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La cultura feminista

OpiniónEl Economista

Hay una cosa muy interesante de la relación de la presidenta (con A) con los movimientos feministas, el 8 M y etcéteras. Lo que pasa es que es incómodo hablarlo, pero haré mi mejor esfuerzo.

La presidenta no es una mujer convencional, ni una feminista de manual. Es una líder brillante y ha sido bastante crítica para con los feminismos más visibles. A veces coincido con sus críticas, a veces creo que nos ha mirado con injusto recelo.

Cuando hablábamos del sistema de cuidados, la escuchamos decir muchas veces: está bien, pero empecemos con las más pobres, con las obreras de Juárez o las jornaleras de Sinaloa. Tenía razón. Una y otra vez, la presidenta nos ha hecho voltear a ver a las mujeres a la cuales no necesariamente se les ponía al frente de la lucha. Una y otra vez las indígenas, las más pobres, niñas, las jóvenes. Una y otra vez, la presidenta nos ha dicho sí, pero con todas, de veras todas, hasta las que no han tenido acceso a nombrarse feministas. Hasta las que habitan instituciones que no nos gustan como la milicia y la policía.

Yo me hice feminista luchando por los derechos sexuales y reproductivos, con una educación muy occidental desde la visión de las blancas europeas y norteamericanas y poco a poco me fui empapando de los otros feminismos, los barriales, los negros, los latinoamericanos, los de la vivienda y en los últimos años, hasta los teológicos, porque sí, la fe, como el cuerpo de las mujeres, también es un territorio en disputa. A mi yo anterior le hubiera costado mucho trabajo entender que el saludo de la presidenta, el mero 8 de marzo fuera justo, con las mujeres de las fuerzas armadas. Pero ahora que mis compañeras de trabajo también son las policías, y la vida me ha dado la oportunidad de mirarlas cada vez con menos prejuicios, ese acto no me parece tan ilógico.

Lo cierto es que cuando se desata un proceso de reflexión al interior de cualquier sector de mujeres, lo que nos encontramos es lo mismo: el patriarcado nos impide el paso a todas. Las policías y las militares sufren y han sufrido violencias de sus compañeros y de sus superiores históricamente y es un poco absurdo pensar que el feminismo no alcance también para ellas, aunque, seguramente muchas pensamos que la apuesta desde los feminismos es que el mundo no necesite ejércitos ni policías. Estando el mundo como está, ni modo que no veamos que las policías y los ejércitos, son instituciones patriarcales que en el origen son creadas para sostener el estado de las cosas y uno de esos estados de las cosas es la opresión de las mujeres.

Pero los ejércitos y las policías, están compuestas por personas de una diversidad importante, como todas las instituciones. Y sin duda, que también están compuestas por mujeres que como usted y como yo, nomás queremos que nos dejen vivir en paz, sin diferencias y sin discriminación.

En fin, incómoda o no, la presidenta ha usado toda su embestidura para poner a las mujeres al frente de la discusión, el cuidado y la atención. No necesariamente ha seguido la receta de “las feministas”, porque tiene su opinión y al fin y al cabo, la visión global de las cosas. Pero de que el patriarcado la golpea, como a todas eso que ni qué. Para muestra dos botones: el nefasto señor que la acosó en la calle y el presidente Trump opinando sobre su belleza o la belleza de su voz, para insistir en el inmoral discurso de intervenir nuestro país.

Incómoda sin duda. Todas las grandes líderes y las grandes feministas son incómodas. Ni modo.

#SuSecrechula

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