Buscar
Opinión

Lectura 5:00 min

Más horas, menos PIB: El sello de la productividad mexicana

Liliana Alvarado | Columna invitada

La productividad es, en esencia, la capacidad de generar más valor con la misma cantidad de recursos o de mantener ese valor utilizando menos insumos. Por ello, suele considerarse un indicador clave de eficiencia. La teoría económica muestra que la productividad es un factor central para las naciones, entre otras razones, por su impacto positivo en los salarios, la competitividad, el crecimiento económico y, en última instancia, en el bienestar de las personas.

Son múltiples los factores que impulsan la productividad, como la adopción tecnológica, la innovación, las habilidades de la fuerza laboral, la infraestructura, la educación e incluso una mejora en las condiciones laborales. En este contexto, resulta inevitable preguntarse hasta qué punto la inteligencia artificial (IA) ha logrado ya impactar la productividad. Un artículo reciente de The Economist, titulado There will be no immediate productivity boost from AI, sostiene que no veremos una incorporación inmediata, principalmente porque el sector empresarial suele ser lento en la adopción de nuevas tecnologías. Como ejemplos, señala que a las empresas les tomó décadas incorporar la electricidad una vez que estuvo disponible y que, pese a la invención de los tractores a inicios del siglo XX, en 1940 apenas 23% de las granjas estadounidenses contaba con uno.

El artículo integra datos de la Oficina del Censo de Estados Unidos, donde una encuesta empresarial reveló que solo entre el 5% y el 6% de las compañías utiliza la IA para la producción de bienes y servicios, más allá del uso básico que se le puede dar a herramientas como ChatGPT. En la misma línea, otro texto de The Economist (Stop panicking about AI, start preparing), destaca que desde el lanzamiento de ChatGPT el número de empleos white-collar (profesionistas) ha aumentado en alrededor de tres millones en Estados Unidos, mientras que los empleos blue-collar (manuales o técnicos) se han mantenido prácticamente sin cambios. Incluso sectores que han incorporado de manera intensiva la IA, como la programación, han visto crecer el empleo.

En conjunto, estos indicios sugieren que, hasta el momento, no se ha producido una eliminación de puestos de trabajo asociada a la IA. Ambos artículos coinciden en un punto central: la difusión de las tecnologías toma tiempo. Esto no implica que el potencial de la IA para generar valor agregado en las empresas no pueda materializarse con rapidez en el futuro; sin embargo, las expectativas de un aumento inmediato y significativo de la productividad siguen siendo, al menos por ahora, conservadoras.

Los datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ayudan a poner el debate en perspectiva. Colombia, México, Costa Rica y Chile son de los países donde se trabajan más horas al año, en promedio, mientras que Alemania, Dinamarca, Noruega y Austria registran las jornadas más cortas. Al contrastar esta información con los niveles de productividad laboral —medida como PIB por hora trabajada—, se observa que los primeros también presentan los niveles más bajos de productividad, en contraste con economías como Irlanda, Noruega, Luxemburgo y Bélgica, que encabezan el ranking. Los casos de México, con muchas horas poco productivas, y Noruega, con pocas horas altamente productivas, sugieren que la eficiencia es un factor clave para impactar la productividad de un país.

El OECD Compendium of Productivity Indicators 2025 añade otro elemento relevante: si bien entre 2022 y 2023 la productividad promedio de los países miembros creció un modesto 0.6%, la mejora estuvo lejos de ser generalizada. En el mismo periodo, los países de la Unión Europea registraron una caída de 0.9%, la más pronunciada desde 2009.

En México, el bajo crecimiento económico de los últimos siete años —en torno al 1% anual en promedio— está vinculado, al menos en parte, a la baja productividad en nuestro país. Conviene recordar que el crecimiento económico depende de la interacción entre el empleo, la productividad laboral y las horas trabajadas, y que el peso de cada variable varía entre países. El análisis de la OCDE muestra, además, que cerca de la mitad de los países con un cambio negativo de la productividad laboral fueron también aquellos que registraron las mayores caídas del PIB, como Irlanda, Estonia, Finlandia y Luxemburgo. En contraste, la mejora en la productividad fue el principal motor del crecimiento en economías como Costa Rica, Rumanía, Eslovenia y Corea.

En este contexto, resulta urgente que México atienda de manera integral su problema de baja productividad y escaso crecimiento económico. Transitar otro sexenio bajo estas condiciones sería particularmente riesgoso. Los retos son estructurales: rezago educativo, deficiencias en la calidad de la mano de obra, elevada informalidad, bajos niveles de inversión —agravados por la incertidumbre jurídica—, limitada capacidad de adopción tecnológica, especialmente entre las pequeñas empresas que concentran buena parte del empleo, y un entorno poco propicio para la actividad productiva, entre otros. Es indispensable asumir que ni el aumento del salario mínimo ni las transferencias monetarias pueden sustituir, en el largo plazo, todos los beneficios de una economía sana que crece de manera sostenida.

Licenciada en Relaciones Internacionales (ITAM) y Maestra en Políticas Públicas y Administración (London School of Economics). Colaboró en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público donde adquirió una amplia experiencia en política fiscal y se especializó en el análisis de los sistemas fiscales en el ámbito internacional. Asimismo, trabajó en Fundar en el Área de Presupuestos Públicos, en transparencia presupuestaria y rendición de cuentas. En Ethos ha coordinado trabajos en materia de finanzas públicas, pobreza, seguridad pública y anticorrupción.

Únete infórmate descubre

Suscríbete a nuestros
Newsletters

Ve a nuestros Newslettersregístrate aquí

Noticias Recomendadas