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Opinión

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Plataformas y AICM

Crisis de taxis en el AICM por restricciones a plataformas genera caos, pérdidas e inequidad; urge una regulación equitativa para mejorar el servicio ante el Mundial y la creciente demanda turística.

Julio Madrazo | Un país posible

En plena Semana Santa se ha generado una crisis seria de la capacidad que hay en el AICM del servicio de taxis para los viajeros. Las colas para tomar un taxi son enormes y caóticas. De cara al Mundial de futbol, que será en plena época de lluvias, la situación será aún más grave, con más turistas y más tráfico, afectando el servicio y la imagen de México a quienes visitan nuestro país.

Si la información pública es correcta, actualmente 11 empresas tienen una concesión para operar transporte terrestre del aeropuerto y darles servicio a los turistas. El pasado 13 de marzo amanecimos con un operativo bastante llamativo de la Guardia Nacional en el AICM para impedir que los autos de plataformas digitales accedieran a dejar o a recoger pasajeros.

¿Por qué esta política, cuando en los principales aeropuertos del mundo sucede lo contrario? En Europa, en Japón y en Estados Unidos, que yo conozca, las plataformas tienen áreas específicas designadas para operar. Generalmente quedan en el estacionamiento, así que los viajeros tienen que caminar hasta los puntos asignados por el aeropuerto como áreas exclusivas para plataformas. Los taxistas tradicionales, en cambio, tienen la preferencia de tener un lugar más cercano y accesible, a pie de banqueta. Es decir, el turista puede elegir entre ambas alternativas.

Aquí, en cambio, a 80 días del Mundial, el AICM cancela la posibilidad de que los turistas usen las plataformas. ¿Qué hay en el fondo de todo esto?

Al parecer, una de las razones es que el aeropuerto, que recibe 145 pesos de cada viaje de las empresas concesionadas, ha visto caer de manera importante sus ingresos. Un taxista hacía, en promedio, unos 20 viajes al día, y hoy hace la mitad. Las 11 compañías suman aproximadamente 2,000 autos, lo cual significa que, en un día con 40,000 viajes, el aeropuerto recibía 5 millonwa 800,000 pesos por este concepto. Hoy, según dicen, ya que no hay transparencia al respecto, recibe la mitad.

En lo que toca a los choferes, de un boleto de 450 pesos, que es un viaje del AICM a la Nápoles, la Del Valle, la Roma o la Condesa, el conductor se queda con 290 pesos; necesita realizar al menos ocho viajes en su turno de 24 horas, para cubrir los costos de lo que paga de “cuenta” por el auto, más la gasolina, y ganar 900 pesos al día.

Pero además, el AICM les cobra a los taxistas la licencia, les pide un examen médico y un curso de capacitación ante la SICT. Algo que las plataformas no hacen; lo anterior hace que la competencia sea inequitativa: los concesionarios y sus choferes tienen que cumplir más requisitos y pagar más, vis a vis, lo que se les pide a los conductores de plataforma.

En este sentido, habría una solución: se le puede pedir el pago de un derecho a los choferes de plataformas que quieran ingresar al aeropuerto, así como el examen médico y la misma certificación que los taxistas hoy tienen que obtener ante SICT. En todo caso, armar una mesa de trabajo con todas las partes sería relativamente fácil para escuchar ideas de cómo conciliar los intereses de taxistas, plataformas y AICM, a favor de los turistas.

La tecnología podría ayudar a que todos los conductores, de taxis concesionados por el AICM o por aquellos que usen una plataforma, compitan en igualdad de condiciones, y que el turista tenga una mayor oferta para ir o salir del aeropuerto.

Expulsar a las plataformas del aeropuerto es una pésima política. Si hay inequidad en lo que unos taxistas pagan, frente a otros, hay que atenderlo. Si el AICM ha perdido ingresos, también hay que atenderlo y resolverlo. ¡La prohibición no es la solución! Tener que usar a la Guardia Nacional para “salvaguardar” algo tan absurdo es un despropósito e innecesario. Hay muchos otros lugares donde esos agentes de seguridad sí hacen falta. Ojalá y la presión que significa el Mundial sea la ventana para que esto se resuelva bien, de una vez por todas.

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Julio es egresado de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM, con maestría en políticas públicas de la Universidad de Georgetown.

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