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Voy viviendo ya de tus mentiras
Opinión
Las coyunturas políticas, como la reforma electoral, o referidas a otros acontecimientos públicos, como el Mundial de Futbol, nos devoran y luego se pierden. Atrás se van quedando asuntos relevantes que parecían presagiar cambios mayores y que simplemente se archivaron sin mayor reclamo.
Hace un año, el colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco, conformado por familiares de desaparecidos, ingresó al Rancho Izaguirre en el municipio de Teuchitlán, Jalisco, y descubrió unos “crematorios clandestinos”, junto con cientos de zapatos, ropas y otros objetos que podrían haber pertenecido a víctimas del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). El horror de la descripción dio paso a un escándalo mundial y a la indignación de millones de personas en México.
Las siguientes semanas, las autoridades llevaron a cabo un control de daños vergonzoso, en donde la discusión no era si la sola existencia de un lugar así significaba el fracaso de la estrategia de combate al crimen organizado, sino si había un “crematorio clandestino”. Las autoridades llegaron a la conclusión de que “solo” se trataba de un campo de entrenamiento del crimen organizado (CO).
A un año de distancia, no hay una conclusión que pueda ser creíble y los familiares de las personas desaparecidas siguen aguardando que los dejen ver los objetos encontrados, mismos que llevan un año siendo procesados, para determinar si pertenecen a sus ausentes.
En este mismo camino, las desapariciones de personas siguen sin que el gobierno federal atine a frenarlas o siquiera medirlas. De nuevo, la narrativa oficial se consuela asegurando que ya no ocurren a manos del Estado sino a causa del crimen organizado, también responsabilidad del gobierno. Según la Comisión Nacional de Búsqueda (CNB) hasta junio del año pasado había más de 129 mil personas desaparecidas y no localizadas, más las que se hayan acumulado hasta ahora.
Cada vez que se le pregunta a la presidenta Sheinbaum promete dar un informe algún día. Por cierto, la mayor parte de las desapariciones ocurrieron en los últimos siete años, justo los que lleva en el mando la cuarta transformación. Las organizaciones de búsqueda tienen elementos para suponer que las desapariciones se están subregistrando y que se prepara una operación de maquillaje de cifras desde el gobierno.
A propósito de maquillajes, las cifras de homicidio doloso también están pasando por este macabro salón de belleza. Se presumen disminuciones impresionantes en este delito, pero las razones no están claras. Recientemente, el diario Animal Político, apoyado en otras publicaciones y organizaciones civiles, mostró cómo disminuyen los registros de homicidios dolosos mientras suben misteriosamente otros rubros como: suicidios, muertes indeterminadas o las desapariciones. Cuerpo que no es hallado no es contabilizado.
Esto permite que en las mañaneras se dé una falsa sensación de seguridad; todo tiende a mejorar, nos dicen, aunque no sabemos a ciencia cierta lo que es verdad o no. El gobierno miente y la mayoría de los ciudadanos lo sabe, pero también finge que todo está bien. Una obra de teatro escrita por un loco, “lleno de furia y ruido”.
Pero la lluvia de coyunturas sigue: un día es Trump y sus aranceles, otro día es la guerra en el Medio Oriente, al siguiente es la posibilidad de una mayor inflación o una intervención desde Estados Unidos. El bombardeo es despiadado sobre el ciudadano promedio que, en general, se ve rebasado por la cantidad de información y confundido por la (mala) calidad de esta. ¿Qué creer? ¿A quién creerle?
Finalmente, hay un rechazo a todo esto, puede ser que este rechazo se haga de manera consiente (“ya no veré más noticias”) o simplemente la reacción, la capacidad de indignación, se adormezca. En este terreno, quien se comporte con indiferencia se ha vuelto un excelente ciudadano para un régimen que se dice democrático, pero cada día lo es menos; un ciudadano ejemplar para un sistema que está perdiendo la capacidad de cambiar para mejorar.
En ese escenario que es la vida pública mexicana y mundial las coyunturas se atropellan, lo terrible de ayer es sustituido por lo terrible de hoy, las cifras parecen alucinantes o increíbles, los comportamientos de políticos o personajes públicos parecen cínicos o indiferentes, pero todo este circo de coyunturas políticas, bélicas, económicas no nos están dejando ver el fondo del escenario.
Allá en el fondo se están llevando a cabo los cambios fundamentales: se desmontan las instituciones, se aprueban leyes incompletas y arbitrarias, los espacios de verdadera decisión para la ciudadanía se van extinguiendo. Mientras algunos intelectuales hablan de la posibilidad de perder la democracia, hace rato que está muerta, pero, como en otros casos, su cuerpo ha desaparecido.