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Opinión

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Fallo Sistémico

Jaime Cervantes Covarrubias | Columna Invitada

Cambiemos el liderazgo del mundo, una persona a la vez. ¿Está fallando el sistema o estamos fallando nosotros?

Un país puede acostumbrarse a sus heridas antes de reconocerlas. Durante treinta años como empresario del sector salud he aprendido a mirar lo que ocurre cuando una necesidad humana encuentra una respuesta fragmentada. Pero la conversación con Jorge me llevó más lejos: esa distancia también aparece en la educación, en la seguridad, en el trabajo y en nuestra manera de convivir.

Imaginemos una mañana en una familia mexicana. La madre busca atención médica; una hija organiza sus estudios; el hijo calcula si puede pedir permiso en el trabajo para acompañarla. Al mismo tiempo, alguien lleva a los pequeños a la escuela y avisa que llegó bien, porque preocupa el trayecto. El negocio familiar abre sus puertas y prepara la nómina. La vida sigue: trabajamos, aprendemos, cuidamos. Sin embargo, cada tarea exige sortear obstáculos que van consumiendo dinero, tiempo y confianza.

La escena es imaginada, pero su paradoja es reconocible. Existen escuelas, hospitales, empresas e instituciones; el país produce y se mueve. Aun así, una familia puede sentir que debe resolver sola lo que tendría que sostenerse entre muchos. Entre el funcionamiento de las partes y el bienestar de las personas puede abrirse una distancia enorme. Me interesa mirar esa distancia y comprender lo que nos impide convertir nuestras capacidades en una vida común más digna.

La semana pasada iniciamos esta segunda temporada en letras, en esta misma columna (p) palabra de líder, preguntándonos si sabemos dialogar cuando tenemos el poder. Reflexionamos sobre las condiciones del encuentro. Esta semana, la pregunta sale de la sala de juntas y alcanza al país entero:

¿Qué sucede cuando sus instituciones, comunidades y liderazgos pierden la capacidad de reconocerse y trabajar en conjunto, cuando perdemos de vista el sistema y su bien común?

Para el segundo episodio invité a mi amigo, el Dr. Jorge Guerrero Aguirre: médico, cirujano, académico, escritor y empresario, con una amplia trayectoria en el IMSS, el ISSSTE y el ISSEMYM. Su mirada parte de la medicina, pero nuestra conversación recorre México, todo el territorio, su gobernanza, a la población, las fortalezas que hemos construido y las fragilidades que debemos atender. El episodio, Fallo Sistémico, se publicará mañana, lunes 5 de octubre, en todas las plataformas digitales.

El diálogo cambió el diagnóstico

Llegué a nuestra conversación con inquietud. Desde mi experiencia como mexicano y empresario, propuse que quizá estábamos viviendo un fallo sistémico. Jorge no confirmó mi preocupación por cortesía. Me invitó a distinguir entre las dificultades que vivimos, la fragilidad de ciertas capacidades y la afirmación mucho más amplia de que un Estado ha dejado de funcionar. Esa precisión cambió el rumbo de la charla.

En su lectura, México conserva instituciones y capacidades construidas durante generaciones. Jorge recuerda nuestra infraestructura, la actividad económica y el esfuerzo de quienes sostienen al país. También hay avances que conviene reconocer: la medición del INEGI muestra que la pobreza multidimensional pasó de 43.2% de la población en 2016 a 29.6% en 2024. Ese progreso importa, y también importa que millones de personas sigan enfrentando carencias. Mirar ambas realidades permite cuidar lo logrado y comprender lo que falta.

¿Cuánto cambia nuestra posibilidad de actuar cuando dejamos de confundir una señal de fragilidad con una sentencia de fracaso?

