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Opinión

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Fed y Banxico ante el espejismo de la desinflación

Enrique Campos Suárez | La gran depresión

Pueden creer los propagandistas oficiales que, con la inflación general muy cerca del objetivo del Banco de México (en 3.12% anual al cierre de julio pasado), hay una misión cumplida en la lucha contra el incremento de los precios.

Pero, más allá de que los consumidores tienen otros datos, los banqueros centrales deberían ser los últimos en festejar estos niveles que saben muy bien que están altamente influidos por los precios volátiles de la economía.

Cuesta trabajo creer que en las Minutas de la más reciente reunión de decisión de política monetaria de la Junta de Gobierno del Banco de México “un integrante” –como señalan ante la absurda insistencia del anonimato– haya asegurado que tanto la atonía del Producto Interno Bruto como la apreciación cambiaria son “observacionalmente” (la palabra dominguera está en el texto original) equivalentes a tener una postura restrictiva. Esto es, para dicho integrante, el mercado hace el trabajo sucio por el banco central.

Sin embargo, este triunfalismo descansa sobre un diagnóstico incompleto, porque la determinación de una mayoría de mantenerse en la zona de confort de una tasa pausada en 6.50% por largo tiempo, bajo el pretexto de que la economía ya absorbe el costo de la estabilización, enmascara un espejismo técnico que deberían conocer bien al interior del banco.

Tanto las minutas del Banco de México como las publicadas esta semana por la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) convergen en un punto crucial: la desinflación es engañosa. En nuestro país, la caída del índice general tiene que ver con el desvanecimiento cíclico de choques temporales en frutas, verduras y energéticos.

Celebrar esto como una victoria es propio de la propaganda de la conferencia mañanera, pero no algo esperado al interior de Banxico; cuando se remueven estos componentes volátiles, con esa rigidez que mantiene el sector servicios, queda claro que las presiones inflacionarias siguen ahí.

La propia Fed no está tan lejos de un dilema parecido. El Comité de Mercado Abierto decidió mantener la tasa de referencia en el rango de 3.50 a 3.75%, pero varios de sus integrantes muestran una postura más hawkish sesgados hacia el endurecimiento monetario. Allá sus problemas inflacionarios pasan por las tensiones en Medio Oriente, los choques arancelarios y hasta el impulso de la Inteligencia Artificial; pero en el fondo la realidad es la misma, la aparente moderación inflacionaria oculta riesgos subyacentes.

El centro del debate de la actual política monetaria ex-ante mexicana radica en la realidad del rango neutral que se alcanzó con la tasa nominal en 6.50% y cómo esto reduce el margen de maniobra del banco central. La debilidad del consumo no es un sustituto de la restricción monetaria, el PIB potencial de México está reducido por debilidades estructurales y la fortaleza cambiaria es efímera, volátil y externa.

Es tan sencillo como esto: si la Fed se ve obligada a retomar los incrementos en la tasa de interés en septiembre, podremos ver correcciones en los mercados financieros que dejarán al descubierto las debilidades del Banco de México en un papel de observador pasivo.

Además, históricamente el último cuatrimestre del año suele estar acompañado de presiones en los precios no subyacentes que pueden diluir el espejismo de triunfo antiinflacionario que hoy se festeja.

La debilidad del consumo no es un sustituto de la restricción monetaria, el PIB potencial de México está reducido por debilidades estructurales y la fortaleza cambiaria es efímera, volátil y externa.

Su trayectoria profesional ha estado dedicada a diferentes medios. Actualmente es columnista del diario El Economista y conductor de noticieros en Televisa. Es titular del espacio noticioso de las 14 horas en Foro TV.

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