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Treinta y cinco días frente a quirófano
Éctor Jaime Ramírez Barba | Columna Invitada
"El caso de Mario Alberto, el Segundo Informe y la prueba presupuestal de 2027"
El 6 de septiembre, un vendedor de 40 años llamado Mario Alberto Contreras Bueno escribió una carta que empieza así: "Por medio de la presente deseo dejar formalmente asentada mi experiencia como paciente del Instituto Nacional de Cardiología Ignacio Chávez, no con la intención de solicitar actualmente que dicha institución resuelva mi situación médica, sino con el propósito de dejar un antecedente." No pide privilegios. No acusa a nadie por su nombre. Pide, únicamente, que quede constancia.
Mario llegó al Hospital General de Culiacán en julio pasado con fatiga, falta de aire al esfuerzo y una respiración cada vez más corta al recostarse. Los estudios encontraron algo grave: un pseudoaneurisma —una especie de bolsa de sangre mal contenida— originado en un seno de la válvula aórtica, que se había abierto paso hacia el ventrículo izquierdo del corazón a través de una fístula, con daño asociado a la propia válvula aórtica. Ingresó al Instituto Nacional de Cardiología "Dr. Ignacio Chávez" el 1 de agosto para continuar con el diagnóstico y definir la cirugía. Los especialistas lo revisaron en junta médico-quirúrgica y aceptaron operarlo: reparación del pseudoaneurisma con parche y, en el propio quirófano, decidir si la válvula podía conservarse o debía sustituirse. Es una cirugía de alta especialidad, del tipo que solo puede resolverse en un centro como el "Ignacio Chávez".
La fecha nunca llegó. Según consta en su propia carta y en el resumen clínico del Instituto, la intervención no pudo realizarse por falta de los insumos necesarios. Pasaron 35 días. Mario, con un aneurisma roto dentro del corazón, sujeto en cualquier momento a disecarse, sangrar más o desencadenar una insuficiencia cardíaca mortal —los propios médicos se lo explicaron con el detalle exigido para un alta voluntaria—, decidió que ya no podía seguir esperando sin una fecha concreta. El 5 de septiembre firmó su salida "a petición expresa y bajo responsabilidad del propio paciente" y regresó a Culiacán para buscar otra vía.
En su carta es explícito: no se responsabiliza de los médicos que lo atendieron. "Muchos profesionales de la salud quieren hacer su trabajo y ayudar a sus pacientes, pero también enfrentan limitaciones que no están en su mano resolver", escribió. Antes de irse, agotó los canales institucionales —Dirección General, Dirección Médica, el Órgano Interno de Control—, además de presentar quejas ante CONAMED y la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, con folios en mano. Ninguno le devolvió una fecha de cirugía.
Lo que sí encontró, de vuelta en Sinaloa, fue un médico dispuesto a hacerse cargo de su caso y, dentro del IMSS-Bienestar, una persona que se movió para conseguirle los materiales que el instituto de mayor renombre del país no pudo proporcionarle. A esa disposición humana le debe, literalmente, seguir con vida. Y de ahí nace su pregunta, la pregunta de fondo: "¿Pero qué pasa con el paciente que no tiene un contacto, un médico que lo apoye, recursos para trasladarse o alguien que pueda ayudarlo a buscar una solución? Ese paciente simplemente puede quedarse esperando."
Mario no es un caso aislado, es la fotografía más reciente de un patrón que los propios institutos han documentado. En abril de 2025, el mismo Instituto Nacional de Cardiología se quedó sin medios de cultivo para detectar infecciones en pacientes que iban a cirugía y tuvo que racionar las pruebas a un solo tipo de muestra; el jefe de Infectología de entonces lo atribuyó a un recorte presupuestal del 6% para ese año. Apenas este 3 de septiembre, un brote de salmonela ligado al comedor subrogado del Hospital General de México "Dr. Eduardo Liceaga" dejó a 41 médicos residentes hospitalizados y expuso, otra vez, la fragilidad de la infraestructura de los hospitales de alta especialidad —la misma nota periodística documentó, en paralelo, desabasto crónico de medicamentos en unidades del IMSS del oriente del país, con el hallazgo inquietante de que algunos de esos fármacos "faltantes" aparecen después en el comercio informal con sellos del sector público.