Fallo Sistémico es el nombre del episodio y la inquietud que lo abre. Durante la charla aprendí a distinguir esa preocupación de una sentencia sobre todo México. La imagen del país como paciente nos ayuda a reconocer interdependencias; su valor está en despertar conciencia y capacidad de respuesta. Un diagnóstico que sólo ve ruinas puede impedirnos reconocer las herramientas con las que todavía podemos reparar.

Mi aprendizaje comienza ahí. Si la columna anterior invitaba a permitir que una conversación modificara una decisión, aquí me toca mostrar que también puede modificar mi interpretación. Escuchar a Jorge me llevó a una pregunta más útil que la que traía:

¿Qué capacidades debemos fortalecer para impedir que las fragilidades se acumulen y se conviertan en daños más profundos?

Una escuela puede hacer bien su trabajo y encontrar que sus estudiantes viven con miedo en el camino a casa. Una empresa puede ofrecer empleo y descubrir que la falta de transporte o de servicios dificulta sostenerlo. Una institución puede cumplir una meta administrativa mientras otra recibe las consecuencias que dejó fuera. Así aparece la dimensión sistémica: lo que cada parte consigue depende también de sus relaciones con las demás. El propósito común necesita atravesar esas fronteras.

El código postal también educa

Jorge introduce una imagen que ilumina transversalmente el episodio: el código postal. Nos invita a reconocer cuánto influyen el entorno, las oportunidades y las condiciones de vida. Dos personas pueden tener una disposición semejante y encontrar posibilidades muy distintas para estudiar, trabajar, emprender o recibir atención. El lugar donde se vive no define el valor de nadie; sí puede revelar barreras que una exhortación al esfuerzo deja sin resolver.

Regresemos a la familia de nuestra escena. La posibilidad de cuidar a su madre depende de una consulta, pero también del ingreso, los horarios y el transporte. La educación de los hijos e hijas depende de la escuela y de las condiciones para llegar, concentrarse y continuar aprendiendo. Cuando una dificultad se acumula sobre otra, la vida se organiza alrededor de resistir. El futuro pierde espacio frente a la urgencia de resolver el día.

El INEGI estimó que, en 2024, el rezago educativo alcanzaba a 32.2% de la población rural y a 14.8% de la urbana. El indicador considera la escolaridad obligatoria correspondiente a la edad y generación; no mide el talento. La brecha nos exige mirar las condiciones de aprendizaje y continuidad educativa. Detrás de ella hay trayectorias que necesitan oportunidades para desarrollarse, también en la vida adulta y dentro del trabajo.

El código postal también deja huella en cómo interpretamos al país. Quien vive cerca de buenos servicios puede dar por hecho que están al alcance de todos; quien enfrenta carencias puede sentir que las instituciones existen para alguien más. Jorge relaciona esas experiencias con la confianza y la polarización. Escuchar la vida de otra persona permite reconocer una realidad que nuestra propia experiencia no alcanza a mostrar.

¿Qué parte de México dejamos fuera cuando creemos que nuestra experiencia describe la vida de todos?

La familia es uno de los primeros espacios donde aprendemos a responder a esa diferencia. Ahí descubrimos si un desacuerdo se conversa, si una responsabilidad se comparte o si alguien debe guardar silencio para pertenecer. Esas maneras de convivir llegan después a la escuela, a la empresa y a la vida pública. Cuidar el vínculo familiar tiene una dimensión cívica: educamos también nuestra forma de participar en la comunidad.

Jorge insiste en una condición decisiva: pedir un cambio personal tiene poco alcance cuando faltan agua, alimentación, educación o certeza económica. Hacerse cargo de sí requiere posibilidades para hacerlo. Esta advertencia protege al liderazgo humanista de convertirse en un discurso cómodo para quien ya cuenta con recursos. La disposición individual necesita encontrarse con condiciones que permitan ejercerla.

