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Nicaragua es un mal ejemplo para México, Brasil y toda Latinoamérica
Los autoritarios y populistas que por años han aplaudido o apañado a la dictadura de Nicaragua están en un callejón sin salida. En un espejo que se niegan a mirar.
Opinión
Las elecciones son peligrosas para los tiranos. Con sus debilidades y discrepancias, fracturas y falencias, son poderosas. No siempre cambian regímenes, pero siempre cambian las cosas.
Daniel Ortega a metido en aprietos a las izquierdas de México y Brasil. El octogenario ha dicho sin filtros y sin máscaras lo que muchos de ellos sueñan en silencio. Poner fin a las elecciones y establecer un modelo de partido único.
Ortega mandó al carajo las elecciones. Pateó la mesa, rompió el manual y comenzó a leer sin teleprompter. El problema de la reelección indefinida o los fraudes ya no es problema. Se eliminaron de una vez y para siempre.
El modelo de Ortega era el mismo de muchos países gobernados por la izquierda. Llegan al poder por los votos, destruyen instituciones y hacen pactos y reformas para controlar el poder y quedarse hasta nuevo aviso.
Bajo MORENA, México ha ido eliminando todos los contrapesos que una democracia saludable debe tener. Se adjudicaron una mayoría artificial en el legislativo, trastocaron el INE y politizaron el poder judicial.
En Brasil, Lula se ha establecido como el candidato único de su partido y quiere ser presidente por cuarta ocasión, su principal adversario político está encarcelado y la libertad de expresión en redes sociales está bajo asedio constante.
El Salvador ha logrado grandes avances en seguridad, pero su reelección indefinida e ilegal es un problema para El Salvador y para Latinoamérica. El cáncer de Nicaragua ha contaminado a toda Latinoamérica y es un hecho innegable aunque duela.
El problema de Ortega. El régimen de Nicaragua plantea un nuevo desafío, tanto a la administración Trump como la comunidad internacional. Dejarlo pasar no solo los hace ver débiles, sino que es un factor de peligrosa inestabilidad regional.
Ortega ya no realizará elecciones, sin embargo, sigue gozando de libre comercio con Estados Unidos, es miembro del Comité que regula ONG'S en la ONU y continúa gozando de membresía en el BID, FMI y Banco Mundial.
El peligro con el fin de las elecciones en Nicaragua es la normalización del fin de la democracia y el derecho de elegir y ser elegido. México, Brasil e incluso El Salvador toman nota de lo que pasa y podrían repetir fórmula.
Mientras la ONU y la OEA se vuelven mas pequeñas, impotentes e inservibles, los dictadores como Ortega huyen hacia adelante, con mutaciones al virus, generando anticuerpos y variantes para los que no tienen cura.
Los 67 años de revolución cubana demuestran que la ONU y la OEA no están listos para este tipo de dictaduras. La única resolución que funciona es la Resolución Absoluta. Es la única capaz de quebrar a regímenes que juegan en otra liga y operan bajo otras reglas.
Hay que curar el cáncer metastásico. Aunque suene imposible o improbable, lo cierto es que las acciones con Nicaragua deben ser cortadas de raíz para evitar su expansión a otros países. El mensaje debe ser claro: eliminar elecciones y coronarse rey es inaceptable.
A mucha gente no le gustó el 3 de enero. Dicen que fue antidemocrático y que violó el derecho internacional. Lo cierto es que con Ortega y Maduro los métodos tradicionales jamás funcionan. Se necesita una resolución, una Resolución Absoluta.
*El autor es periodista exiliado, exembajador ante la OEA y exmiembro del Cuerpo de Paz de Noruega (FK). Es exalumno del Seminario de Seguridad y Defensa del National Defense University y el curso de Liderazgo de Harvard.