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Opinión

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La lucidez y el sentido del humor

Mariano Espinosa Rafful | Siempre hay otros

El sabio no se deja llevar por la primera impresión. Séneca

No todo lo que se mira es verdad, siempre que la realidad alcanza a atraparnos, lejos de sorprendernos, entre esquinas contrarias y colores no afines, damos rienda suelta a esa imaginación del pretérito, que poco a poco nos va consumiendo con menos oxígeno y más bióxido de carbono; las complicaciones sin receta de salvación.

La evidencia de que solemos equivocarnos es clara, trasparente, nítida, en las negaciones del infortunio están todas las otras supuestas justificaciones, cuando el protagonista no logra entender que mirar desde afuera no posibilita resolver de la mejor manera el tiradero dejado por décadas.

Palabras más, palabras menos, pocas veces tenemos un golpe de ubicación en el espectro de soluciones, la política no es un acertijo, y menos permite en la actualidad sortear la duda, la clase media en México no han logrado extinguirla, menos desaparecer, pero si está expectante de los próximos acontecimientos provocados por el exterior, no por la intervención, sino por la nula rendición de cuentas.

Son las acciones de vital importancia en los hechos, la consumación de lo que se ha dejado de hacer pasa facturas, las tareas no pueden asignarse como antaño, a los inexpertos, recomendados sin experiencia o primerizos en el ámbito de la toma de decisiones que afectan a todo un país.

Desde los Estados Unidos de Norteamérica no vamos a deslindar responsabilidades, todavía hay muchos por contarnos, por escribir de Sinaloa o Chihuahua, Quintana Roo o Michoacán, porque los distractores son parte de esas salvedades en recomendaciones de manuales no escritos, hasta cajas chinas sin chinos; y vanidades y egocentrismos ante el respetable.

Los partidos políticos sufren en demasía lo que muchos vemos en el ejercicio del poder, al ganar las elecciones como los excesos, porque por supuesto que se enteran de todo; pero simulan no saber ante los electores.

No hay oportunidades para las nuevas generaciones, solo fotografías y discursos que lejos de impactar, se evaporan rápidamente, descubrimos otro país, el otro México, el del simplismo político. 

Acusar, señalar de manera altisonante, no nos lleva a ningún puerto seguro, sobre todo cuando la duda continúa en el ambiente contaminado, y quienes creyeron en una posible alternancia de esperanza y salir a flote, se están hundiendo hoy en sus falsas promesas, derrotas sin parpadeos.

Debemos ser precisos, la emoción también es efímera, el universo de las posibilidades nos pone cada vez más cerca de la muerte y no de la vida, más solidarios con el abismo que con el altruismo, que es el error más recurrente del aspirante a político en los pueblos pobres de un México que se desdibuja.

Esperamos que los sobresaltos no formen parte de lo que se viene, intentar defender lo indefendible, cuando ya no estamos para apostar cuando las renuncias, los cambios, los despidos y la ridícula idea de quien cae de la gracia del poder, y ahora solo se le permite justificar lo indefendible, y de paso olvidar recoger sus tiliches. 

ENTRE LÍNEAS

Un arrecife quizá no fue el detonante para echar reversa en un proyecto multimillonario, porque Quintana Roo también está ahogándose, desde hace muchos años, en un mar de dudas, corrupción y sobre todo excesos en la depredación de un medio ambiente que colapsa; es evidente que alguien pagará el error de aplaudir y luego cancelar.

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