio abierto o de casadas con permiso . O sea que la esposa puede tener otros novios y el hombre otras novias sin que nadie se enoje. Y eso evita dicen que el matrimonio fracase por la cantidad de pleitos que se producen al no tener salida la pasión sexual.

Estos atributos los supo encarnar bastante bien Renée Fleming, la viuda Hanna Glawari, quien le sacó jugo a esos juegos sensuales y cantó esta obra ligera con pasión, con técnica, con una gran facilidad.

Pero si hablamos de reconocimientos hay que fijarse bien en la soprano Kelli O’Hara, quien ha sido nominada a cinco Tony Awards, el más reciente por The Bridges of Madison County; cantante-actriz que viene directamente de Broadway. En esta Viuda alegre representa a Valencienne, la joven y coqueta esposa del barón Mirko Zeta. O’Hara tiene chispa, gracia, carisma y canta muy bien en este terreno nuevo para ella que es la ópera, al menos bien en este tipo de papeles de comedia, ligeros, que no exigen intervenciones prolongadas ni desgarramientos dramáticos.

Sir Andrew Davis estuvo al frente de la dirección musical, apreciamos su interpretación de los maravillosos valses de que está llena la obra. Supo acompañar bien a los cantantes para que dieran lo mejor de sí.

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