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México mira al Sudeste Asiático: de la amistad a la estrategia
Opinión
En comercio exterior, las puertas rara vez se abren con una sola llave. Primero se construye confianza; después llegan las reglas, los proyectos y los negocios. Por eso, el proceso de adhesión de México al Tratado de Amistad y Cooperación en el Sudeste Asiático (TAC, por sus siglas en inglés) no debe verse como una fotografía diplomática, sino como el inicio de una conversación estratégica con una de las regiones más dinámicas del planeta.
El Tratado, firmado originalmente en 1976 y que actualmente reúne a 62 Altas Partes Contratantes, es el código de conducta que guía las relaciones de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) con sus socios. En este sentido, es importante resaltar que entre los países externos signatarios del Tratado se encuentran: Estados Unidos de América, Canadá, la Unión Europea como institución, con la representación de sus 27 países, entre los cuales destacan: Alemania, España, Francia, Italia, Países Bajos, entre otros. Adicionalmente se suman, Brasil y los países de Asia- Pacífico. Para México, suscribirlo significa hablar el lenguaje institucional de la región y nos permite presentarnos no como visitantes ocasionales, sino como un socio confiable, dispuesto a escuchar, permanecer y construir.
Este momento diplomático adquiere especial relevancia por el calendario político de la región. La 59ª Reunión de Ministros de Asuntos Exteriores de la ASEAN, celebrada en Manila el 21 de julio, dio seguimiento al primer año de instrumentación de la visión ASEAN 2045: “Nuestro futuro compartido”. No fue una reunión protocolaria: ayudó a preparar las decisiones que llegarán a jefes de Estado y de Gobierno durante la 49ª Cumbre de los líderes de ASEAN, programada del 13 al 15 de noviembre en la capital Filipina. Cabe resaltar, que en la Cumbre de 2025 celebrada en Malasia, existió una importante presencia de mandatarios de países externos como el Presidente Donald Trump de Estados Unidos de América, el Primer Ministro Carney de Canadá y Lula Da Silva de Brasil, entre otros de gran relevancia.
Para México, esta secuencia abre una ventana concreta: acercarse desde ahora a gobiernos y sectores empresariales, presentar propuestas de cooperación y procurar que la adhesión al Tratado se traduzca en una relación económica con objetivos, interlocutores y continuidad.
La oportunidad es evidente. El Sudeste Asiático reúne hoy a más de 680 millones de personas y combina grandes mercados de consumo, centros financieros, plataformas logísticas, manufactura avanzada, economía digital y una creciente demanda de alimentos, energía, infraestructura y servicios. No es un mercado uniforme; es un mosaico de economías con distintos niveles de desarrollo. Precisamente por eso exige presencia local, conocimiento cultural y una estrategia paciente.
Canadá parece haber entendido esa lógica. Desde 2021 negocia con la ASEAN un acuerdo de libre comercio que se encuentra en una etapa avanzada y espera concretarse este año. Las mesas incluyen acceso a mercados para bienes y servicios, inversión, reglas de origen, medidas sanitarias y fitosanitarias, obstáculos técnicos, comercio electrónico, propiedad intelectual, compras públicas y desarrollo sostenible. Es decir, no se negocian solamente aranceles: se está diseñando la arquitectura para que empresas de ambos lados puedan operar con mayor certidumbre.
México debe observar esta negociación no desde la tribuna, sino como referencia. Nuestra relación económica con América del Norte seguirá siendo central; diversificar no significa alejarnos de ella, sino reducir vulnerabilidades y ampliar opciones. La experiencia canadiense muestra que incluso una economía profundamente integrada con Estados Unidos necesita construir rutas complementarias cuando aumentan la incertidumbre, el proteccionismo y las disrupciones en las cadenas de suministro.
México no parte de cero. Compartimos el Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (TIPAT) con varias economías del Sudeste Asiático y contamos con capacidades competitivas en agroindustria, autopartes, dispositivos médicos, aeroespacial, tecnologías de información, manufactura electrónica y servicios creativos. También podemos ser una plataforma para que empresas de la ASEAN atiendan América del Norte, siempre que ofrezcamos certeza, infraestructura, talento y reglas claras.
El siguiente paso consiste en convertir la adhesión al Tratado en una hoja de ruta México-ASEAN: diálogo económico permanente, misiones empresariales sectoriales, mecanismos de facilitación aduanera, cooperación sanitaria, conectividad marítima y aérea, promoción recíproca de inversiones y apoyo especializado para pequeñas y medianas empresas. A mediano plazo, México debe evaluar instrumentos comerciales de alcance regional que complementen los acuerdos existentes.
En Asia, la confianza se construye con continuidad. La adhesión abre la puerta; cruzarla requerirá coordinación entre gobierno, empresas, academia y organismos. Es bajo esa necesidad de cooperación que el COMCE, y en especial su Sección Internacional para Asia-Oceanía, trabaja día con día para traducir oportunidades en realidades. El Pacífico no es la frontera lejana de nuestro comercio: es el horizonte natural de su diversificación.
*El autor es presidente de la Sección Internacional Asia-Oceanía del COMCE.