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México pone límites a las redes sociales: ¿qué dice la ciencia sobre su impacto en el bienestar?
Mientras México avanza en la regulación de plataformas digitales y restringe el uso de celulares en las escuelas, el Informe Mundial de la Felicidad 2026 advierte que el impacto de las redes sociales en los jóvenes depende tanto del tiempo de uso como del tipo de contenido que consumen.
Ilustración EE
México ha comenzado a establecer nuevas reglas para el uso de dispositivos digitales y redes sociales entre niñas, niños y adolescentes. Las medidas buscan reducir riesgos asociados con la exposición a contenidos nocivos, el ciberacoso y el uso excesivo de la tecnología, en medio de un debate internacional sobre sus efectos en la salud mental y el bienestar.
La discusión coincide con los hallazgos del World Happiness Report 2026 (Informe Mundial de la Felicidad), elaborado por el Centro de Investigación sobre el Bienestar de la Universidad de Oxford, en colaboración con Gallup y otras instituciones, que se dedicó en la edición de este año a examinar la relación entre las redes sociales y la felicidad.
El documento señala que los jóvenes que pasan demasiado tiempo en estas plataformas pueden presentar menores niveles de satisfacción con la vida. Sin embargo, también introduce un matiz importante: no todas las redes sociales tienen el mismo efecto ni su uso se relaciona de igual manera con el bienestar en todas las regiones del mundo.
En América Latina, por ejemplo, las plataformas que favorecen la comunicación y las relaciones personales muestran asociaciones más positivas con la felicidad que aquellas centradas en contenidos seleccionados por algoritmos y publicaciones de influencers.
Estos resultados abren una pregunta en el contexto de las nuevas disposiciones mexicanas: ¿reducir el acceso a redes sociales es suficiente para mejorar el bienestar de los menores?
¿Qué dice el Informe Mundial de la Felicidad sobre las redes sociales?
El World Happiness Report 2026, publicado en marzo, analizó investigaciones internacionales sobre el uso de internet, las redes sociales y la satisfacción con la vida, con especial atención a la población adolescente.
Uno de sus principales hallazgos proviene de datos del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA), que incluyen información sobre jóvenes de 15 años en 47 países.
El análisis encontró que quienes utilizan redes sociales durante más de siete horas al día reportan niveles de bienestar considerablemente menores que aquellos que las utilizan menos de una hora.
La diferencia es particularmente marcada entre las adolescentes de Europa occidental, donde se acerca a un punto en una escala de satisfacción con la vida de cero a diez. Entre los varones de esa región, la diferencia es de aproximadamente medio punto.
No obstante, el informe advierte que estas relaciones varían entre países y que el uso de redes sociales no explica por sí solo el deterioro del bienestar juvenil observado en algunas regiones.
De hecho, mientras en Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y Europa occidental se han registrado retrocesos importantes en el bienestar de los jóvenes, otras regiones presentan tendencias distintas, pese a que el uso de redes sociales también está ampliamente extendido.
En América Latina, el tipo de red social importa
Uno de los hallazgos más relevantes para México es que la relación entre redes sociales y felicidad no depende únicamente de cuántas horas pasan conectados los usuarios, sino también de lo que hacen durante ese tiempo.
El informe distingue entre actividades digitales relacionadas con la comunicación, el aprendizaje, la consulta de noticias y la creación de contenidos, que muestran asociaciones más favorables con la satisfacción vital, y otras como el consumo recreativo de redes sociales, los videojuegos y la navegación por entretenimiento, que presentan asociaciones menos favorables cuando su uso es elevado.
En América Latina, los datos muestran que las plataformas diseñadas principalmente para facilitar la comunicación y fortalecer los vínculos sociales se relacionan positivamente con el bienestar.
En contraste, aquellas que priorizan contenidos seleccionados mediante algoritmos, imágenes y publicaciones de influencers tienden a mostrar asociaciones negativas con la satisfacción con la vida cuando se utilizan intensivamente.
La diferencia resulta relevante porque sugiere que el problema no necesariamente está en conectarse a internet, sino en las dinámicas de consumo digital, la exposición constante a determinados contenidos y el desplazamiento de otras actividades.
Los investigadores también destacan la importancia del sentido de pertenencia escolar. En el conjunto de países analizados, su asociación con la satisfacción vital es considerablemente mayor que la observada con el tiempo dedicado a redes sociales.
Es decir, las relaciones personales y la integración en la comunidad escolar son factores que también deben considerarse al diseñar políticas dirigidas a mejorar el bienestar de los adolescentes.
México restringe los celulares en las escuelas
En México, una de las primeras medidas de alcance nacional se formalizó el 22 de septiembre de 2026, cuando la Secretaría de Educación Pública (SEP) publicó en el Diario Oficial de la Federación unacuerdo que establece condiciones para el uso responsable y seguro de dispositivos digitales personales en las escuelas públicas y particulares.
La disposición restringe el uso de teléfonos celulares, dispositivos inteligentes y otros equipos electrónicos personales durante toda la jornada escolar en educación inicial, preescolar, primaria y secundaria.
