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Quien gana cuando caen los ayatolas
Opinión
En El Príncipe, Nicolás Maquiavelo advertía que las guerras no se evitan aplazándolas; simplemente se difieren en beneficio del adversario. Pocas ideas parecen describir mejor la larga relación entre la República Islámica de Irán y el orden internacional.
Trump a diferencia de sus antecesores no pospuso el inevitable conflicto. Su probable victoria o cualquier escenario en el que los ayatolas aún vivos sean derrotados o profundamente debilitado obliga a plantear una pregunta incómoda: ¿quién gana realmente?
Los primeros beneficiarios de esta guerra serán las niñas y mujeres, las minorías LGBT y religiosas en Irán, el pueblo iraní, así como medio oriente en general, y los Estados Unidos quien reestablecen su hegemonía global.
Dejemos de pensar en lo que proyectan analistas y medios, los primeros beneficiarios no serían estados ni ejércitos, sino individuos.
Mujeres y niñas.
En Irán, la represión no es un fenómeno marginal, sino un principio estructural y permanente del poder religioso. Desde 1979 por desafiar normas impuestas sobre su vida privada, su vestimenta o su expresión pública, cientos de miles de mujeres han sido detenidas, decenas de miles han muerto en protestas, bajo custodia o como resultado de la violencia institucional en un sistema donde la coerción se ejerce tanto en las cárceles, tribunales como en las calles y la intimidad.
Minorías religiosas
En segundo lugar, vienen las minorías religiosas víctimas de represión feroz e institucional. Mientras algunas confesiones son toleradas de manera limitada, otras en particular la comunidad Baháʼí han sido objeto de una persecución sistemática. Decenas de miles de sus miembros han sido detenidos desde 1979, y cientos ejecutados. A ello se suma una forma más silenciosa pero igualmente eficaz de coerción: exclusión educativa, confiscación de bienes, marginación económica. No se trata únicamente de castigar, sino de restringir progresivamente la posibilidad misma de existir como comunidad. Esta se aplica también a los cristianos y a los mismos musulmanes Sunnitas o de cualquier otra confesión que la Chiita.
LGBT
A su lado quien completa este tríptico sangriento, aunque con menor visibilidad estadística, se encuentran los homosexuales. Criminalizados por ley y perseguidos socialmente, han sido objeto de detenciones constantes y de ejecuciones que, en muchos casos, ni siquiera se registran como tales. Miles han sido arrestados desde la revolución, y varios cientos ejecutados o eliminados bajo cargos ambiguos, en un contexto donde la invisibilidad forma parte del propio mecanismo represivo. En Irán, la persecución de la diversidad sexual es una realidad brutal que se diluye en categorías jurídicas diseñadas para ocultarla.
En conjunto, estas tres realidades constituyen un patrón de violencia tan insoportable que cualquier comentarista u observador no debería poder hacer otra que celebrar la caída de este régimen sangriente. No estamos ante abusos aislados ni excesos circunstanciales, sino ante un sistema de poder feroz que controla a la vida privada. Por ello, si ese sistema llegara a caer o a transformarse profundamente, los primeros ganadores serán aquellos cuya vida cotidiana ha estado sometida durante décadas a una represión infra humana.
El pueblo iraní en general, desde 1979 ha sido oprimido, sometido y como en los últimos meses asesinado por el Islam, quien sólo en los últimos meses ha matado hasta 70 000 manifestantes según varias fuentes, sumando un probable número globales de cienes de miles de Iranís.
Medio Oriente: el fin del sistema de milicias patrocinado por Teherán
Teherán ha construido una red de proxis, armados feroces los Hezbollah en el Líbano, las milicias chiíes en Irak, los hutíes en Yemen el Hamas y diversas organizaciones palestinas terroristas.
Esta red representa una fuerza de cientos de miles de hombres, sostenida durante décadas con miles de millones de dólares y responsable de conflictos que han causado probablemente más de un millón de víctimas.
Con el fin de del régimen, no cesarán de inmediato los conflictos, pero disminuirán sus principales factores: la financiación, coordinación y armado iraní de sus proxis.
Esto reforzara el poder de Estados hoy fragmentados por estos grupos y la disminución de conflictos por delegación. En países como Irak, Líbano o Yemen, que han coexistido durante años con terroristas armados por Irán, abra un espacio para una reconstrucción institucional. El fin de los proxis no aportara paz inmediata al Medio Oriente, pero un cambio fundamental.
Israel sigue siendo una excepción política en el Medio Oriente: un sistema institucional pluralista, con elecciones, separación de poderes y reconocimiento de derechos minorías religiosas y sexuales. Además del antisemitismo visceral de los ayatolas, esta singularidad explica en parte el enfrentamiento y lo que está en juego.
Durante décadas ha sido el principal objetivo del régimen, tanto en el discurso, en programas de desarrollo de armas nucleares, como a través de proxis diseñados para ejercer presión constante sobre su seguridad y eventualmente erradicar el estado judío y su población en un holocausto. Ningún otro país enfrenta una amenaza existencial estructurada y persistente tan brutal.
Israel será el principal beneficiario en términos estratégicos y existenciales de la caída del régimen. Se reducida la presión en múltiples frentes, disminuiría la capacidad operativa de sus adversarios y se ampliaría su margen de maniobra regional aportando una reducción significativa de las amenazas más organizadas y sostenidas a su existencia.
Estados Unidos: reafirmación de su supremacía global militar y económica.
Estados Unidos reafirma la credibilidad de su poder. Una victoria contra Irán reafirma su capacidad de proyección militar y su superioridad tecnológica hegemónica. Pone a sus adversarios bajo advertencia. America is Back guste o no.
Eventualmente Estados Unidos obtendrá el control de las principales fuentes de producción de petróleo de la región y de sus rutas de distribución, en particular el estrecho de Ormuz. Quien controla estos flujos influye en los precios y en el funcionamiento de la economía global.
En ese contexto, la implicación para China es evidente. Altamente dependiente del petróleo de la región, su vulnerabilidad no es militar, es estructural: necesita que esas rutas permanezcan abiertas y previsibles. Para Estados Unidos controlar ese acceso además del venezolano es una ventaja estratégica global determinante sobre el competidor chino y su economía.
Esta guerra no ofrece una victoria regional, es la demostración de poder hegemónico estadounidense donde convergen sus intereses de seguridad, energía y equilibrio global.
Aunque no acaba aún el conflicto, una lección parece obvia, como advertía Maquiavelo, las guerras aplazadas terminan librándose en condiciones más costosas. ¿cuánto se habrá perdido ya por haber esperado tanto, cuantas mujeres, niñas, homosexuales minorías religiosas y opositores en irán y la región habrán muerto a manos de lo ayatolas…?