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¿Es la ola que no hemos visto?
Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas
Percibo que la mayor preocupación de políticos y comentócratas está en la continuidad del T-MEC. Me sorprende que no la den por sentada.
El tratado podrá cambiar, incluso de nombre, pero la lógica comercial norteamericana pertenece tanto a Estados Unidos como a México. La codependencia es histórica e inevitable.
¿Por qué no estamos viendo, mejor, anuncios como el de Bank of America?
Cada dólar invertido en el crecimiento económico de los vecinos derrama, poco o mucho, hacia el sur. Lo que comunicó el miércoles este banco estadounidense es lo siguiente:
Reveló la “Iniciativa de Financiamiento de Infraestructura Crítica”, con la que pretende movilizar 250 mil millones de dólares para la modernización de la infraestructura estadounidense.
Nada más como referencia para medir esa friolera: las remesas que gustan en Palacio Nacional rondan los 60 mil millones de dólares anuales.
Si quieren otra comparación, todo lo que el Gobierno de México planea invertir en infraestructura eléctrica de aquí al final del sexenio de la presidenta Claudia Sheinbaum suma unos 42 mil millones de dólares. ¿En qué pretende usar el dinero Bank of America?
En infraestructura estadounidense y en financiar, asesorar e invertir en nuevas cadenas de suministro. Hasta donde yo sé, pocas cadenas de suministro estadounidenses carecen de una conexión con México.
El monto se contabilizará y desplegará no durante un sexenio, sino en apenas 18 meses: desde el 1 de enero de 2026, año del 250 aniversario de Estados Unidos, hasta el 4 de julio de 2027. No sobra algo de marketing.
Pero desde este lado de la frontera percibo, entre quienes converso, que esas inversiones en nueva infraestructura se imaginan como algo etéreo, casi invisible.
Hablan de energía, centros de datos e inteligencia artificial, pero al sur del Río Bravo cuesta entender qué es eso hasta que llega el recibo por Gemini, ChatGPT o Amazon Prime.
Como que todavía no nos cae la idea de que nuestro consumo está pasando del ticket en la caja del súper al correo electrónico que confirma un pago.
Todo esto tiene un fondo que he explicado previamente, pero conviene rescatar.
En noviembre de 2025, el Gobierno de Estados Unidos lanzó la Misión Génesis para reindustrializar ese país.
Si ustedes sí tienen visa y viajan al norte, notarán que muchas de sus ciudades lucen deterioradas en ciertas zonas y que parte de su población padece estancamiento social o económico.
Una vía para corregir esa circunstancia consiste en volver a las bases: establecer industrias que generen actividad y empleos para su población. Eso es lo que persigue la Misión Génesis.
Conceptualmente no es una idea nueva, sino una intención científica y económica que durante años topó con políticos temerosos de hacer cambios regulatorios por el impacto que éstos pudieran tener en los votos.
Pero el regreso de Donald Trump a la presidencia desató algunos de esos nudos desde la Oficina Oval, ocupada por un presidente que no parece tener demasiados temores ni reparos.
La investigación y las inversiones en nuevas tecnologías de generación de energía nuclear han sido detonadas durante su gestión.
Los científicos del histórico Laboratorio Nacional de Idaho consiguieron desarrollar en meses tres nuevos reactores nucleares, después de 50 años sin conseguirlo, entre otras razones, por regulaciones limitativas.
Pero Génesis no es solamente una iniciativa para reinventar los modelos de energía. En julio, esa misión seleccionó 278 proyectos con potencial económico para ser desarrollados en los 17 laboratorios nacionales del gobierno estadounidense.
Medidos por número de proyectos elegidos, el primer lugar corresponde a inteligencia artificial y cómputo. Después aparecen tierra, agua y clima; en tercer lugar, nuevos materiales y química.
Los proyectos de energía nuclear aparecen hasta el sexto sitio, después de física y “quantum”.
El cambio en la dinámica regional está ayudando a sostener el monto de las exportaciones mexicanas, antes tan centradas en coches y ahora cada vez más eléctricas y electrónicas.
Ese ajuste, por sí solo, debería bastar para cambiar también el enfoque nacional. ¿Pero estamos viendo esa ola?