Existen excepciones para actividades educativas previamente programadas, emergencias, necesidades de salud, discapacidad, accesibilidad e inclusión.
En el nivel medio superior, las escuelas deben acordar con sus comunidades educativas las condiciones para limitar el uso no pedagógico de estos dispositivos. Para la educación superior, el acuerdo promueve su utilización responsable, respetando la autonomía de las instituciones.
La decisión estuvo precedida por una consulta nacional realizada en agosto, en la que participaron 565,396 figuras educativas.
Entre los resultados destacan que:
-El 79.7% identificó dificultades de los estudiantes para mantener la atención.
-El 73.3% observó problemas para regular las emociones o afrontar situaciones de frustración.
-El 53.3% reportó una menor interacción presencial.
-El 38.7% identificó conflictos originados en redes sociales que continuaron o se manifestaron en la escuela.
-El 29% detectó situaciones de ciberacoso o agresiones mediante medios digitales.
-Además, el 81.2% de las personas consultadas respaldó establecer medidas nacionales sobre el uso de dispositivos en las escuelas, mientras que el 95.7% se pronunció a favor de fijar una edad mínima para utilizar redes sociales.
Estos resultados reflejan las preocupaciones de las comunidades educativas, aunque no permiten atribuir directamente todos los problemas de atención, convivencia o regulación emocional al uso de dispositivos.
Nuevas obligaciones para las redes sociales en México
A las medidas escolares se sumó el Decreto de entornos digitales seguros para niñas, niños y adolescentes, publicado por el gobierno federal el 14 de octubre de 2026.
La disposición establece obligaciones para las plataformas digitales que operan en México, incluidas redes sociales, videojuegos y otros servicios que permiten la interacción entre usuarios.
Entre las principales medidas se encuentran la verificación de edad, la activación de configuraciones de privacidad y seguridad desde la creación de las cuentas, la incorporación de herramientas de supervisión parental y la restricción de contenidos que promuevan violencia, acoso, explotación sexual, suicidio, autolesiones o trastornos alimenticios.
Las empresas también deberán evaluar los riesgos asociados con el diseño de sus plataformas y sus sistemas de recomendación, así como adoptar medidas para evitar que los menores reciban contenidos peligrosos mediante algoritmos.
Este último punto conecta con los hallazgos del Informe Mundial de la Felicidad, que identifica diferencias en el bienestar asociado con plataformas orientadas a la comunicación y aquellas que priorizan contenidos algorítmicos.
Sin embargo, el alcance es distinto, ya que, mientras el estudio examina asociaciones entre formas de uso y satisfacción vital, el decreto busca prevenir la exposición a categorías específicas de contenido nocivo.
Las plataformas cuentan con 30 días naturales a partir de la entrada en vigor del decreto para documentar e informar las medidas implementadas.
La presidenta Claudia Sheinbaum señaló que la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones dará seguimiento al cumplimiento y que, si las empresas no adoptan las medidas, el gobierno podría impulsar una ley que contemple sanciones. El decreto actual no establece un régimen propio de multas.
¿Limitar las redes sociales puede mejorar el bienestar de los jóvenes?
Aunque existe evidencia que relaciona el uso intensivo de determinadas redes sociales con menores niveles de satisfacción vital, la comunidad científica no ha llegado a una conclusión única sobre qué restricciones producen mejores resultados.
El propio World Happiness Report 2026 presenta distintas perspectivas.
En uno de sus capítulos, los investigadores Jonathan Haidt y Zach Rausch sostienen que existe evidencia suficiente para considerar que las redes sociales pueden provocar daños importantes entre adolescentes, tanto de forma directa, mediante fenómenos como el ciberacoso, como indirecta, a través de posibles afectaciones a la salud mental.
En otro capítulo, dedicado a la traducción de la evidencia científica en políticas públicas, se advierte que distintas organizaciones han llegado a conclusiones y recomendaciones diferentes, incluso al analizar investigaciones similares.
El documento también subraya que las asociaciones entre uso digital y bienestar dependen del contexto social, las características de las plataformas y la manera en que las personas interactúan con ellas.
Por ello, restringir el acceso a contenidos de riesgo puede formar parte de una estrategia de protección, pero no garantiza por sí mismo una mejora en los indicadores de felicidad.
El fortalecimiento de las relaciones personales, la convivencia escolar, la alfabetización digital y el acompañamiento de las familias también forman parte de la discusión.
En México, las nuevas disposiciones representan un cambio en la forma de abordar los riesgos digitales: además de establecer reglas para los estudiantes, trasladan responsabilidades a las empresas que diseñan y administran las plataformas.
El desafío será determinar si estas medidas logran reducir la exposición a contenidos nocivos sin limitar injustificadamente otros derechos, como la privacidad, la libertad de expresión y el acceso a la información.
Por ahora, la evidencia internacional apunta a que, para comprender la relación entre redes sociales y bienestar no basta con medir el tiempo frente a una pantalla; también importa qué contenidos se consumen, cómo se utilizan las plataformas y qué lugar ocupan las relaciones personales fuera de internet.