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Existencia no es disponibilidad; demanda no es consumo

Una compra china puede convertirse en embarque estadounidense sin convertirse necesariamente en mayor consumo mundial.

OpiniónEl Economista

Qué tal, muy buenos días, buenas tardes, buenas noches, te saludo en todos los tiempos y si me permites, vamos tocando tierra corriendo porque los mercados no están pagando necesariamente por escasez.

Están pagando por convertir inventarios, cosechas y barriles existentes en producto disponible, mientras China, el clima, la logística y una elevada participación especulativa hacen cada vez más difícil separar demanda real de expectativa.

Hay petróleo, hay maíz, hay soya y hay trigo. Buena parte de las tensiones actuales no proviene de que el mundo se haya quedado sin producto, sino de algo menos dramático y económicamente muy distinto: tenerlo no significa poder entregarlo cuándo y dónde se necesita.

El petróleo ofrece el ejemplo más visible. Arabia Saudita ha conseguido recuperar una parte importante de sus exportaciones aun con Petroline afectado, utilizando nuevamente Ormuz y una red más costosa de transbordos y transporte marítimo.

El barril existe y está llegando al mercado, pero hacerlo disponible requiere más barcos, más tiempo y por supuesto, fletes extraordinariamente altos. Esa recuperación permitió al WTI regresar debajo de 100 dólares, aunque la logística siga lejos de la normalidad.

En agricultura está ocurriendo una versión menos espectacular del mismo problema.

Estados Unidos tiene una cosecha de maíz y soya prácticamente formada, pero una parte permanece en el campo. Las lluvias previstas sobre sectores del oeste del Cinturón de Maíz no necesariamente reducen esa producción; retrasan su conversión en oferta física.

Una tonelada dentro de una planta y una tonelada esperando una ventana seca pertenecen al mismo balance, pero no tienen el mismo valor para quien la necesita hoy.

Esa diferencia ayuda a explicar por qué maíz y soya pudieron superar los máximos de la semana pasada justo cuando debería aumentar la presión estacional de cosecha. El mercado no está diciendo necesariamente que falte grano. Está pagando para acercar en el tiempo algo que sabe que existe.

China complica todavía más esa lectura. Las conversaciones entre Washington y Pekín avanzaron durante el fin de semana y agricultura aparece entre los productos que podrían beneficiarse de un nuevo mecanismo comercial. Sin embargo, no hubo nuevas toneladas comprometidas.

El mercado reaccionó antes: la soya subió alrededor de 20 centavos por bushel y el maíz cerca de 15 mientras la posibilidad de compras adicionales empezó a incorporarse al precio.

Aquí aparece la siguiente distinción: demanda tampoco significa consumo. China puede anunciar compras adicionales de soya estadounidense sin que su industria haya aumentado en la misma proporción el volumen que necesita procesar. Puede cambiar origen, calendario, inventarios o composición de sus reservas.

Para Chicago sería demanda nueva; para el balance mundial podría ser, en parte, una redistribución de compras que habrían ocurrido en otro origen o en otro momento.

Una cumbre Trump-Xi capaz de producir grandes compromisos agrícolas podría entonces ser alcista para el origen estadounidense sin demostrar por sí misma que China está consumiendo más.

Ese matiz importa especialmente cuando el mercado llega cargado de posiciones financieras. Los fondos ya han construido exposiciones muy elevadas en varios contratos agrícolas, con harina de soya recientemente en niveles récord de posición neta larga.

Cada nuevo titular sobre China, lluvias, Mar Negro o Medio Oriente encuentra por tanto un mercado con capital suficiente para amplificar la reacción.

El riesgo geopolítico agrega prima; el clima agrega otra; la expectativa comercial puede colocar una tercera encima antes de que la primera haya terminado de resolverse.

El resultado empieza a parecer menos una historia de escasez que un mercado pagando simultáneamente por varias dificultades de acceso.

Cuando alguna de ellas desaparezca, será importante observar qué queda debajo. Una ventana seca puede convertir rápidamente cultivo en grano disponible.

Una reparación logística puede transformar inventario petrolero en exportación normal.

Una compra china puede convertirse en embarque estadounidense sin convertirse necesariamente en mayor consumo mundial.

Cada hilo pertenece a un balance distinto y quitar uno no obliga a que los demás desaparezcan.

Los costales de grano tienen una pequeña lección para estos mercados. Quien encuentra los hilos correctos y los jala en orden abre la costura casi sin esfuerzo.

Quien empieza a tirar de todos termina fabricando un nudo que le obligara a usar las tijeras y desperdiciar energía.

El mercado está bastante cerca de ese segundo escenario. Está intentando valorar al mismo tiempo cosecha, clima, China, Ormuz, Mar Negro, tasas, petróleo y posiciones especulativas.

Las primas empiezan a superponerse y cuesta distinguir cuál pertenece a una escasez verdadera y cuál simplemente al costo de hacer disponible algo que ya existe.

La siguiente etapa probablemente no consistirá en descubrir cuánto producto hay. Consistirá en separar, hilo por hilo, cuánto cuesta tenerlo disponible, cuánto de la demanda termina consumiéndose y cuánta prima pertenece solamente al nudo que el mercado construyó mientras esperaba ambas respuestas.

¿Estás en buenas manos?

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