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La Cultura de la Paz, ¿Derechos de las Audiencias o Censura?
Pascual Hernández Mergoldd | La cultura de la paz
“Si hubiéramos querido censurar, ya lo hubiéramos hecho.” Claudia Sheinbaum
Desde diciembre de 2018 la política oficialista mexicana ha tenido como eje central el socavar el orden democrático. La deriva autoritaria se ejecuta desde entonces mediante la concentración del poder y el debilitamiento -cuando no la demolición- de los contrapesos institucionales y de la cultura de la paz.
Una de sus vertientes más visibles es la obsesión por manipular la opinión pública a través de la mentira y la opacidad. Para ello se utilizan las “mañaneras”, financiadas con recursos públicos, y la reserva discrecional de información. Siguiendo técnicas inspiradas en el ministerio de propaganda nazi, el oficialismo repite sus falsedades con tal frecuencia que el llamado “pueblo bueno y sabio” termina por creerlas, y sus correligionarios las asumen como verdades. La 4T está convencida de que una mentira contada mil veces se convierte en realidad.
La verdad, enemiga mortal de la mentira, es también el mayor adversario del oficialismo. Por ello teme a la crítica periodística y a lo que circula en redes sociales. Esa es la razón de fondo para imponer una política de censura disfrazada de “Lineamientos Generales para la Protección de los Derechos de las Audiencias” cuyo verdadero propósito es limitar derechos ciudadanos esenciales: la libertad de expresión y el acceso a la información.
Los derechos de las audiencias garantizan que toda persona pueda acceder a una programación en radio y televisión que respete sus derechos, siempre con la libertad de elegir qué ver y qué escuchar.
El oficialismo pretende imponer lineamientos similares a los del chavismo venezolano, que previeron sanciones y multas a los medios, con el fin de borrar la libertad de expresión y controlar la crítica. De prosperar los lineamientos oficialistas en México, la libertad de expresión quedará seriamente debilitada, pues los medios, ante la amenaza de severas sanciones económicas impuestas por el gobierno, podrían optar por el silencio y caer en la autocensura.
Nadie desea que el gobierno actúe como “defensor” frente a periodistas o medios, ni que decida qué información es veraz u oportuna. Lo que la sociedad necesita es un gobierno que cumpla con su función esencial: salvaguardar la vida, la integridad, los bienes y los derechos de las personas, además de preservar el orden público, las libertades, la convivencia pacífica y la cultura de la paz.
Los gobiernos de Campeche y Puebla ya aplican medidas de censura. El INE, autoridad electoral encargada de celebrar y regular los procesos electorales, aplica la censura contra críticas al partido oficial y sus correligionarios, ignorando que en una democracia la función de las autoridades no es proteger a políticos ni partidos de la crítica, sino proteger el derecho de los ciudadanos a ejercerla.
Los dichos y medidas de la Mandataria parecen tener como propósito distraer al “pueblo bueno y sabio” para que se acostumbre al creciente desastre nacional y al encubrimiento de sus correligionarios señalados por el gobierno de Estados Unidos, en perjuicio del país.
La distracción es, en efecto, el mayor enemigo del éxito, de la productividad, del progreso y de la atención plena a los problemas reales, así como de la recuperación del Estado de Derecho, instituciones, leyes y libertades.
Mientras tanto, los partidos de oposición permanecen inactivos y divididos, lo que reduce sus posibilidades de obtener algún triunfo electoral en 2027.
Es hora de que la procuración y la administración de justicia deje de ser selectiva; se recupere la democracia deliberativa como modelo político, donde la legitimidad de las decisiones surja de la colaboración, la deliberación informada y el consenso plural. Sólo así podrán construirse las sinergias necesarias para recuperar la armonía, la concordia y la cultura de la paz.
Nuestra solidaridad con el pueblo de Colombia.
*Abogado, negociador y mediador.
X: @Phmergoldd