El verdadero elixir de amor se llama Anna Netrebko. L’Elisir d’Amore (1832) es una ópera cómica que a la soprano rusa le queda que ni pintiparada, una pieza que pareciera escrita para ella. Netrebko se mueve con soltura, gracia, sensualidad y talento histriónico, sobre el escenario del MET Nueva York, que hace unos días abrió su temporada 2012-2013.

La función que tuvimos oportunidad de ver este fin de semana fue una puesta en escena bien cuidada, divertida, vistosa, en transmisión HD en vivo al Auditorio Nacional de la ciudad de México.

La Netrebko es la heroína de esta ópera en dos actos de Gaetano Donizetti (1797-1848). Su papel lo siente, lo ha asimilado previamente en su corazón. Al salir al escenario, su belleza resplandece, su voz crece y nos brinda una de la mejores Adinas de que tengamos memoria.

La soprano acaba de entrar a la edad de los 40 y ya muestra una madurez admirable en su trabajo. Su voz suena más oscura, con más cuerpo y riqueza de matices. Ha adquirido una gran seguridad en lo que hace, lo que le permite plantarse en el escenario con señorío y don de gente.

ADEMÁS DE LA SOPRANO

En la historia que se cuenta, Adina es una propietaria de tierras, mujer poderosa, segura de sí misma, de carácter firme, que está en edad de casarse.

El antagonista de Adina es Nemorino, un personaje rústico, de buen corazón, y que en esta versión del productor Bartlett Sher no adopta las poses de un personaje tonto –y hasta estúpido, como tradicionalmente una visión aristocrática de lo social suele representar a los hombres del campo-, sino más bien de un campesino simpático, despierto aunque de corazón ingenuo.

Nemorino es interpretado por el tenor estadounidense, Matthew Polenzani. Un cantante de voz potente, brillante y de buen manejo de su instrumento vocal, a quien las arias y duetos cómicos le salen admirablemente bien. Matthew tiene una sólida línea de canto; sin embargo, desde que acomete las primeras notas de Una furtiva lágrima , de las más famosas arias en la historia de la ópera, el resultado no es positivo. Buena técnica pero con sentimientos escamoteados no es una combinación correcta. Una bolsa de cubitos de hielo emite más calor.

Habría que recordar que la acción dramática se ubica en Italia, tierra de grandes pasiones, de amores rotundos e incandescentes. De este modo, el tenor mexicano, Ramón Vargas, sigue siendo el rey indiscutible de esta aria. Aunque el público neoyorquino le brindó a este Nemorino una gran ovación.

Quien desarrolla una estupenda actuación cómico-dramática y hace crecer a su personaje hasta grados de excelsitud es el barítono italiano Ambrogio Maestri. Otro a quien el papel le quedó como traje a la medida. Qué manera de desempeñar el papel del embaucador viajero, el comerciante del elixir de amor, Dulcamara. Su canto es preciso, agradable, potente, simpático, sin errores.

El otro cantante que tampoco se queda atrás es el barítono polaco Mariusz Kwiecien, quien interpreta al sargento Belcore, rival en amores de Nemorino. Su línea de canto es sólida, tiene buen manejo del instrumento, y es buen actor. Aunque si de buena actuación se trata tendremos que volver los ojos a Anna Netrebko, que en este sentido ha crecido mucho. En fin, fue un elenco balanceado y de mucha calidad.

El público terminó encantado y brindó aplausos prolongados y de pie en el MET de Nueva York. Aunque también los escuchamos en el Auditorio Nacional. Quien se llevó el aplausómetro de la noche fue Anna Netrebko, pero seguida de cerca por Matthew Polenzani, Nemorino.

Buena idea de Peter Gelb abrir con una ópera de estas características, ligera, divertida, y con una soprano que jala mucho público.

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