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Política

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Javier Guzmán: “neoliberal” se usa para descalificar, no para definir una corriente económica

El exsubgobernador del Banco de México señala que si se va a criticar a una corriente de pensamiento económico, que sea por lo que es, no por lo que se le ha atribuido por ignorancia o con la intención de desprestigiar.

Foto: Especial

Por ignorancia o con el propósito de manipular, intelectuales y políticos califican como neoliberales a otros intelectuales y políticos que no necesariamente lo son, plantea el exsubgobernador del Banco de México, Javier Guzmán Calafell.

En entrevista con motivo de la publicación de su libro “Los Mitos del neoliberalismo”, editado por Ariel, considera que, si se va a criticar a una corriente de pensamiento, sebe hacerse por lo que realmente plantea, no por lo que se le ha atribuido.

De acuerdo con el reconocido economista, en México, particularmente a partir de 2018, el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador construyó una narrativa cuyo objetivo era erradicar el enfoque neoliberal de las decisiones económicas del país.

A su juicio, esa narrativa continúa en el gobierno actual y el término “neoliberal” se utiliza como una etiqueta para descalificar a integrantes o simpatizantes de la oposición.

En este libro, Guzmán Calafell recurre a la historia para rastrear los orígenes del neoliberalismo, los planteamientos de sus principales impulsores y sus diferencias y similitudes con otras corrientes liberales.

¿Qué es el neoliberalismo?

Como explica en la introducción del libro, el neoliberalismo tuvo uno de sus principales puntos de partida en el Coloquio Lippmann celebrado en París, en 1938.

El encuentro buscó reformular el liberalismo clásico de los siglos XVIII y XIX, ante el avance de movimientos totalitarios y estatistas y el desprestigio que enfrentaban las ideas liberales.

Uno de los puntos de partida, explica Guzmán Calafell era la convicción de que el sistema de precios y mercados libres debían constituir la base del desarrollo económico y social.

Sin embargo, “probablemente para sorpresa de muchos” —apunta—, reconocían que los mecanismos del mercado tienen límites que hacen necesaria la presencia de un Estado (y) fuerte, que permita compensar estas deficiencias, entre ellas la formación de monopolios.

Sin embargo, “probablemente para sorpresa de muchos”, apunta, también reconocían los límites de los mecanismos de mercado y la necesidad de un Estado fuerte, capaz de corregir sus fallas, entre ellas la formación de monopolios.

Además, consideraban que el Estado debía compensar a los segmentos de la población que se vean afectados por el funcionamiento del mecanismo de precios.

También sostenían que las prioridades del gobierno debían definirse mediante regímenes democráticos.

¿Cuáles son los mitos sobre el neoliberalismo?

A juicio de Guzmán Calafell, por ignorancia o con la intención de desprestigiar o manipular, se han construido mitos sobre lo que supuestamente representa el neoliberalismo.

Entre ellos, señala, están que el neoliberalismo profesa una fe ciega en la operación de los mercados; considera al Estado una amenaza a la libertad; rechaza las políticas sociales y la redistribución del ingreso, y prescinde de reglas de conducta moral.

¿En México realmente hubo un periodo neoliberal?

En México se ha señalado reiteradamente que entre 1982 y 2018 hubo gobiernos neoliberales y que sus políticas fueron responsables de diversos problemas económicos que persisten en la actualidad.

Al respecto, el académico piensa que si bien los programas de gobierno aplicados en ese periodo tuvieron rasgos liberales, “yo no diría que fueron neoliberales”.

de Dice que, si bien en ningún lado se van a encontrar programas completamente apegados a una ideología, si se analizan cada uno de los programas implementados durante la época en cuestión, con base en los planteamientos neoliberales, aparecen diferencias importantes y la ausencia de elementos centrales de esa corriente.

El economista destaca que algo similar ha ocurrido durante décadas entre intelectuales y ha llegado a grado tal que hay destacados economistas que han sido etiquetados de neoliberales cuando ellos mismos no se asumen como tales.

Incluso ha pasado lo mismo con programas internacionales o planes económicos implementados en diferentes países.

¿El Consenso de Washington es neoliberal?

Pone como ejemplo el llamado Consenso de Washington, que surgió en los años ochenta del siglo pasado, como parte de un esfuerzo para responder a las críticas de que las economías latinoamericanas no estaban haciendo lo suficiente para superar la crisis de endeudamiento externo que las afectó durante la mayor parte de esa década.

El autor sostiene que término Consenso de Washington, terminó adquiriendo una connotación negativa y convirtiéndose en sinónimo de políticas económicas desacreditadas

Asegura que no debe considerarse neoliberal, entre otras cosas, porque no asume una posición sobre el tema de la democracia; no toca el asunto de los monopolios; no expresa preocupación por aspectos sociales y omite considerar los retos relacionados con la distribución del ingreso.

En el libro analiza las políticas públicas implementadas por Margaret Thatcher en el Reino Unido; por Ronald Reagan en Estados Unidos y por Javier Milei en Argentina, además del caso chileno de las décadas de 1970 y 1980.

Es necesario hacer ajustes en la política económica actual, indica

Al abordar la situación económica actual, se le planteó que más allá de la discusión sobre el neoliberalismo, México enfrenta el reto de elevar el crecimiento económico y mejorar la distribución del ingreso.

Guzmán Calafell señala que tras ocho años de gobiernos que se han definido en oposición al neoliberalismo, la economía mexicana no crece al ritmo requerido y enfrenta diversas vulnerabilidades.

A su juicio México necesita ajustes de fondo en su estrategia económica.

De entrada, es necesario atacar las vulnerabilidades de las finanzas públicas.

Entre las prioridades menciona reducir las vulnerabilidades de las finanzas públicas y revisar la composición del gasto para generar mejores condiciones para la inversión privada.

En ese sentido, enfatiza que es correcto destinar una parte importante del presupuesto al gasto social; advierte, sin embargo, que no está totalmente financiado y que, sin ajustes, podría dificultarse la sostenibilidad.

También cuestiona el diseño de las transferencias monetarias directas que no están condicionadas al cumplimiento de determinados requisitos.

Asimismo, opina que se debe revisar la política de transferencias a Pemex, empresa que, a su juicio, opera alejada de criterios de mercado.

Subraya que México necesita elevar su productividad mediante el desarrollo tecnológico, una mejor regulación y la reducción de la informalidad.

También plantea la necesidad de desarrollar un sistema nacional de cuidados que facilite una mayor incorporación de las mujeres al mercado laboral. Señala que las tareas de cuidados continúan recayendo desproporcionadamente sobre ellas y considera necesario avanzar hacia una distribución más equitativa de esas responsabilidades entre hombres y mujeres.

El economista apunta igualmente necesario mejorar las condiciones de seguridad seguridad para las personas y las empresas, combatir la corrupción y fortalecer el Estado de derecho. En ese contexto, plantea evaluar los cambios realizados al poder Judicial.

Para realizar estos ajustes, lo mejor es alejarse de las etiquetas ideológicas, recalca.

Periodista mexicano, originario de Amealco, Hidalgo. Editor del suplemento Los Políticos de El Economista. Estudié Sociología Política en la Universidad Autónoma Metropolitana. En tres ocasiones he ganado el Premio Nacional de Periodismo La Pluma de Plata que entrega el gobierno federal. También fui reconocido con el Premio Canadá a Voces que otorga la Comisión Canadiense de Turismo, así como otros que otorgan los gobiernos de Estados Unidos y Perú.

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