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El mundo entero para las infancias
Opinión
El viernes pasado fui a la Cineteca con un grupo de papás y mamás que nos organizamos para llevar a nuestros hijos. Acudimos a la función de las 3:30 pm pera ver Ponyo, una película animada clasificación A. En la taquilla, la chica que atendía nos dijo que, aunque en la cartelera la película estaba anunciada como doblada solos proyectaría con subtítulos, y que si los niños hablaban durante la función nos tendrían que sacar. Me pareció una aclaración fuera de lugar considerando que acudíamos a ver una caricatura apta para todo público a las tres de la tarde, pero igual compramos los boletos.
En la entrada de la sala, otra persona diferente nos hizo exactamente la misma advertencia, que la película solo estaba subtitulada y que si los niños hacían ruido nos iban a sacar. Ya molesta, le dije que me parecía un comentario hostil e inadecuado considerando el contexto del horario y la película. La respuesta fue que las funciones infantiles eran solo los domingos al mediodía, por eso en el resto de películas en las que se presentaban niños hacían esa aclaración.
No es la primera vez que me pasa algo así, en varios espacios he sentido la hostilidad y el rechazo por la presencia de niñas y niños. En un vuelo mi hijo lloró por los nervios del despegué, el llanto no duró ni un minuto, pero fue suficiente para que una mujer detrás de nosotros exclamara a todo pulmón “no puede ser, un niño llorando”. Hace unos meses en la librería del Centro Cultural Elena Garro, vi a una madre comprando un cuento mientras su hija lloraba inconsolable. La mujer trataba de calmar a la niña mientras dos turistas extranjeros le exigían, irónicamente a gritos, que callara a su hija. Hace poco vi un anuncio de renta de un departamento aclarando que no se aceptaban niños, lo cual además de indígnate es ilegal.
Recientemente, la Encuesta Intercensal 2025 del INEGI reveló que la tasa de fecundidad reportada más recientemente es de 1.2 hijos por mujer, mientras en 2019 era de 1.9 hijos. Este acelerando descenso está relacionado con diversos factores, la complejidad de la crianza es uno de ellos. El tener cada vez menos lugares en los que las infancias se sientan seguras y aceptadas solo dificulta sus cuidados aún más. La crianza ocurre al mismo tiempo que la vida. Las personas que estamos a cargo del cuidado de infancias tenemos que acudir al banco, al hospital, al museo, a la calle, a la tienda, a todos lados, con nuestras niñas y niños, no solo a lugares etiquetados como un “espacio infantil”.
Los horarios y eventos “kid friendly” distan de ser una solución. La respuesta de la Cineteca es un buen ejemplo. Me parece inaceptable que un cine público solo ofrezca una función semanal “apta para niñas y niños” aunque en su cartelera se anuncian diversas películas para todo público. Tampoco estoy de acuerdo con acudir a comer solo restaurantes con jueguitos o ludoteca, que dicho sea de paso, en muchas ocasiones tiene un costo adicional. Me resisto a repartir bolsas de dulces (como circulan videos en redes sociales) a manera de disculpa por subirme a un avión o a un autobús con un niño pequeño. No pienso pedir ni permiso ni perdón por la mera existencia de mi hijo.
Esto no significa que no se deba llamar la atención a un niño que patea el asiento de adelante en un vehículo o que se comporta de forma inadecuada en un lugar público. Tampoco considero que sea prudente llevar a niñas y niños a un concierto a altas horas de la noche con sonido a alta intensidad, o a ver una película XXX. Lo que sí creo es que los espacios para niñas y niños son todos los espacios, no solo aquellos etiquetados somo aptos para infancias en un día, lugar y horario reducido. Porque los parques, las bibliotecas, las calles, los eventos culturales, las plazas, las librerías, el mundo entero les pertenece.
La infancia es un proceso de desarrollo y crecimiento. Niñas y niños van aprendiendo día a día a controlar sus emociones. Por otro lado, las personas adultas, en teoría, ya hemos desarrollado ese control, por lo que mostrar empatía y respeto debería ser sencillo, casi natural, pero últimamente me da la impresión que no es así. El llamado es a tener un mundo más amable y seguro para las infancias, que se sienta bienvenidas en los lugares a los que van, porque no podemos reducir sus espacios de felicidad a los domingos al mediodía.
*Ana Laura Velázquez Moreno es Socia fundadora de La Círcula (@CirculoAnalisis)