Lectura 4:00 min
La Cultura de la Paz, Temporada de Informes
Pascual Hernández Mergoldd | La cultura de la paz
“Nada va bien en un sistema político en el que las palabras contradicen los hechos”, Napoleón Bonaparte
Entramos a la temporada 2026 de giras de informes. La Presidenta realizará una gira por los 31 estados del país tras presentar su Segundo Informe de Gobierno en Palacio Nacional. Se ofrecerán datos y cifras con los que la Mandataria ilustrará los logros de su primer bienio. Este formato ha sustituido la comparecencia tradicional en la más alta tribuna del país. Resulta paradójico que, pese a la obsesión por cámaras y micrófonos y a la afición tanto de la Mandataria como de su antecesor por reformar la Constitución, no se haya retomado el formato original de rendir cuentas ante el Congreso de la Unión, especialmente contando con una mayoría calificada que, aunque espuria, garantizaría aplausos y vítores.
La palabra, que en manos de poetas y escritores se convierte en arte, corre aquí el riesgo de ser utilizada como instrumento de manipulación y la Presidenta, en su condición de oradora, como operadora de la destrucción. Hablar mucho y decir poco ha sido la constante de los monólogos mañaneros de los inquilinos de Palacio Nacional, quienes han hecho alarde de palabras huecas para falsear la realidad, difundir decisiones autoritarias, acrecentar la polarización y anunciar ocurrencias que han erosionado el Estado de Derecho.
Es previsible que en el informe se omitan los problemas nacionales más graves: la desaparición cotidiana de personas, el estancamiento económico, el aumento del empleo informal y la caída del empleo formal, la baja en ingresos tributarios y el incremento de la deuda pública. También es muy probable que se evite la mención al lastre para las finanzas públicas que representan los subsidios destinados al Tren Maya, Mexicana de Aviación, Dos Bocas, Litio MX, el AIFA y la Megafarmacia, proyectos que no despegan.
La llamada transformación avanza diluyendo -sin tregua- los derechos individuales e imponiendo el pensamiento único del oficialismo, subordinando al ciudadano al aparato gubernamental y censurando la libertad de expresión bajo el disfraz de “derechos de las audiencias”.
La sistemática reducción de derechos ciudadanos, acompañada de una manipulación constante de la ley a conveniencia, es evidente en la reciente iniciativa presidencial para modificar la Constitución y prohibir que quienes poseen doble nacionalidad puedan ser gobernadores o presidentes. Sin embargo, no es seguro que sus correligionarios en el Legislativo la respalden en los términos planteados, como ha ocurrido con otras de sus iniciativas.
Estos ocho años han estado marcados por una política asistencialista sin desarrollo, orientada únicamente a la obtención de votos.
La Presidenta es presa de la herencia negativa de su antecesor y de falta de fuerza institucional -aunque la tenga en lo personal- para redefinir su margen de maniobra y reencauzar la política nacional en los cuatro años restantes de su mandato.
Pesan fundadas y crecientes sospechas sobre los vínculos del oficialismo con cárteles de la droga para el financiamiento de sus campañas electorales, actos de narcoterrorismo, tráfico de influencias y corrupción, todo ello encubierto por los mandatarios.
El rumbo es equivocado y urge evitar que el país quede en peor estado del que estaba.
¿Quiénes somos y en qué nos estamos transformando?
Para propiciar una convivencia armónica y respetuosa, es indispensable que el oficialismo abandone la humillación, la parcialidad y el desprecio hacia quienes piensan distinto y a la ciudadanía en general. La reconstrucción de México requiere una cultura de la paz y de concordia que sólo será posible mediante un contagio positivo que generalice la práctica del diálogo en todos los ámbitos de interacción social.
*El autor es abogado y mediador profesional.
X @Phmergoldd