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Ave o demonio, pero profeta siempre
Edgar Allan Poe, de temperamento melancólico, gusto artístico e infancia infeliz en algún momento se dio cuenta que la poesía era la respuesta de su urgencia literaria natural e incontenible.

Muchos escritores, especialmente los poetas, prefieren dejar creer a la gente que escriben gracias a una especie de sutil frenesí o de intuición extática y experimentarían verdaderos escalofríos si tuvieran que permitir al público echar una ojeada tras el telón, para contemplar los trabajosos y vacilantes embriones de pensamientos . E. A. Poe
Nunca buscó provocar el miedo. No pensaba en hacer hablar a los muertos. Pensaba en escribir, saciar su sed de una belleza suprema, hallar el método, los secretos de la composición literaria y sí. Quizá también escandalizar un poco. Para él el terror no era espanto sino una suerte de temblorosa delicia. Su nombre, que nunca atestiguó se iba a convertir en el nombre dos tabernas en Boston y, un hito de la literatura mundial era Edgar Allan Poe.
De temperamento melancólico, gusto artístico e infancia infeliz en algún momento se dio cuenta que la poesía era la respuesta de su urgencia literaria natural e incontenible. Por eso antes de los gatos negros, el tonel de amantillado y los dientes perfectos de Berenice, Poe escribió un poema. Después otro y muchos más.
En 1845 publicó el más famoso. El cuervo . Por primera vez fue reconocido por la crítica, su fama trascendió las fronteras y aunque no obtuvo ningún beneficio monetario, se reconoció como creador y, como mirándose en un espejo, describió de sí mismo la forma en la que había escrito. Su método. Su filosofía de autor.
En su texto, titulado llanamente La filosofía de la composición, dice primero que le parecería muy interesante que existiera un texto donde un autor describiera paso a paso la marcha progresiva de la elaboración de cualquiera de sus obras y luego afirma: Me sería imposible explicar por qué no se ha ofrecido nunca al público un trabajo semejante; pero quizá la vanidad de los autores haya sido la causa más poderosa que justifique esa laguna literaria. Muchos escritores, especialmente los poetas, prefieren dejar creer a la gente que escriben gracias a una especie de sutil frenesí o de intuición extática y experimentarían verdaderos escalofríos si tuvieran que permitir al público echar una ojeada tras el telón, para contemplar los trabajosos y vacilantes embriones de pensamientos .
Después, él mismo se anima y emprende la confesión. Increíble y gratamente de cómo compuso El cuervo , la máxima pieza de su obra poética. La primera consideración, afirma, debe ser la del efecto que se pretende causar. La segunda un tema novelesco y, a continuación, un vigoroso efecto que producir, que bien podría ser a través de una palabra. Allan Poe la encuentra, sabe que debe repetirse continuamente y, casi por eso, que no debe de ser referida por ningún ser humano, a riesgo de caer en la estulticia.
Poe, al respecto, escribe: Surgió entonces la posibilidad de una criatura no razonable y, sin embargo, dotada de palabra: como lógico, lo primero que pensé fue un loro; sin embargo, éste fue reemplazado al punto por un cuervo, que también está dotado de palabra y además resulta infinitamente más acorde con el tono deseado en el poema. Así, pues, había llegado por fin a la concepción de un cuervo. ¡El cuervo, ave de mal agüero!, repitiendo obstinadamente la palabra nevermore (nunca más) al final de cada estancia en un poema de tono melancólico y una extensión de unos cien versos aproximadamente.
Entonces, sin perder de vista el superlativo o la perfección en todos los puntos, me pregunté: entre todos los temas melancólicos, ¿cuál lo es más, según lo entiende universalmente la humanidad? Respuesta inevitable: ¡la muerte! Y, ¿cuándo ese asunto, el más triste de todos, resulta ser también el más poético? Según lo ya explicado con bastante amplitud, la respuesta puede colegirse fácilmente: cuando se alíe íntimamente con la belleza. Luego la muerte de una mujer hermosa es, sin disputa de ninguna clase, el tema más poético del mundo; y queda igualmente fuera de duda que la boca más apta para desarrollar el tema es precisamente la del amante privado de su tesoro.
Y así, como si todo fuera como eso, Edgar Allan Poe comparte el secreto de este texto fundamental en la lírica universal.
Por nada y por todo, justo en estos momentos, El Colegio Nacional también celebró la creación literaria de Edgar Allan Poe. Apenas hace tres días presentó el libro El cuervo: Le Corbeau, Edgar Allan Poe, The Raven, (con las versiones en inglés, francés y español del poema), un facsímil del soneto de Mallarmé, La tumba de Edgar Allan Poe, con traducción de Jorge Cuesta y el texto original de The Philosophy of Composition (La filosofía de la composición), con traducción de Salvador Elizondo. Y nada más. Como si fuera poco.