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El emprendedurismo aporta pertinencia

El emprendedurismo como una carrera o como parte de los planes de estudios se presenta como un gozne que aporta un campo de conocimientos.

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La pertinencia educativa es un término propio del discurso educativo. Foto: Shutterstock

Las escuelas en el nivel profesional buscan siempre el vínculo entre sus carreras y el mercado de trabajo, formando el capital humano que ha de contribuir al logro de los objetivos de cualquier organización. 

Este objetivo no representa el único fin de una carrera universitaria y está presente en la mayoría de las escuelas —públicas o privadas— no sólo de México, sino de casi todos los países del mundo. Insertar a los egresados de estas escuelas en el mercado de trabajo es conocido en el discurso educativo como la “pertinencia educativa”.

Ante esta necesidad de cumplir con la promesa u objetivos de colocar a los estudiantes en trayectorias laborales acordes a sus programas de estudio, el emprendedurismo se hace presente en alguna materia dentro del plan de estudios o incluso en carreras con la intención de crear o formar parte de un emprendimiento. El cuerpo de conocimientos relacionados con el emprendedurismo funciona como elemento flexible —adaptable a los mercados de productos o servicios— en las carreras de casi cualquier área de especialización profesional.

Para algunos surgirá la pregunta ¿estos conocimientos significan la entrega de la educación a los fines utilitarios del sector empleador o de mercado?

Para nadie es ajeno el agotamiento de un modelo modernizador que dejó atrás las estructuras productivas monolíticas y predictivas de los años 60 y 70 del siglo XX. La sociedad y su dinamismo eran poco cambiantes, por lo que se presentaba un mercado de trabajo que ofrecía trayectorias laborales con horizontes muy estables, cuyas plazas eran cubiertas por profesionistas con carreras afines, ingenierías, administración y humanidades, tradicionales, por su oferta en los últimos 70 años.

Posteriormente, durante los 80, se consolidó el rompimiento con esa estabilidad laboral, debido a la irrupción de modelos neoliberales que proponían la reducción de estructuras institucionales —en el sector público principalmente— y empresas u organizaciones promoviendo apertura en mercados y libre competencia.

Lo anterior provocó la disolución de grandes polos industriales en la búsqueda de una mayor eficiencia, atomizando la formación de multiplicidad de pequeñas empresas desde las grandes firmas. Estos cambios resultaron en una serie de nuevas propuestas de formación —sobre todo durante los años 90—, más adaptadas a atender las necesidades de capital humano de un país abierto al mundo.

Para inicios de este siglo, se enfrenta a una sociedad impredecible en cuanto a sus acontecimientos sociales y económicos, las innovaciones tecnológicas son turbulentas, las naciones emergentes impulsan cambios en el balance geoeconómico y, prácticamente, todo aquello que en las últimas tres décadas se dio como un hecho cuasidogmático, derivado de modelos económicos y utilitaristas, empieza a perder sentido. A mediados de los años 90 y principios del 2000, sobre todo a líneas de política pública impulsadas desde influyentes organismos internacionales como la UNESCO, OCDE, FMI y BID, principalmente, los sistemas educativos de diversos países —sobre todo aquellos con férreo apego al modelo neoliberal— comenzaron a hacer suyo el discurso que incluye términos empresariales adaptados a la perspectiva educativa.

La pertinencia educativa es un término propio del discurso educativo, que prevalece con influencia debido a la simbiosis con la “calidad educativa”. Refiere a la formación de las personas con valencia suficiente, para ponerlos en juego en trabajos u organizaciones en el futuro. 

El emprendedurismo es un término transformado desde la empresa o emprendimiento, que hace alusión a alcances empresariales de menor dimensión, diferenciado de aquellas grandes empresas capitalistas con racionalidad acumulativa, y que persiguen exclusivamente la maximización de las ganancias.

Entre esos tamaños micro y pequeño, el emprendedurismo conlleva racionalidades de voluntarismo y de afectividad de la “empresa familiar”, se entiende que pueden ser afines a cualquier actividad productiva en diversos ámbitos socioeconómicos, que resultan en una amplia oferta de productos y servicios profesionales, propicio a la alta segmentación, adaptable a la cambiante diversidad de gustos y preferencias de los consumidores del siglo XXI. 

Por estas razones, el emprendedurismo surge como una variable flexible para cualquier sistema educativo profesional, que acepta el desafío de enfrentar la pertinencia de la formación de seres humanos capaces de insertarse en los mercados de trabajo, con capital humano polivalente.

Emilio Andrés Martínez López es Académico de la Universidad ORT. 

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