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Opinión

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Entre la fiesta patria y la tasa de la Fed

La Fed enfrentará una de sus pruebas de fuego más complejas en mucho tiempo, porque los operadores financieros exigen al banco central una postura firme ante una inflación que se resiste a ceder.

Enrique Campos Suárez | La gran depresión 

Este miércoles no habrá operaciones en los mercados financieros mexicanos, muchos podrán descansar la garganta tras los festejos patrios de mañana, pero tendremos que estar al pendiente al mediodía para conocer la decisión de política monetaria del Comité Federal de Mercado Abierto de la Reserva Federal de Estados Unidos.

La Fed enfrentará una de sus pruebas de fuego más complejas en mucho tiempo, porque los operadores financieros exigen al banco central una postura firme ante una inflación que se resiste a ceder, en momentos en los que el mercado laboral se muestra resiliente. El problema no es encontrar el balance entre inflación y empleo, sino lidiar con la abrumadora sombra de la política electoral.

La sensación de omnipotencia que claramente obnubila la mente de Donald Trump le hace creer que tiene el derecho de dar órdenes al presidente de la Fed, Kevin Warsh, a quien él mismo impulsó para el cargo con la abierta expectativa de que se convirtiera en un ejecutor de tasas bajas.

El Presidente de Estados Unidos no tiene en mente la creciente inflación por el incremento en los combustibles, derivada de su propia guerra; lo que Trump tiene ahora como prioridad son los 50 días que faltan para las elecciones de medio término. Un dinero más barato resulta indispensable para apuntalar su narrativa económica de cara a las urnas, sobre todo después de ver las muestras de desesperación con su propuesta de repartir 5,000 dólares a los adultos si ganan los republicanos.

Si es capaz de una ocurrencia que ignora la presión fiscal y el riesgo de más inflación, y que incurre en una clara violación a la equidad electoral, por supuesto que siente que está entre sus atribuciones dictar los pasos de la Reserva Federal.

Por todo esto, Warsh se encuentra en una encrucijada: ceder a los caprichos del Ejecutivo, con lo que eliminaría de un plumazo la credibilidad institucional del organismo y desataría una convulsión mayor en el mercado de bonos; o bien demostrar que la autonomía del banco central dictará la mejor decisión que los banqueros centrales consideren en el análisis del mercado laboral y la presión inflacionaria.

Si le dieran a escoger al gobierno mexicano, seguro que la Secretaría de Hacienda estaría del lado de Trump, porque más allá de las consecuencias de largo plazo de relajar la política monetaria, una tasa más baja daría margen fiscal y monetario al propio gobierno mexicano y acá también hay intereses electorales de por medio.

Pero una postura restrictiva hacia adelante por parte de la Fed, o un inesperado incremento en la tasa de referencia este miércoles, sería un balde de agua fría sobre la economía mexicana, que se encuentra atrapada en niveles muy bajos de crecimiento, con la presión fiscal e inflacionaria de los elevados costos de los combustibles y con nulo espacio de maniobra en las finanzas públicas.

El intento de Trump por subordinar a la Fed es real, pero el mercado confía en que Warsh demostrará su confiabilidad como presidente de la institución; lo contrario descarrilaría la relativa estabilidad global actual.

ecampos@eleconomista.mx

Su trayectoria profesional ha estado dedicada a diferentes medios. Actualmente es columnista del diario El Economista y conductor de noticieros en Televisa. Es titular del espacio noticioso de las 14 horas en Foro TV.

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