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De la minería a la energía: la ruta estratégica México–Canadá
Opinión
La reciente misión comercial canadiense a nuestro país, encabezada por el ministro Dominic LeBlanc, confirma el socio estratégico que es México para Canadá, en un momento de grandes incertidumbres globales. Con más de 240 organizaciones y más de 370 miembros participantes, esta delegación marcó un hito, al ser la más amplia enviada por Canadá a México.
El tamaño y la diversidad de la misión reflejan una relación que, desde la entrada en vigor del TLCAN en 1994, ha dinamizado el intercambio de mercancías hasta superar los 34 mil millones de dólares en 2025; de hecho, el comercio de bienes ha crecido 12 veces. A ello, hay que sumarle una significativa participación en inversión: al tercer trimestre de 2025, la IED canadiense en México ascendió a 2,294 millones de dólares, en sectores como minería, energía, transporte y manufactura avanzada.
Hay espacio significativo para ampliar la inversión canadiense en México, especialmente en industrias donde el país cuenta con un liderazgo global; la minería entre ellas.
Canadá es hoy el cuarto país que más invierte en México y alberga una de las industrias de suministro minero más grandes del mundo, con más de 4,000 empresas especializadas. Además, las empresas canadienses producen más de 60 minerales y metales, tanto en Canadá como en el extranjero.
México, por su parte, posee un potencial geológico vasto -concentrado principalmente en plata, cobre, plomo, mercurio, fluorita, barita, molibdeno, zinc y oro- y una tradición minera consolidada, con regiones que cuentan con infraestructura, mano de obra especializada y robustas cadenas de suministro y logísticas locales. Ello ha permitido que empresas de capital canadiense (y equipo gerencial y mano de obra mexicana) desarrollen proyectos de exploración y producción en diversas entidades del país, aportando capital, tecnología y estándares de seguridad y ambientales operativos de clase mundial.
En materia de minerales críticos, la convergencia de intereses es cada vez más evidente. La vulnerabilidad de las cadenas de suministro de América del Norte, particularmente en la producción de vehículos eléctricos, almacenamiento de baterías y tecnologías avanzadas sin importación de insumos externos, ha posicionado este rubro como vital.
Canadá posee importantes reservas de litio, níquel, uranio, cobalto, grafito y tierras raras, así como experiencia técnica en exploración y gestión ambiental. México cuenta con un potencial significativo en litio, cobre, plata y fluorita. Esta complementariedad abre la puerta a una estrategia coordinada que no se limita a la exploración y extracción, sino que busca incorporar procesamiento, refinación y trazabilidad regional de minerales.
El Plan de Acción México-Canadá 2025-2028 brinda una base sólida para la coordinación entre ambos países de temas clave. Adicionalmente, las tres cámaras mineras de Norteamérica han propuesto a sus respectivos gobiernos adicionar al T-MEC un capítulo o anexo que asegure toda la cadena de suministro y valor de dichos minerales como parte de la revisión que está prevista en los próximos meses.
En paralelo, la industria automotriz y la generación de energía son dos sectores relevantes. Más de 60 empresas canadienses de autopartes operan en México, con más de 130 plantas en 14 estados y aproximadamente 30,000 empleos directos. La inversión canadiense en energía se traslada a proyectos de exploración, ductos y generación limpia, con impactos en empleo y reducción de emisiones.
El reto de la relación bilateral consiste en traducir esa profundidad comercial en mayor integración estratégica. Minerales críticos, electromovilidad, transporte ferroviario y marítimo sin costuras, energía y movilidad laboral constituyen ventanas promisorias. El COMCE reconoce el potencial de este vínculo bilateral que, por su escala y complementariedad, tiene margen para crecer con mayor rapidez y valor agregado.
*El autor es presidente del comité empresarial bilateral México-Canadá del COMCE.