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La mayor oportunidad de automatización en América Latina está en México
Opinión
México concentra la mayor oportunidad económica asociada con la automatización en América Latina y el McKinsey Global Institute estima que la adopción de estas tecnologías podría generar hasta 204 mil millones de dólares en valor anual hacia 2030. Brasil ocupa el segundo lugar, con aproximadamente 135 mil millones de dólares. La diferencia refleja la magnitud de la transformación que podría desarrollarse en México durante los próximos años.
La estructura productiva de México explica esta oportunidad. Cerca de una quinta parte de la economía está vinculada a la manufactura, actividad que aporta alrededor del 20% del PIB y desempeña un papel central en la integración del país a las cadenas globales de suministro. Sin embargo, la conversación va mucho más allá de las fábricas, las líneas de ensamblaje o las nuevas herramientas digitales. La verdadera pregunta es cómo reorganizar el trabajo para crear más valor.
Con demasiada frecuencia, la conversación sobre inteligencia artificial se centra en modelos, plataformas o aplicaciones. Las organizaciones que están obteniendo los mejores resultados siguen un camino distinto: rediseñan flujos completos de trabajo, redistribuyen actividades y aprovechan las fortalezas complementarias de las personas, los agentes y los robots. Ahí es donde se generan los mayores beneficios.
Aproximadamente el 59% de las horas de trabajo en México podrían automatizarse, en teoría, con tecnologías ya existentes. Esta cifra refleja hasta qué punto el trabajo puede transformarse. Pero no significa que las personas desaparecerán de la fuerza laboral. Seguirán aportando criterio, contexto, supervisión y capacidad de decisión.
México cuenta con una sólida base industrial, además de actividades logísticas, comerciales y administrativas de gran escala. Esta estructura facilita el despliegue simultáneo de agentes capaces de procesar información y apoyar la toma de decisiones, así como de robots y sistemas autónomos que incrementan la velocidad, la precisión y la consistencia de las operaciones físicas. Ese equilibrio distingue a México en América Latina y ayuda a explicar por qué lidera la transición regional.
Los resultados ya son visibles. Empresas de distintos sectores utilizan agentes para evaluar créditos, gestionar reclamaciones, optimizar el transporte, fortalecer cadenas de suministro y mejorar la atención al cliente. Los mayores beneficios aparecen cuando las organizaciones rediseñan flujos completos de trabajo y combinan las capacidades humanas con las nuevas tecnologías.
La manufactura ofrece un ejemplo especialmente relevante para México. Una mayor visibilidad de las redes de proveedores, el mantenimiento predictivo, decisiones más precisas sobre inventarios y respuestas más ágiles a los cambios en la demanda pueden traducirse en operaciones más eficientes y resilientes. El impacto proviene menos de la tecnología en sí que de la forma en que se organiza el trabajo.
El siguiente desafío es el talento. Hoy, el 66% de las habilidades demandadas en América Latina se utilizan tanto en actividades automatizables como en tareas que seguirán dependiendo de las personas. Esto sugiere que la mayoría de las capacidades seguirán siendo relevantes, aunque se apliquen de manera distinta. El pensamiento analítico, la comunicación, la colaboración, el liderazgo y el criterio operativo serán aún más importantes a medida que las personas supervisen sistemas, interpreten resultados y validen recomendaciones.
Esta transición ya está en marcha. Entre 2023 y 2025, la demanda de alfabetización en IA —la capacidad de utilizar, gestionar y crear con herramientas de inteligencia artificial— creció casi once veces en la región. En México, sin embargo, el ritmo ha sido más moderado: la demanda de alfabetización en IA aumentó siete veces y la de habilidades relacionadas con IA se duplicó, por debajo del crecimiento observado en América Latina, Estados Unidos y Europa. Además, la penetración sigue siendo limitada entre distintas ocupaciones, lo que indica que tanto trabajadores como organizaciones apenas comienzan a incorporar estas capacidades en el trabajo cotidiano.
México reúne una combinación única de escala industrial, talento y capacidad productiva. Los 204 mil millones de dólares identificados por el McKinsey Global Institute representan la mayor oportunidad de automatización en América Latina. Aprovechar ese potencial dependerá de la capacidad de las organizaciones para rediseñar la forma en que se realiza el trabajo, fortalecer las capacidades humanas e integrar de manera efectiva a personas, agentes y robots. En ese sentido, el reto de México no es solo aprovechar la mayor oportunidad de la región, sino acelerar las capacidades necesarias para convertir la adopción tecnológica en crecimiento sostenido.
*/ Senior Partner de McKinsey & Company México, y María Jesús Ramírez, Senior Fellow del McKinsey Global Institute.