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La herencia de Mystika
Gabriela Gorab | Entre quimeras y palabras
"El mejor uso de la imaginación es la creatividad; el peor, la ansiedad. Si tienes una mente que no se detiene, como la mía, ponte a crear."
La frase es de Pepe Soho y hoy, a un año de su muerte, casi se lee como su epitafio. Ahí está resumida toda su historia: tuvo un accidente a caballo en la India, cayó en una depresión que lo paralizó años, y salió de ahí con la cámara en la mano. No como escape, sino como herramienta para reconstruirse. De ese proceso nació Mystika, el recorrido inmersivo que sigue abierto en Torre Cuarzo, sobre Reforma, aunque él ya no esté.
Le pregunté a Magdalia Martínez y a Víctor Campuzano, que hoy dirigen Mystika, quién decide qué se exhibe y qué no se toca. Su respuesta me pareció honesta, y poco común en el medio cultural mexicano:
Mystika.
"No queremos poner la firma de Pepe sobre una decisión que Pepe no tomó." Hay dos proyectos que quedaron sin terminar —Quantum, que ni siquiera arrancó, y un libro bastante avanzado— y el criterio para tocarlos no es sacarles provecho, sino distinguir qué era idea de Soho y qué sería, ya, decisión de alguien más.
Esa frontera entre cuidar algo y dejarlo congelado es, creo, lo que mejor explica Mystika hoy. Soho hablaba de su proyecto como una "medicina": una experiencia donde el arte, la música, la naturaleza y la fotografía pudieran sanar algo en quien la recorre. Por eso las salas trabajan símbolos de transformación —el caballo en Liberación y Pegaso, la fragilidad de la mariposa monarca en Santuario— porque él mismo fue, antes que artista, alguien que salió de un colapso personal y decidió volver esa salida un lenguaje visual. No es arte digital porque sí, ni naturaleza de fondo bonito. Es una experiencia armada para que le pase algo a quien la camina.
Mystika.
Lo difícil viene ahora, con Soho fuera del cuadro. Martínez y Campuzano ya hablan de licenciar Mystika a otras ciudades y países, algo que el propio Soho quería antes de morir. Crecer sin él es un reto real: mantener viva la autenticidad del archivo fotográfico en cada sala nueva no es automático. Pero la manera en que quienes están al frente hablan de esa responsabilidad —con la misma disciplina que Soho aplicaba a su propio archivo, sabiendo cuándo no intervenir— sugiere que entendieron bien la diferencia entre cuidar un legado y simplemente repetir una firma.
Que Mystika siga abierta es, en sí mismo, el mejor homenaje que se le puede hacer a Soho.