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Opinión

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El debut del halcón

Jorge A. Castañeda | Columna invitada

Hoy jueves arranca la edición 48 del simposio de Jackson Hole, la reunión anual de banqueros centrales en un pueblito perdido en las montañas de Wyoming donde se pronuncian algunos de los mensajes de política monetaria más importantes del planeta. El tema oficial es la innovación financiera y los pagos digitales, pero nadie viaja hasta allá por las stablecoins. Todos esperan mañana a las 8 de la mañana, hora de México, el debut de Kevin Warsh como presidente de la Reserva Federal.

Por primera vez en años, la pregunta no es cuándo bajará las tasas la Fed, sino si tendrá que subirlas. La inflación estadounidense lleva más de cinco años por encima de la meta del 2%: el PCE de julio salió más caliente de lo esperado, con la inflación general en 3.7% y la subyacente estancada en 3.3% por cuarto mes consecutivo. El mercado laboral se enfría: se perdieron 23,000 empleos en julio y el desempleo “bajó” a 4.1% solo porque la gente dejó de buscar trabajo. El PIB creció apenas 1.5% en el segundo trimestre. El FOMC de julio votó 9 a 3, con tres presidentes regionales pidiendo un alza, la primera triple disidencia desde 2016. Hoy, los mercados asignan alrededor de 30% de probabilidad a un aumento en septiembre.

Warsh llega con fama de halcón y una de las confirmaciones más divididas en la historia de la Fed: 54 a 45 en el Senado. Desde mayo eliminó la orientación futura y ha repetido que la meta “no es blanda: es 2%”. Aquí está la gran ironía: fue nombrado por Trump, quien exige tasas bajas para abaratar una deuda que ya rebasó los 40 billones de dólares. El bono a 30 años tocó 5.34%, su máximo en 19 años, y el Tesoro de Bessent anunció que duplicará sus recompras de deuda larga. Stanley Druckenmiller lo fulminó en el WSJ: “no fue gestión de liquidez, fue gestión de precios”. 

Si Warsh prepara al mercado para subir, contradirá a quien lo puso ahí. Esa es la verdadera prueba de su independencia y autonomía. Y sucede mientras la Casa Blanca insiste, por segunda vez, en destituir a la gobernadora Lisa Cook, cuyo plazo para responder venció ayer mismo. La Suprema Corte ya la protegió una vez, por 5 votos a 4.

¿Qué implica todo esto para México? El peso cotiza debajo de 17 por dólar, su mejor nivel en más de dos años. Pero no hay que engañarse: buena parte de esa fortaleza responde a un dólar débil y, sobre todo, al diferencial de tasas. Banxico paga 6.50%, frente al 3.50%-3.75% de la Fed: unos 275 puntos base que hoy son el combustible del carry trade que sostiene al superpeso y, al mismo tiempo, el colchón más estrecho desde 2016. La inflación quincenal repuntó a 3.26% con la subyacente en 3.93%, y hoy mismo Banxico presenta su Informe Trimestral. Si mañana Warsh valida la postura de los halcones y la Fed sube las tasas en septiembre mientras Banxico se queda quieto, ese colchón se comprime y el principal soporte del peso se debilita. El tipo de cambio que el gobierno presume como prueba de fortaleza depende, una vez más, de decisiones que se toman en Washington o en Wyoming.

Jackson Hole no decide nada formalmente, pero es ahí donde la Fed escoge sus palabras con más cuidado que en cualquier otro momento del año. En 2020, Powell anunció ahí su nuevo marco; en 2022 aquel “some pain” que anticipó el ciclo de alzas, y apenas en 2025 abrió la puerta a los recortes que dispararon los mercados. Veinte minutos sin sesión de preguntas podrían definir la pauta monetaria del próximo año, la suerte del carry trade y la del superpeso. A ver qué nos dice el halcón. Al tiempo.

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