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Soft skills: el nuevo capital social
Opinión
En un mercado laboral atravesado por la inteligencia artificial y la automatización, parecería que el dominio técnico es la única garantía de empleabilidad. Sin embargo, la evidencia histórica y reciente apunta en otra dirección: las habilidades blandas no son un complemento, son el verdadero diferenciador de las trayectorias laborales sostenibles.
Desde 1918, un estudio sobre educación en ingeniería publicado por la Fundación Carnegie, y posteriormente retomado por investigaciones académicas de Harvard y Stanford, estimaba que el 85% del éxito profesional se explica por habilidades interpersonales y sociales, mientras que solo el 15% proviene de habilidades técnicas. Más de un siglo después, la proporción puede debatirse, pero la conclusión estructural permanece: el desempeño organizacional depende, en gran medida, de capacidades humanas.
El Future of Jobs Report 2025 del World Economic Forum proyecta que hacia 2030, el 39% de las habilidades actuales cambiarán y que entre las más demandadas destacan el pensamiento analítico, la resiliencia, el liderazgo y el aprendizaje continuo. La vida media de las habilidades técnicas se acorta; las habilidades humanas, en cambio, se acumulan y se transfieren entre industrias.
Persiste, sin embargo, una paradoja. Si sabemos desde hace décadas que las habilidades interpersonales son determinantes para el éxito laboral, la inversión en formación continúa concentrándose mayoritariamente en habilidades técnicas. Esta brecha es estratégica. De acuerdo con una encuesta ejecutiva reciente del World Economic Forum, 54% de los líderes empresariales anticipa que la inteligencia artificial desplazará empleos, pero solo 12% espera que incremente salarios. La ventaja competitiva, entonces, no está únicamente en adoptar tecnología, sino en desarrollar criterio, adaptabilidad y liderazgo en quienes la utilizan.
Por eso hablamos de las soft skills como nuevo capital social. No se trata solo de atributos individuales; son activos económicos que fortalecen la productividad, reducen fricciones organizacionales y sostienen la competitividad en entornos de incertidumbre.
En México, el tema es crítico. Más de 30 millones de jóvenes de 15 a 29 años, según el INEGI, enfrentan mayores niveles de desocupación e informalidad. La transición escuela-trabajo no es solo un reto técnico, sino de integración efectiva al entorno laboral.
En programas de formación para el empleo implementados en 2025 por Generation México, más del 80% de las y los participantes consiguió trabajo en menos de 90 días, aun sin experiencia previa. Las empresas coinciden en que el diferencial está en la responsabilidad, la comunicación y la adaptabilidad: soft skills.
Si aspiramos a mayor competitividad en un entorno de nearshoring y digitalización, el capital humano no puede medirse solo en certificaciones. La ventaja estratégica está en equipos capaces de aprender y decidir en contextos cambiantes.
La pregunta no es si las habilidades blandas importan, sino si las empresas las integrarán como eje de su arquitectura de talento. En la nueva economía, lo técnico habilita la operación pero lo humano habilita la estrategia.