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Les toca ahora a los ingenieros civiles
Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas
Ninguno de los tres ha cumplido 25 años. Este trío de primos nació en México y, por esas cosas de familia, los tres estudiaron ingeniería civil. Recién graduados, los tres ya tienen trabajo legal y formal en Estados Unidos. Uno está en California. Los otros dos, en Texas.
Aquí vengo contándoles una historia que no aparece en los noticieros matutinos de radio. Tampoco en Instagram: la acelerada reconversión industrial de Norteamérica.
Y las bases van primero, porque antes que nada, hay que construir.
Los países están en una carrera por instalar plantas de generación eléctrica, líneas de transmisión, fábricas y centros de datos.
Ya advertí sobre la necesidad de electricistas, que incluso ha llevado a la francesa Schneider Electric a capacitar en México a personas con estas habilidades. Pero ahora urge hablar del momento que viven las y los ingenieros civiles.
Puedo arrancar con un dato oficial. De acuerdo con el Observatorio Laboral, en México la ingeniería civil está entre las 10 carreras mejor pagadas del país, con un ingreso promedio de 22 mil 152 pesos mensuales.
No es una cifra para sacar el asador y las cervezas, pero consideren dos cosas. Primero, es un promedio, lo que significa que muchos están por encima de ese monto. Segundo, supera, por ejemplo, al ingreso promedio de los odontólogos.
¿De dónde viene la demanda de profesionales de la construcción en Estados Unidos y México?
La inteligencia artificial vive en la nube. Pero la nube pesa toneladas.
En Texas, Querétaro y prácticamente toda Norteamérica necesita edificios, cimentaciones, sistemas de enfriamiento, subestaciones, líneas eléctricas y concreto. Después de años en los que el reflector estuvo sobre programadores e ingenieros eléctricos, conviene mirar hacia profesiones mucho más antiguas.
En México, después del frenazo que siguió al cierre de las grandes obras del sexenio pasado, aparecen nuevos motores. Uno está en la electricidad.
El plan eléctrico mexicano de 739 mil millones de pesos ya derivó en una primera convocatoria de CFE que terminó con 37 centrales adjudicadas, por unos 7 mil 411 MW. Ahora traduzcan megawatts a trabajo.
Hay que hacer estudios de suelo, caminos, cimentaciones, drenajes, y obras hidráulicas. Es difícil imaginar esa expansión sin ingenieros civiles.
Para los de mayor experiencia existe, además, otra posibilidad: emprender.
Detrás de una central eléctrica o de un campus de cómputo hay contratos de mecánica de suelos, topografía, supervisión, pruebas de concreto, movimiento de tierras, drenaje, cimentaciones y administración de obra.
Durante años pareció que el futuro pertenecía a quienes sabían escribir código. Ahora observen a quienes venden cemento.
En México, Cemex aumentó 7 por ciento sus volúmenes de cemento durante el segundo trimestre de 2026 frente al mismo periodo de 2025. Sus ventas mexicanas crecieron 24 por ciento en dólares y 12 por ciento en términos comparables.
La otra cementera, GCC, cuenta algo similar, sus ventas aumentaron 15 por ciento.
En Estados Unidos vendió 10.8 por ciento más cemento y 28.7 por ciento más concreto. Su segmento más dinámico allá fue infraestructura.
El INEGI recoge la misma señal. En mayo, el valor real de la producción de las empresas constructoras aumentó 7.5 por ciento anual. Otra de sus series mostró que la inversión pública fija creció 19.7 por ciento.
También el mercado está tomando nota. El valor de Cemex en bolsa creció 24 por ciento en un año y el de GCC, más de 12 por ciento, una señal de las expectativas alrededor del sector.
Hay riesgos, por supuesto. El temor de que la inteligencia artificial no cumpla todas sus promesas podría reducir el ritmo de algunos proyectos. Donde veo mucho menos espacio para una marcha atrás es en la infraestructura energética.
La inversión que harán las naciones de Norteamérica, incluido México, apunta hacia una temporada de alta demanda regional por estos profesionales.
Eso tendrá otra consecuencia: las compañías mexicanas tendrán que hacer más para conservar a su mejor gente frente a las oportunidades que ofrecerá Estados Unidos.
Son buenos días para ingenieras e ingenieros. También para los civiles.