David Byrne llegó al Teatro Metropólitan de la Ciudad de México con uno de los shows más complejos desde la gira del Stop Making Sense en 1982.

Acompañado por 11 músicos que a momentos se convierten en bailarines y parte de la escenografía, Byrne invocó algunas de sus composiciones más memorables en los Talking Heads y nos llevó por un recorrido a través de su carrera como solista, incluyendo sus múltiples colaboraciones con artistas como St. Vincent, Fatboy Slim y Brian Eno. Sus vínculos a la coreógrafa estadounidense Twyla Tharp también se hicieron presente durante la primera presentación de la gira American Utopia en su paso por México, dónde también desembarcará en Monterrey y Guadalajara. Byrne integra el teatro, la danza contemporánea y el rock en un mismo escenario. Esto no es un musical de Broadway, pero tampoco un concierto en el sentido tradicionalista. Esto es un ritual de júbilo y a la vez un espectáculo que está medido hasta el más mínimo detalle.   

De la discografía de los Talking Heads, una de las bandas más representativas de Nueva York de finales de los años setenta, Byrne nos llevó a través de los ritmos africanos del Fear of Music o Remain In Light hasta los paisajes del Speaking In Tongues y sus melodías naive. Los presentes aullaron y se entregaron como si estuvieran en un ritual religioso en espera de una catarsis colectiva que culminó en la magistral “Once In a Lifetime”.

El show de David Byrne no rechaza la nostalgia, pero no se queda anclada en aquel lugar cómodo y le exige al espectador a mantenerse en constante movimiento hacia adelante. Los arreglos de su más reciente álbum American Utopia nos demuestran que David Byrne sigue teniendo cosas que decir y nos quiere seguir sumergiendo en su visión tan particular del mundo. A momentos parece que no hemos cambiado mucho y que seguimos anclados a todas aquellas canciones sobre comida y edificios.

Ahí estábamos en un Teatro en el centro de alguna ciudad. Y ahí nos preguntamos en medio de esa ceremonia musical: ¿Cómo llegamos hasta aquí?

antonio.becerril@eleconomista.mx