Perversión, terror, miedo a lo cotidiano y a lo más cercano son los ingredientes de los cuentos de Samanta Schweblin, autora de Siete casas vacías (Páginas de espuma), libro de cuentos ganador del IV Premio Internacional de Narrativa Ribera del Duero.

Los relatos van desde las obsesiones de una mujer por las casas de los millonarios, pasando por una niña a merced de un pedófilo, a un rompimiento amoroso, todos con la potencia necesaria para volarle la cabeza al lector.

En entrevista, Schweblin habló sobre la etiqueta que le ha puesto la crítica de ser la mejor cuentista de su generación en Argentina , del miedo, de su visión del mundo y de lo salvaje que puede ser lo que existe a la vuelta de la esquina.

¿Qué piensas cuando escuchas a la crítica decir que eres la mejor cuentista de tu generación?

No me asusta, digo, es un compromiso importante, pero es un título de otros, no es mío. Inquieta, claro. Pero cuando llega la hora de sentarse a escribir una historia nueva, todos esos miedos y compromisos se olvidan, lo que realmente importa es la historia.

Eres un poco perversa en tus cuentos.

Por supuesto (risas). Me muevo entre la cornisa de lo cotidiano y lo desconocido, que no es el mundo fantástico del que tanto se habla. Es abordar un poco sobre lo que pasa en ese abismo que no conocemos tanto, pero que sabemos está ahí.

El terror en tus cuentos viene del mundo real.

Sí, porque es cuando puede ser aun más terrorífico, escuchas a Frankenstein y sabes que es muy lejano, que no existe (...), pero sí, el miedo lo tienes cerca, entiendes que puede pasar y se vuelve más amenazante.

Algunos de tus cuentos quedan abiertos a la imaginación del lector.

Sí, cuento con la perversidad de él, sin ella no funcionaría. Todo lo espantoso lo está diciendo el lector en la oscuridad y por las pistas que le va dando el texto; pero en realidad en las páginas no existe nada así, es él y yo como escritora que lo provocamos.

Pero en medio de todo el horror hay ternura también.

Para mí, un libro me tiene que cuidar, acompañar y convencer hasta que me sorprende de que algo está pasando; tiene que parecerse al mundo que vivimos y éste tiene un poco de ternura, de crueldad y un poco de espanto.

Eliges el mundo oscuro y no luminoso en tus cuentos.

Es que no existe el lado luminoso en la literatura. Una historia siempre empieza cuando algo nuevo y desconocido pasa y una historia no sobrevive ni sale con éxito de un embrollo donde no pasa nada y todo el mundo es feliz.

Particularmente, me llamó la atención el cuento Nada de todo esto .

Hay un poco de mi en los cuentos; sobre todo en ése, cuando era chica y veraneaba con mis padres, nos subíamos al auto a mirar casas y yo no entendía qué pasaba, pero se me hacía extraño. Algunas de las cosas que viví en la infancia son mi disparador para escribir.

¿Te gustaría escribir de otros temas?

Los cuentos son mi género preferido. Me gusta escribir acerca de lo que no conocemos, de lo que nos asusta y de lo que nos da miedo (...) eso es el núcleo de cualquier historia.

¿Quién es?

Samanta Schweblin nació en Buenos Aires, en 1978. Su primer libro, El núcleo del disturbio (2002), obtuvo los premios del Fondo Nacional de las Artes y el Concurso Nacional Haroldo Conti.

En el 2008, le otorgan el premio Casa de las Américas por su libro de cuentos Pájaros en la boca (2009), traducido a 13 lenguas y publicado en 20 países.

En el 2012 obtuvo el premio francés Juan Rulfo de cuento y en el 2014 publicó su primera novela, Distancia de rescate. Ha obtenido becas de residencias de escritura en México, Italia, China y Alemania.

Actualmente reside en Berlín, donde escribe y dicta talleres literarios en español.

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