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Presupuesto 2027: el espejismo fiscal de Milei
Opinión
Al filo del plazo legal, el gobierno argentino envió al Congreso su proyecto de Presupuesto 2027 y todo parece un buen augurio. La economía crecería 4%, la inflación bajaría a 18% anual y el dólar cerraría el próximo año en 1,847 pesos. Por cuarto año consecutivo, las cuentas darían un superávit fiscal, incluso después de pagar la deuda. Ese orden fiscal es la carta de presentación del mileísmo ante los mercados.
Sólo que hay un problema con esos datos. El mismo equipo que hoy firma estos números ya presentó hace un año algo parecido. En el Presupuesto 2026 se prometió una inflación cercana al 10% y un crecimiento superior al 5%. Para 2026 se espera que la inflación cierre cercana al 30%, casi el triple, y un crecimiento de apenas 2.3%. Un espejismo.
Para entender cómo La Libertad Avanza planea llegar viva a las elecciones presidenciales de 2027 conviene mirar la repartición de tareas dentro de la Casa Rosada.
El primer actor es el propio Javier Milei, replegado, dejando los vituperios televisivos y las peleas frontales con los gobernadores provinciales. Tras varios tropiezos en el Congreso, el presidente bajó el perfil para cuidar el “déficit cero”, que es el corazón ideológico de su proyecto. Con Milei fuera de los reflectores, el trabajo sucio lo hacen otros.
El primero de ellos es el ministro de Economía Luis Caputo, cuya única misión es que no falten los dólares. Para aliviar los vencimientos más pesados, negoció con los bancos internacionales un préstamo de corto plazo (REPO) en el que el país entrega bonos como garantía y se compromete a recomprarlos después. Aunque el discurso oficial sea “no necesitamos negociar con el Fondo”, Caputo viaja una y otra vez a Washington porque necesita que su mayor acreedor, el FMI, apruebe las auditorías que mantienen tranquilos a los mercados.
El segundo es Diego Santilli, jefe de Gabinete, que tiene la misión de conseguir los votos para aprobar el Presupuesto y, de camino, eliminar las PASO. ¿Cómo puede conseguir esos votos? A la vieja usanza, prometiendo obras públicas y dinero a los gobernadores. Apenas horas después de enviar el Presupuesto, convocó a la Casa Rosada a siete gobernadores para negociar. Ese poder de repartir lo perfila como el candidato natural del oficialismo para la decisiva provincia de Buenos Aires en 2027.
A pesar del logro mileísta en lo fiscal, reconocido por el mismo FMI, hay un lado ciego con dos aristas que amenazan con echar abajo los planes.
En lo económico, Caputo sabe que la mayor concentración de vencimientos de deuda de los últimos años cae precisamente en 2027, año de la elección. Ahí está el asunto. Las reservas netas del banco central siguen siendo negativas de acuerdo con el mismo FMI. Ya el Fondo le concedió un “perdón formal” a Argentina por incumplimiento en la meta de reservas de diciembre pasado. El riesgo ya no es fiscal, sino externo: no tienen dólares.
En lo político hay una contradicción de origen. La credibilidad del plan descansa en el ancla fiscal, pero la gobernabilidad –conseguir los votos para que ese plan siquiera exista– exige que Santilli gaste en obras y en fondos para las provincias. El mecanismo que mantiene vivo al gobierno es el mismo que puede quebrar el ancla. Y el ahorro de 200 millones de dólares con que se justifica eliminar las PASO queda lejos de los 9.5 millones reales que calculó la Fundación Éforo. Sin esas elecciones primarias el peronismo pierde su herramienta para unirse detrás de un candidato y Milei obtiene la oportunidad de reelección.
Así se completa la arquitectura del año electoral argentino. Los números del Presupuesto 2027 parecen una hermosa fotografía de un lugar al que Argentina quizá nunca llegue. Un espejismo, por definición, se ve nítido a la distancia. La pregunta es qué pasará cuando Milei y su equipo se acerquen.
*Profesor de la División de Estudios Profesionales de la Facultad de Economía, UNAM.