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La división de la memoria
Mariano Espinosa Rafful | Siempre hay otros
Todos tenemos dos vidas,
la segunda empieza cuando nos damos cuenta que tenemos solo una.
Confucio
Tal vez hasta en modo sobresaliente, lo que escuchamos en el informe del segundo piso de la denominada Cuarta Transformación, con Claudia Sheinbaum al frente de un gobierno que está transitando en notables decisiones desde ese poder indivisible, inflexible, con la madurez de la experiencia al servicio de un pueblo que también observa y pocas veces calla.
Hay pendientes y deberes que se fueron dejando de lado en el sexenio anterior, obras inconclusas y sin un sustento de proyecciones para enderezarse por si solos, muestras varias, como el aeropuerto Felipe Ángeles, subutilizado, o una refinería que no ha logrado ni siquiera alcanzar el cincuenta por cierto de su capacidad de respuesta con el gastó estratosférico, guardado como secreto de estado.
Con visión y convicción, más allá de las críticas, de quienes se beneficiaron por décadas del poder político en sus estados, como el maltrecho Campeche o el marginal Veracruz, donde ex gobernadores siguen lucrando con sus hijos en cargos plurinominales, acuerdos debajo de la mesa, y cinismo que raya en esa locura de creer que tienen la razón, reclaman a este escribano describir la realidad, retratándose tal cual son, corruptos sin futuro.
Hoy la apuesta en materia de seguridad ha cambiado no solo la percepción del día a día, a pesar de acusar recibo de lo que quieren que llamemos terrorismo, una palabra que lejos de hacer ruido, convoca a la reflexión, al derecho a informarse, atender las causas de sus orígenes, y sobre todo hurgar en las investigaciones esas afectaciones a negocios que por años tenían hasta el visto bueno de un negociador antes que la autoridad, las ferias de los pueblos.
Cambio en las estrategias, no más abrazos de ese crimen que se comete con la complicidad de los señalados y no entregados, de los buscados y no encontrados, de los desaparecidos que no descansan en la perversidad de decir que fue por su propia voluntad, si todos los días vivimos momentos indescriptibles, en ese absurdo de la extorción, el chantaje y un modus operandi que poco a poco caen en cifras reales.
Hay juventud para pensarnos el futuro menos rudo, hay desde el poder político seriedad y compromiso, la educación como punta de lanza no estandarte en el discurso, atención hospitalaria aún con problemas de distribución y calidad en los servicios, porque no todas y todos tienen la honestidad de estar donde privilegien la salud y la educación, deberes en un México que arrastra corrupción y desencanto.
Austeridad solo en algunos protagonistas, porque la mayoría están sumidos en las tentaciones, los viajes, lujos y privilegios, esos que desde el pueblo se discuten, señalan, pero no hay castigos ejemplares para dejarlos fuera de las posibilidades para seguir medrando en los espacios del despilfarro sin rendición de cuentas.
Hay que ir a la glosa del segundo informe de la presidenta Sheinbaum, porque no todo es miel sobre hojuelas, ni todo el cielo es negro ni rojo, acusando recibo de una oposición disminuida y nada propositiva, porque para ellos no se trata de sumar o multiplicar, sino regresar por más riqueza, casas, terrenos, negocios al amparo de la simulación y los prestanombres, gozando de un fuero insultante para la clase media que trabaja más de quince horas diarias.
Bien dicen que no todos llegan, ni resisten y menos aprenden, pero sí casi todos quisieran seguir en esa burbuja para no ser vistos; no es cuestión de suerte ni de chantajes, el discurso debe ser congruente entre el retrato hablado de la realidad y la realidad misma.
Entre líneas
Nos guste o no, los números son ciertos y contundentes, los programas sociales atenderán al final de este 2026, a más de 40 millones de mexicanas y mexicanos, que logran con ello, tener a su alcance lo que antes era una ilusión óptica, por las desatenciones y excesos desde el poder y sus políticos. Eso ha cambiado sin duda.