A lo largo de los años como empresario y ahora como desarrollista humano, he escuchado la historia de cientos de colaboradores en mi empresa. Me di cuenta de cuánto incide su código postal en su vida y de que no puedo exigir rendimiento sin cuidar las condiciones de su bienestar. Sus historias vuelven visible la desigualdad, la vulnerabilidad y la necesidad de trabajar. Esa escucha me exige actuar para construir empleos dignos, acompañar el desarrollo humano y coconstruir prosperidad distributiva. Sin quedarnos esperando a papá gobierno o a mamá patria, pero sin relevar a las instituciones de sus obligaciones. Es una postura política activa, con propósito porque la empresa debe ser una plataforma de escucha y encuentro comunitario que contribuye a regenerar el tejido social.

Cuando la confianza deja de conectar

La confianza se vuelve concreta cuando una respuesta llega y un compromiso se cumple. Importa en el aula, donde una persona necesita creer que aprender abrirá posibilidades; en un trámite, donde espera reglas comprensibles; en una denuncia, donde busca protección. Cuando la respuesta es incierta o cambia según quién pregunta, el vínculo se deteriora. Cada encuentro institucional educa nuestra manera de relacionarnos con lo público.

La salud es una de las ventanas más claras de esa tensión. Según la Cuenta Satélite del Sector Salud del INEGI, con resultados preliminares, en 2024 los hogares erogaron directamente 800,733 millones de pesos en bienes y servicios de salud. La cifra dimensiona su esfuerzo económico; a ese gasto se suman el acompañamiento y la organización cotidiana. Una necesidad médica repercute en el presupuesto, el trabajo y los proyectos de toda una familia.

La seguridad abre otra ventana. La ENVIPE 2026 estimó que en 2025 hubo 11.7 millones de hogares afectados por delitos. Más allá del daño inmediato, la inseguridad puede modificar recorridos, horarios y decisiones para estudiar o emprender. Jorge la identifica como una debilidad que merece atención. Su reflexión nos invita a comprender cómo la protección de la vida y del patrimonio permite desplegar otras capacidades del país.

No podemos pedir a una maestra, un médico o una persona empresaria que compensen por sí solos esas dificultades. Cuidar a quien enseña, atiende, vende, limpia o construye implica preparación, recursos suficientes y una organización que permita desempeñar bien su tarea. La humanización necesita traducirse en condiciones de trabajo digno. De otro modo, corremos el riesgo de llamar vocación a la capacidad de soportar indefinidamente una carencia.

¿Qué estamos evaluando cuando una institución cumple su procedimiento y la persona sigue sin encontrar una respuesta?

En un curso impartido en el MIT, Peter Senge y Wanda Orlikowski plantean que las personas configuramos estructuras que, a su vez, influyen en nuestra acción. Esa mirada me ayuda a revisar cómo una regla que parecía resolver un problema puede producir dificultades en otro lugar. Una autorización puede ordenar el gasto y también retrasar una respuesta si nadie examina sus consecuencias. Revisarla exige comprender ambos efectos.

En el episodio, Jorge vuelve sobre la continuidad de las políticas públicas y cuestiona que asuntos como salud y educación queden subordinados a colores partidistas. Desde esa reflexión, considero necesario evaluar las transformaciones por sus resultados y conservar lo que funciona. La discusión pública debería permitirnos corregir sin obligarnos a elegir entre defenderlo todo o descalificarlo todo.

La empresa forma parte del diagnóstico

Esta conversación me interpela como empresario, más allá del sector en el que trabajo. Toda empresa participa en la vida del país mediante lo que produce y la manera en que lo hace. Una fábrica, un comercio, un hospital o un proyecto de tecnología influyen en sus colaboradores, sus familias y su comunidad. Nuestra responsabilidad incluye cumplir contratos, cuidar la calidad y actuar con integridad; también comprender qué consecuencias producen nuestras decisiones.

Una entrega puntual puede perder valor si el equipo no está listo para utilizarse. Una innovación necesita capacitación y seguimiento para convertirse en una mejora real. Un consejo de administración debe preguntar por los resultados económicos y por las consecuencias humanas de la operación. El conocimiento empresarial adquiere sentido público cuando ayuda a resolver necesidades con calidad y transparencia.

