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“El BCE tendrá que volver a subir las tasas, aunque el alcance del aumento es incierto”
El BCE tendrá que volver a subir las tasas de interés para evitar que la elevada inflación se consolide, y es posible que los mercados estén subestimando lo que se necesita para frenar las presiones sobre los precios, afirmó Peter Kazimir, gobernador del banco central de Eslovaquia.
El Banco Central Europeo (BCE) tendrá que volver a subir las tasas de interés para evitar que la elevada inflación se consolide, y es posible que los mercados estén subestimando lo que se necesita para frenar las presiones sobre los precios, afirmó Peter Kazimir, gobernador del banco central de Eslovaquia.
El BCE mantuvo las tasas sin cambios la semana pasada pero, desde entonces, varios responsables políticos han defendido que se sumen nuevos incrementos a los dos ya aplicados por el BCE cuanto antes, dados los altísimos costos de la energía que, según argumentan, acabarán provocando efectos de segunda ronda.
“Para mí, la cuestión ya no es tanto si serán necesarias nuevas medidas, sino cuánto más se necesitará”, dijo Kazimir, una de las voces más halcones del Consejo de Gobierno, compuesto por 27 miembros.
“Es posible que los mercados sigan subestimando lo que se necesita. La cuestión no es una sola reunión o medida, sino la trayectoria necesaria para que la inflación vuelva al objetivo y se mantenga en él”, añadió.
Los mercados financieros prevén ahora entre dos y tres alzas de tasas por parte del BCE durante el próximo año, antes de una lenta retirada, ya que los indicadores de inflación basados en el mercado sugieren que el crecimiento de los precios se situará muy por encima del objetivo de 2.0% del BCE durante los próximos años.
El BCE mantuvo los réditos sin cambios el pasado jueves, partiendo de la premisa de que los efectos de segunda ronda sobre la inflación aún no se han materializado, el crecimiento salarial es moderado y es probable que el crecimiento económico se vea afectado por el aumento de los costos de financiamiento a largo plazo.
Sin embargo, Kazimir señaló que estos datos no son necesariamente tan tranquilizadores como algunos piensan.
Afirmó que las presiones sobre los costos podrían acumularse antes de que las empresas las repercutan y que las expectativas podrían cambiar antes de que las presiones generalizadas sobre los precios se reflejen en los datos.
“Esperar a tener certezas no es necesariamente sinónimo de una buena política”, afirmó.
Esto también significa que la desaceleración del crecimiento no debilita necesariamente la inflación, ya que las presiones sobre los costos llevan meses acumulándose, señaló Kazimir.
Además, el crecimiento es relativamente sólido porque los presupuestos públicos están amortiguando la economía y la falta de prudencia fiscal también puede mantener altas las presiones sobre los precios, añadió.
“La pausa de la semana pasada no fue la línea de meta (…) Debemos actuar antes de que la elevada inflación empiece a parecer algo normal”, señaló Kazimir.
Pronostican alza de tasas por parte del BoE
Por otra parte, se espera que el Banco de Inglaterra (BoE, por su sigla en inglés) ceda a la presión inflacionaria derivada del aumento vertiginoso de los costos energéticos y suba las tasas de interés este jueves, aunque podría contradecir las previsiones de los inversionistas, que apuestan por varios incrementos más el año que viene.
Los economistas encuestados por Reuters prevén que el BoE subirá la tasa de interés oficial de 3.75 a 4.0%, su primer incremento desde agosto del 2023, cuando la inflación aún triplicaba con creces su objetivo de 2.0 por ciento.
El BoE fue criticado por subestimar la persistencia de la inflación la última vez que se dispararon los costos energéticos, y ahora se muestra cauteloso ante la posibilidad de volver a verse sorprendido, dado que los precios mundiales de la energía se mantienen altos y hay pocos indicios de que la guerra de Irán vaya a terminar de forma duradera.
En aquella ocasión, el BoE fue uno de los primeros bancos centrales importantes en subir las tasas de interés. Esta vez, la Reserva Federal y el Banco Central Europeo han dado el primer paso.
Obligado a actuar
Andrew Bailey, gobernador del BoE, ha afirmado que el banco central no puede esperar a tener pruebas concluyentes de los efectos de segunda ronda (en los que el aumento de la inflación repercute en la fijación de salarios y precios) ya que, de lo contrario, actuará demasiado tarde.
Sin embargo, la cuestión de cuántas pruebas son suficientes y de si la prolongada guerra con Irán hace que algunos efectos de segunda ronda sean inevitables ha dividido al Comité de Política Monetaria, que votó por seis a tres a favor de mantener los réditos sin cambios en septiembre.
Bailey afirmó el mes pasado que las empresas con las que había hablado parecían estar absorbiendo el aumento de los costos más que en el 2022.
En septiembre, el BoE advirtió que la inflación superaría 4.0% a principios del año que viene y señaló que el repunte de los precios de la energía desde sus previsiones de julio presentaba similitudes con su escenario “adverso”, en el que la inflación corría el riesgo de afianzarse.
Desde entonces, la inflación se ha disparado más de lo que esperaba el BoE. Los precios al consumo subieron 3.5% en el año hasta septiembre, frente a la previsión de 3.0% que había hecho el banco central en julio.
“En otras palabras, se ven cada vez más obligados a actuar, les guste o no”, dijo Stefan Koopman, estratega macroeconómico sénior de Rabobank.
La encuesta de Reuters apunta a un resultado de siete a dos a favor de un alza en las tasas.
El BCE mantuvo las tasas sin cambios la semana pasada pero; varios responsables políticos han defendido que se sumen nuevas alzas a las dos ya aplicadas.