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La izquierda y la decadencia demócrata
Gabriel Quadri de la Torre | Verde en serio
El Partido Demócrata en los Estados Unidos lleva años derivando hacia la izquierda, y está siendo capturado por coaliciones y personajes que resultarán inelegibles en los próximos comicios. Así, no es difícil anticiparle grandes desventajas competitivas electorales, a pesar de los desvaríos y arrebatos autoritarios del Partido Republicano. Obviamente, todo esto se inserta en la crisis conocida y ostensible que viven la democracia norteamericana y sus instituciones. Pero centrándonos aquí en el Partido Demócrata, su captura desde la extrema izquierda ha implicado el ascenso y consolidación de figuras del ala dura del “progresismo”. Tal es el caso de Zohran Mamdami, Alexandria Ocasio-Cortes, Bernie Sanders, Abdul El-Sayed y Penny Flanagan, Ilhan Omar, Rashida Tlaib, Angie Dixon, entre otros muchos. Con ellos se ha tejido una amplia coalición de intereses y causas identitarias cada vez más radicales y tóxicas que van de los “derechos” de los drogadictos a la ciudad, al abortismo y feminismo extremos, antisemitismo, islamismo, insurgencia socialista, Teoría Crítica de la Raza (derivada de la Escuela de Frankfurt), y wokismo delirante e ideología de género. Así, los demócratas se alejan del centro político-ideológico, alimentan la polarización de la sociedad, y repelen a una proporción creciente de ciudadanos. Veamos.
La izquierda demócrata que gobierna en diversas ciudades de Estados Unidos ha convertido espacios públicos (parques, plazas, banquetas, jardines, calles peatonales) en infiernos de drogadicción, indigencia y decadencia humana y urbana. El espectáculo es sobrecogedor en Seattle, Filadelfia, San Francisco, Portland, Los Ángeles, Burlington, etcétera. Han despenalizado el consumo de drogas en espacios públicos, y otorgado "derechos" a los drogadictos aduciendo absurdamente una supuesta “reducción del daño”. Todo ha sido peor (contrariamente a lo que muchos creíamos). La despenalización de las drogas y los centros de suministro de estupefacientes y su parafernalia han demostrado ser perversamente contraproducentes, y transformado icónicas zonas urbanas en escenarios apocalípticos. La izquierda demócrata coaligada con organizaciones Woke, pro-palestina, antisemitas, socialistas, y transgénero han adquirido un poder inusitado. Han promovido políticas de desmantelamiento de la policía (“defund the police”) y bloqueando iniciativas para restablecer el orden y penalizar el consumo de drogas en espacios públicos. Más aún, en el paroxismo, exigen que comercios, hoteles y restaurantes abran sus vestíbulos y baños a indigentes y drogadictos que defecan en sus puertas y aceras. Demócratas también han abrazado el aborto sin restricciones de tiempo de gestación, y con ello han abierto la puerta al asesinato legal de niños no nacidos enteramente formados y viables fuera del útero materno. Esta monstruosidad – la eliminación de límite gestacional estatutario – se ha implantado en numerosos estados demócratas como Massachusetts (apenas la semana pasada), Colorado, Maryland, Michigan, Minnesota, Nueva Jersey, Nuevo Mexico, Oregon, y Vermont. Igualmente, en 20 estados los gobiernos demócratas continúan permitiendo la mutilación genital y mastectomías, así como la castración hormonal y el bloqueo hormonal de pubertad en menores de edad, supuestamente, para cambiar de sexo, bajo la influencia de la ideología transgénero. Esto, a pesar de las terribles consecuencias sobre la fertilidad, la sexualidad, y la salud física y mental. De hecho, el gobierno federal intenta prohibirlo a nivel nacional, y ha anunciado que dejará de cubrir gastos relacionados con estas prácticas abominables a través de Medicaid y el CHIP (Children´s Health Insurance Program). Lo anterior, además de que gobiernos estatales demócratas autorizan que hombres biológicos compitan contra mujeres en el deporte escolar y universitario y utilicen sus baños y vestidores. (Prueba del poder del lobby Woke es que ChatGpt censura esta información. Hay que consultar a Grok). Prominentes demócratas pretenden destruir el “patriarcado blanco y heterosexual” y todas las “relaciones de dominación y opresión” sobre las mujeres, personas “de color” y de la “diversidad sexual”. Son cada vez más frecuentes brotes antisemitas con abiertas deslegitimaciones de Israel y su derecho a existir, y ataques a la comunidad judía norteamericana, que no han sido condenados formalmente por el Partido Demócrata. Destacan de manera reciente declaraciones de Ilhan Omar (congresista inmigrante musulmana); Maureen Galindo (candidata demócrata al Congreso por Texas), Chirs Rabb (candidato demócrata al Congreso por Pensilvania); Abdul El-Sayed (ganador musulmán de la primaria demócrata al Senado por Michigan), y nada menos que del propio Zohran Mamdami (socialista musulmán alcalde de Nueva York). El viraje gradual del partido Demócrata hacia una identificación socialista es tal vez su rasgo más marcado en la actualidad, por la cercanía de muchos demócratas con los Socialistas Democráticos de America (DSA), y con su nueva plataforma. Esta promete un mundo de rentas gratuitas de casas y departamentos, salud universal gratuita, cancelación de préstamos universitarios, anulación de recibos de electricidad, y gratuidad de comida, educación y transporte – que se transformarán en “bienes y servicios comunes” – e impuestos confiscatorios al patrimonio de los ricos. Lo anterior, en el contexto del control de los trabajadores sobre las empresas, la multiplicación de cooperativas y la extinción del capitalismo. Pero todo este amasijo de aberraciones no será gratuito para los demócratas. Lo pagarán caro en los procesos electorales.