La empresa también puede fortalecer capacidades que hacen falta fuera de sus puertas. Formar a una persona amplía sus posibilidades; ofrecer reglas claras ayuda a construir confianza; facilitar que una colaboradora continúe estudiando conecta el trabajo con su futuro. El salario, los horarios y las oportunidades de desarrollo influyen en la vida familiar. Desde ahí, la actividad económica adquiere una dimensión educativa y cívica.

¿Qué país estamos ayudando a construir con la forma en que trabajamos y ejercemos el poder?

En la empresa familiar, esa pregunta toca además lo que transmitimos entre generaciones. Podemos heredar una cultura de esfuerzo que dignifique el trabajo, o una expectativa de sacrificio que vuelva vergonzoso pedir ayuda. Como padre, abuelo y empresario, me interesa que la pertenencia permita crecer, disentir y cuidarse. La fortaleza de una comunidad también se reconoce en cómo acompaña sus límites.

Jorge nos invita a generar ambientes saludables desde la casa y el entorno personal, entendidos como espacios que favorecen el bienestar y la convivencia. Al llevar esa propuesta al trabajo, encuentro una tarea concreta, la de escuchar a quienes enfrentan las consecuencias de una decisión antes de aprobarla. La reflexión de Luis sobre el ambiente dialogal sigue presente. Una organización aprende mejor cuando reportar una dificultad abre una revisión y no una humillación. Por lo que uniendo las dos columnas, les invito a comenzar a practicar el activismo dialogal constructivista para evitar un fallo sistémico.

La responsabilidad social empieza en esas decisiones y se extiende hacia la comunidad. La filantropía consciente puede acompañar, investigar, prevenir y fortalecer capacidades, con evaluación y participación de quienes reciben el apoyo. Su contribución necesita sumar a la respuesta institucional. Si sólo celebramos la ayuda inmediata, podemos dejar intactas las condiciones que vuelven necesaria esa ayuda una y otra vez.

La esperanza necesita organización

Hacia el cierre del episodio, Jorge me devuelve una mirada esperanzadora sobre México. Reconoce a la madre que lleva a sus hijos a la escuela aun en un entorno difícil, a quien estudia y a quienes trabajan todos los días. Me interesa esa mirada porque observa las capacidades que permanecen activas. Su esfuerzo merece condiciones para dar fruto; reconocerlo también nos obliga a transformar aquello que lo limita.

En la conversación también recupero Utopía, de Tomás Moro. Su crítica a la organización de la vida común permite examinar la distancia entre la riqueza y el bienestar de quienes sostienen una sociedad con su trabajo. No necesitamos adoptar su modelo para recibir la pregunta ética que abre. Desde nuestra realidad, podemos preguntarnos cómo producir prosperidad que amplíe las posibilidades de vivir con dignidad.

Desde el Humanismo Mexicano Regenerativo, propongo comenzar por una relación concreta que necesite reparación. En casa, conversar sobre una responsabilidad que está recayendo siempre en la misma persona. En la empresa, escuchar qué obstáculo impide aprender o trabajar mejor. En la comunidad, participar en un proyecto que conecte capacidades con necesidades. Cada acción necesita un compromiso y una forma de observar si mejoró la vida de alguien.

El primer sector –el gobierno– debe garantizar derechos y sostener políticas evaluables; el segundo –la empresa–, generar prosperidad y condiciones dignas; el tercero –la asociación civil–, acompañar, vigilar y construir capacidades. Los tres son agentes de cambio. Cooperar exige responsabilidades identificables, recursos y rendición de cuentas. Un propósito compartido adquiere fuerza cuando sabemos qué corresponde hacer a cada quien.

