El surgimiento y la consolidación de la convergencia tecnológica en los medios de comunicación han aportado grandes beneficios a las sociedades. El hecho de ?tener acceso inmediato desde la palma de la mano a cualquier rincón del planeta ha derribado?fronteras y ha permitido que el mundo, que antiguamente?mantenía celosas fronteras, misterios y pudores solamente reservados para aquellos intrépidos viajeros o exploradores, se muestre completamente?expuesto a cualquier ser?humano conectado a la red.

Internet ha unido comunidades, generado miles de millones de oportunidades de?negocio en todos los rincones del planeta, facilitado la vida de la humanidad en prácticamente todos los rubros y actividades?imaginables y multiplicado las opciones y oportunidades de generar, recibir y vivir el espectáculo y la noticia. Las?redes, Internet de las Cosas, y el comercio en línea están redefiniendo por siempre la forma como los seres humanos comercializamos los bienes y servicios y han creado nuevas?fuentes de riqueza que hace solamente algunos años eran impensables.

La revolución digital que?llegó hace un par de décadas a los usuarios finales ha cambiado al mundo más que ninguna otra en la historia de la humanidad, pues las fronteras van mas allá de lo físico y lo palpable. El éxito y la rapidez con la cual esta revolución y esta convergencia se han llevado a cabo han superado la capacidad de los gobiernos para educar, regular y legislar sobre los riesgos y peligros que la misma ha generado.

Desde la llamada primavera?egipcia, en el 2012, ha sido evidente que las redes sociales y el mundo digital se han convertido en un plano previamente?inexistente donde suceden aconteceres tan reales y poderosos como en el plano real. ?A través de redes sociales se pueden gestar revoluciones y golpes de Estado sin detonar?una bomba. De igual manera,?por medio de una exitosa campaña digital un candidato puede ganar una contienda o desaparecer.

El poder de un blogger o un influencer para posicionar un producto o servicio es tal, que marcas globales y centenarias en la industria de la moda o los autos los contratan para poder competir contra otras que no existían hace un par de años. Estos mismos líderes de opinión son contratados también por partidos políticos, candidatos a elecciones populares y servidores públicos que desean ampliar su base de seguidores. Al mismo tiempo, estas figuras se han convertido en generadores de contenido que, una vez más, empresas centenarias en el mundo del entretenimiento y la noticia contratan para incrementar sus audiencias.

Sin duda, los beneficios de esta revolución son enormes y el potencial de desarrollo está lejos de llegar a su fin. Sin embargo, toda esta maravilla tiene al mundo de cabeza.

La velocidad y la fuerza que el mundo digital ofrece a los acontecimientos de la vida?han traído consigo un precio que la sociedad está pagando y que al parecer nadie ha podido mitigar.

El exceso de información sin filtros y la sobreoferta de contenido noticioso de baja calidad y de fuentes no acreditadas?aunadas a audiencias poco?preparadas y líderes sociales o políticos voraces han incendiado al mundo y opacado el?rotundo éxito que la tecnología?pudo haber tenido para la humanidad . El odio, la falta de compasión humana, la intolerancia, las diferencias sociales?y la enajenación han crecido de manera vertiginosa y han puesto sobre las mesas de líderes mundiales el debate sobre la apertura y la democracia.

¿ Será que el mundo está?preparado para esta revolución? ¿Hasta qué punto los estados deberían regular la información que se publica en redes sociales o blogs? ¿ Dónde termina la libertad de expresión y comienza la irresponsabilidad al publicar algo?

He aquí un tema que urge atender, regular y sobre el cual educar y formar a la población de los países.