Los números del propio Presupuesto lo confirman. Para 2026, el gasto en salud equivale a 2,6% del PIB, muy por debajo del 6% que recomienda la Organización Mundial de la Salud. El monto para hospitales e institutos nacionales sube apenas 7,9% frente a 2025, pero eso no alcanza a compensar el recorte previo: comparado con lo efectivamente ejercido en 2024, el sector opera con una reducción real de 26,5%, según cálculos del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP). Dos de los institutos más golpeados son, precisamente, los que atienden las enfermedades más letales: el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición y el Instituto Nacional de Cancerología, con recortes reales de alrededor del 32% y del 33% frente a 2024.
Esos números importan porque el 1 de septiembre, en su Segundo Informe de Gobierno, la presidenta Claudia Sheinbaum aseguró que "ningún hospital que atiende cáncer carece de medicamentos". Un ejercicio de verificación de hechos publicado ese mismo día lo calificó de falso: las autoridades estatales de Jalisco, Veracruz, Puebla, Sonora, Tamaulipas y Campeche habían reconocido el desabasto en 2026. No es la única imprecisión del Informe en materia de salud, pero es la que contradice más directamente lo que le pasó a Mario Contreras: no un hospital cualquiera, sino el instituto de referencia nacional en cardiología, sin insumos para operar a un paciente con indicación quirúrgica aceptada.
Este jueves 8 de septiembre, la Secretaría de Hacienda entrega a la Cámara de Diputados el Paquete Económico 2027. Con la trayectoria de los últimos años —presupuestos que crecen en el papel y se contraen frente a lo realmente ejercido, institutos que compensan con guardias de fin de semana y directores que "aclaran" en corto lo que un jefe de servicio dijo en público— es difícil no anticipar que la austeridad en salud, más que corregirse, se administre. El costo de esa administración no lo pagan las cifras del presupuesto: lo pagan pacientes concretos, con nombre y apellido, que hacen cuentas entre esperar una fecha que no llega y jugarse la vida en el traslado.
Mario Contreras Bueno no pidió que se le tratara distinto a nadie. Pidió, con una claridad que debería avergonzarnos, que su caso "no se convierta en lo que le ocurra a alguien más que quizá no tenga la misma suerte" que él tuvo. Ese es el estándar más bajo posible para un sistema de salud: que no dependa de la suerte. Ojalá, por un lado, el paquete fiscal que se presenta este 8 de septiembre esté a la altura de pedirlo tan poco; y, por el otro, que las autoridades (CDNH, CONAMED) donde se presentó la queja actúen de inmediato, impidiendo con ello que queden discapacitadas o mueran muchas más personas en los hospitales e institutos de alta especialidad.
Referencias
- [1] Contreras Bueno, M. A. (2026, 6 de septiembre). Denuncia ciudadana sobre la atención recibida en el Instituto Nacional de Cardiología Ignacio Chávez [Carta no publicada, en mi poder].
- [2] Instituto Nacional de Cardiología Ignacio Chávez. (2026, 5 de septiembre). Carta informativa: Resumen clínico de egreso [Documento clínico no publicado, en mi poder].
- [3] Presidencia de la República. (2026a, septiembre). Segundo Informe de Gobierno 2025-2026. Gobierno de México. https://bit.ly/4gQxD3J
- [4] Organización Panamericana de la Salud. (s. f.). Financiamiento de los sistemas de salud. Recuperado el 7 de septiembre de 2026, de https://www.paho.org/es/temas/financiamiento-sistemas-salud
- [5] Méndez Méndez, J. S., & Macías Sánchez, A. (2025, 7 de octubre). Gasto en salud para 2026: aumentos en hospitales y medicamentos; recortes en salud mental. Centro de Investigación Económica y Presupuestaria. https://bit.ly/4ymgfuT
- [6] "El Economista" (2026, 3 de sepitembre). Trabajadores denuncian brote de salmonela en el Hospital General de México que afecta a más de 100 residentes. https://bit.ly/46IMoAS
*El autor (www.ectorjaime.mx) es médico especialista en cirugía general, certificado en salud pública, con doctorado en ciencias de la salud y en administración pública. Es legislador y defensor de la salud pública de México, diputado reelecto del grupo parlamentario del PAN en la LXVI Legislatura y presidente del Capítulo de América Latina y el Caribe de la UNITE Parliamentarians Network for Global Health.