Mañana te invito a ver y escuchar Fallo Sistémico, con el Dr. Jorge Guerrero Aguirre, en YouTube, Spotify e iTunes Podcast. Esta segunda temporada seguirá dialogando con cada invitado también en letras en esta columna. En este encuentro pasé de la inquietud por un país que parecía fallar a una pregunta más fértil:

¿Cómo fortalecer lo que nos sostiene y reparar las relaciones que impiden avanzar en conjunto?

Regreso a la familia de aquella mañana. La madre necesita atención; los hijos e hijas, aprender y volver con seguridad; el negocio, producir y sostener empleos. Son proyectos distintos que comparten una necesidad: contar con otros. México se fortalece cuando esa confianza encuentra respuestas. Cuando una persona deja de sentirse sola frente a cada dificultad y descubre que forma parte de una comunidad capaz de acompañarla.

¿Con quién necesitamos empezar a reconstruir esa confianza?

Todo comienza por uno mismo o una misma: reconocer lo que debo aprender, cuidar mis vínculos y cumplir mi parte. El liderazgo humanista lleva esa conciencia hacia el bien común. Regenerar el tejido social exige que nuestras capacidades vuelvan a encontrarse al servicio de la vida.

Referencias:Jaime CC.jpg

Cervantes Covarrubias, Jaime, y Jorge Guerrero Aguirre. Fallo Sistémico. Palabra de Líder, temporada 2, episodio 2. Transcripción por hablantes, 50:13. Archivo de producción previo al estreno. Intervenciones recuperadas mediante paráfrasis. https://docs.google.com/document/d/15adLIK01N9ZIAgvK7Ol7bdzlF3gillrC/edit

INEGI (2025). Cuenta Satélite del Sector Salud de México 2024. Resultados preliminares, reporte 89/25, p. 6. Erogación directa de los hogares en bienes y servicios de salud. https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2025/saludsat/CSSSM2024_RR.pdf

INEGI (2025). Análisis de los resultados de la medición de la pobreza multidimensional 2024. Reporte 27/25, pp. 9 y 16. Evolución de la pobreza 2016–2024 y rezago educativo rural y urbano. https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2025/pm/pm2025_RR_08.pdf

INEGI (2026). Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) 2026. Presentación nacional, pp. 3 y 6. Victimización durante 2025; muestra de 102,032 viviendas. https://www.inegi.org.mx/contenidos/programas/envipe/2026/doc/envipe2026_presentacion_nacional.pdf

Senge, Peter, y Wanda Orlikowski (2002). Organizations as Enacted Systems: Learning, Knowing and Change. Programa del curso, apartado Purpose. MIT OpenCourseWare. https://ocw.mit.edu/courses/15-963-organizations-as-enacted-systems-learning-knowing-and-change-fall-2002/pages/syllabus/

Moro, Tomás (1516). Utopía. Libro II, reflexión final sobre trabajo, riqueza y bien común. Edición pública en inglés, traducción de Gilbert Burnet, Project Gutenberg. Se interpreta la obra, sin citas textuales. https://www.gutenberg.org/files/2130/2130-h/2130-h.htm

Y… recuerda, liderar no se trata de dirigir, se trata de humanizar.

*El autor es Doctor en Desarrollo Humano por la Universidad Motolinía del Pedregal; Maestro en Desarrollo Humano por la Universidad Iberoamericana; Master Ejecutivo en Liderazgo Positivo Estratégico por IE Business School y Licenciado en Comunicación Gráfica por la Universidad La Salle. Es Presidente del Consejo de Administración de Vitalmex, Liderálity, Indômito y otras empresas; Presidente del Patronato de la fundación Lilo México; Empresario, docente, consejero sistémico estratégico, padre de familia y columnista en El Economista

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El autor es Doctorante en Desarrollo Humano, Universidad Motolinía del Pedregal, México; Master en Desarrollo Humano, Universidad Iberoamericana, México Master ejecutivo en Liderazgo Positivo Estratégico, Instituto de empresa, España.

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