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Opinión

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Límites a las reglas de origen del T-MEC: cuánto depender de China y cuánto atrincherarse

Roberto Morales | Proyección comercial

El actual debate sobre los límites a las reglas de origen del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) se enfoca en el dilema de cuánto depender de China y cuánto atrincherarse en el sentido de alcanzar una mayor autosuficiencia en las cadenas de valor en América del Norte.

Ya existe un precedente relevante. Al endurecer las reglas del origen del T-MEC hasta un nivel que no tienen ningún otro tratado de libre comercio, México se hizo más dependiente de Estados Unidos. Como dato ilustrativo, el Tratado incrementó el Valor de Contenido Regional para el libre comercio de autos de 62.5 a 75 por ciento.

Pero China se ha vuelto crucial para ciertos productos intermedios o para inversiones clave. Por ejemplo, si bien al final el proyecto no se concretó, cuando Elon Musk, director general de Tesla, anunció en 2023 que su empresa construiría una planta de autos eléctricos en la zona metropolitana de Monterrey, algunas empresas chinas se involucraron porque eran las únicas productoras de ciertas autopartes a nivel mundial.

En esta lucha, el presidente estadounidense, Donald Trump, tensiona la cuerda hasta el punto de quiebre. Intenta que América del Norte dependa menos de China. Tiene la idea de que las reglas de origen deben cambiar para garantizar que, en primer lugar, Estados Unidos y, en segundo lugar, sus dos vecinos, se beneficien principalmente del trato arancelario preferencial del T-MEC.

Para la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA), el umbral vigente no se puede rebasar. En una carta que envió este mes a la Comisión de Comercio Internacional de Estados Unidos (USITC), advirtió que las normas de origen actuales ya se encuentran en su “límite práctico máximo”. Por lo tanto, cualquier restricción adicional a la producción de vehículos dentro de la región impondría “cargas de costos desproporcionadas” a los fabricantes. 

México puede influir en este predicamento. De todas las exportaciones de autos que realizan, por separado, los tres integrantes del T-MEC al mundo, incluyendo el comercio intrarregional, México participa con 42.4%. Y de todas las importaciones estadounidenses de autopartes, 44.7% se originan en México.

Ante la presión china, América del Norte debe ajustar las reglas de origen del T-MEC con umbrales específicos para productos como baterías y semiconductores, trazabilidad de insumos chinos y calendarios de transición, a fin de reducir dependencias estratégicas.

El equilibrio es decisivo. Si América del Norte endurece demasiado sus reglas de origen, protegerá el comercio intrarregional, pero perderá competitividad global por el encarecimiento de las cadenas de valor cortas. Si las reglas son más flexibles con respecto al punto óptimo, ganará competitividad global con insumos de otros países a costa de abrir su propio mercado.

Hasta ahora, el debate sigue trunco, sin Canadá en las negociaciones del T-MEC. Algunos problemas, como las reglas de origen, los minerales críticos o la alineación de la seguridad económica, requieren un enfoque trilateral. 

Como parte de la discusión interna, General Motors, Ford y Stellantis instaron a la Administración Trump a mantener un diálogo abierto con todas las partes interesadas de la industria automotriz estadounidense.

En última instancia, esta frase de las Tres Grandes de Detroit a la USITC refleja la realidad y la merma de competitividad de la región: “Una de las pocas herramientas de las que disponen los fabricantes de automóviles estadounidenses para competir a escala global es el acceso libre de aranceles que ofrece el T-MEC”.

roberto.morales@eleconomista.mx

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