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Lo que prepara China para vendernos ahora
Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas
Seamos positivos. Conviene que la presidenta Claudia Sheinbaum pretenda llevarnos a producir gas natural mediante fracking con las nuevas tecnologías que menciona.
Llegaremos unos 25 años tarde, pero es mejor que nunca.
Estados Unidos es líder mundial en la materia y China prepara grandes proyectos de gas natural. Pero nada parece tan grande como lo que viene en energía nuclear. Si creen que ya ven muchos coches chinos, esperen lo que viene detrás.
¿Todavía piensan en enormes centrales como en la que trabaja Homero Simpson? Déjenme contarles algo. (Spoiler alert: algunos de los nuevos reactores son tan pequeños que pueden transportarse en una camioneta).
Entiendo que Donald Trump sea un hombre poco popular. Pero a su regreso a la Casa Blanca sí puso en marcha un proyecto mucho menos comentado que sus aranceles: renovar la industria estadounidense.
Traer de regreso a Estados Unidos las plantas automotrices instaladas en México —que, por cierto, prácticamente no se han ido— hace mucho ruido. Tanto, que ha cubierto una parte más profunda de su estrategia: alcanzar a China en las nuevas tecnologías de generación eléctrica.
La nación asiática avanzó durante años en tecnología nuclear, incluida la reducción del tamaño de los reactores, hasta imaginar algo que cambia por completo el negocio: fabricar equipos que puedan llevarse a otro país para abastecer una ciudad o un clúster industrial. Digamos, como los de Tamaulipas. ¿Y qué ha pasado?
China empezó vendiéndonos juguetes, textiles y manufactura barata. Después subió de nivel con teléfonos y baterías. Hoy vende coches eléctricos que le quitan mercado a Detroit.
Ahora se prepara para vender algo todavía más importante: energía. Y no sólo electricidad. También tecnología, reactores, combustible y contratos capaces de amarrar a un cliente durante medio siglo.
La Agencia Internacional de Energía ofrece datos: de los 52 reactores cuya construcción comenzó en el mundo desde 2017, 25 son de diseño chino y 23 ruso. Casi todo ese nuevo mercado está quedando en sus manos.
Y viene otra transformación: los pequeños reactores modulares, los SMR.
A diferencia de las enormes centrales nucleares tradicionales, estos sirven en módulos, reducen costos y tiempos de construcción.
Rusia incluso desarrolla reactores para plataformas flotantes.
Pronto los países podrán exportar una planta eléctrica compacta, instalarla donde haga falta y vender junto con ella combustible, mantenimiento y conocimiento durante décadas.
Xi Jinping entendió que la energía nuclear también puede convertirse en política industrial. Vladimir Putin entendió algo más: quien instala un reactor construye una relación geopolítica de largo plazo. Estados Unidos parece haber recibido el mensaje.
La advertencia estaba lista desde enero de 2025 en un reporte de la IEA llamado The Path to a New Era for Nuclear Energy.
Tan pronto regresó a la presidencia, Trump declaró una emergencia energética.
Meses después, su gobierno eliminó trabas burocráticas para acelerar el desarrollo y despliegue de nuevos reactores y puso a los laboratorios nacionales a trabajar con una fecha simbólica por delante: el 4 de julio de 2026.
El histórico Idaho National Laboratory volvió al centro de la escena. Cuatro nuevos diseños de reactores alcanzaron criticidad y mostraron eficiencia a tiempo, superando la meta presidencial de tres. Estados Unidos se subió a la carrera. Es parte de su Misión Génesis de reconversión.
Hay incluso una fotografía de uno de esos sistemas montado en la caja de una pickup. El equipo completo de generación nuclear puede reducirse hasta dimensiones que caben en un contenedor de tráiler.
México va a beneficiarse de surtir nuevas cadenas de proveeduría. Preparen a Monterrey, a Chihuahua y a Guanajuato para vender piezas para nuevos sistemas eléctricos, hidráulicos.
Lo que no tiene el país hoy, son planes concretos de expansión nuclear. Pero al menos parece que subiremos a la revolución que los vecinos comenzaron hace más de 25 años con el shale.
Si acaso no alcanzamos a producir toda la electricidad que necesitaremos con el gas del fracking, ya sabemos que además de coches, podríamos comprar a China energía.