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Regular por mañanera
Opinión
El 2 de agosto, la Ley de Inteligencia Artificial de la Unión Europea entrará en plena aplicación tras dos años de implementación escalonada, con obligaciones exigibles, sanciones y una oficina dedicada a supervisarla. Ese mismo mes, México inaugurará su propio proceso: un debate en La Mañanera, inspirado, según anunció la presidenta Sheinbaum, en la crítica a la inteligencia artificial de la encíclica papal. El contraste es elocuente: mientras otros construyen arquitectura regulatoria, nosotros organizamos una conversación.
La urgencia no es teórica. En México, 66% de los internautas ya utiliza alguna herramienta de inteligencia artificial y uno de cada cinco trabajadores la integra a sus actividades cotidianas. El AI Index 2026 de Stanford reporta que la adopción organizacional global alcanzó 88% y que los incidentes documentados (suplantaciones, fraudes, fallas algorítmicas) subieron a 362. La tecnología no espera al ciclo político.
El Congreso, en cambio, sí espera. La comisión especial del Senado lleva casi dos años sistematizando opiniones de expertos y al menos ocho iniciativas presentadas en ambas cámaras. Su proyecto de Ley General para Regular y Fomentar el Uso de la Inteligencia Artificial contempla una estrategia nacional, clasificación de riesgos y obligaciones para desarrolladores. Tenía fecha de presentación: el 22 de abril. La fecha llegó, pasó, y la iniciativa desapareció de la agenda pública. Peor aún: ni siquiera está resuelto quién puede legislar; la reforma constitucional para facultar al Congreso en la materia sigue pendiente desde febrero.
Lo único que ha cristalizado es valioso pero acotado: la reforma publicada el 14 de mayo que protege la voz y la imagen de artistas frente a la clonación digital, con multas de hasta 40 mil UMA, unos 4.7 millones de pesos. Un avance real, pero de nicho. Dato revelador: en los foros jurídicos posteriores, la conferencia inaugural se dedicó a las disposiciones de IA que no sobrevivieron al dictamen.
La historia reciente invita al escepticismo. El Laboratorio Nacional de Inteligencia Artificial se anunció en abril de 2025; en septiembre se prometió su lanzamiento para octubre; en enero de 2026 la presidenta seguía diciendo que "estamos trabajando en ello". Coatlicue, la supercomputadora de 6 mil millones de pesos anunciada como la más poderosa de América Latina, apenas inicia su instalación. El patrón es viejo: los megaproyectos tecnológicos del Estado mexicano, de Internet para Todos a las sucesivas agendas digitales, nacen en conferencia de prensa, se diluyen en el presupuesto y mueren en el olvido, sin evaluación ni rendición de cuentas. Mientras tanto, Brasil consolidó en abril a su autoridad de protección de datos como agencia autónoma, con presupuesto propio, y avanza hacia el marco de IA más maduro de la región.
Regular bien no significa copiar a Bruselas. La advertencia presidencial de no "caer en la censura" merece tomarse en serio, sobre todo cuando el mismo paquete de debate incluye redes sociales. Pero el riesgo inverso es igual de real: la incertidumbre regulatoria también ahuyenta inversión, deja a los usuarios sin defensas y cede el terreno a regulaciones estatales dispersas.
La política regulatoria exige diagnóstico técnico, diseño institucional, presupuesto y supervisión independiente. Nada de eso cabe en una conferencia matutina. Los foros son un buen comienzo solo si terminan en instituciones. Porque la mañanera y los buenos deseos podrán abrir el debate, pero no protegen a un solo usuario, no atraen un solo peso de inversión y no gobiernan un solo algoritmo. Eso, en cualquier democracia seria, solamente lo hace la ley.