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Opinión

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La crisis en clave para los afligidos

Mariano Espinosa Rafful | Siempre hay otros

Para corregir un error, hay que sobrepasar los límites justos. Mao Tse Tung

No hay tregua para las tempestades políticas, que están desafortunadamente por encima en las atenciones a lo económico, en un país como el nuestro, en esos avatares de sobresaltos entre crisis de credibilidad y padecimientos de resfriados consecutivos, que derivan en pulmonía.

Pareciera que las elecciones intermedias de 2027 les quitan el sueño a decenas de miles de afortunados, sorteadores en las listas de procesos internos opacos, lejos de la bondad de quienes todavía consideran que sus votos en las urnas definen los resultados finales.

La agenda primordial de todo gobierno debiera ser el pueblo, en una democracia donde se privilegia el diálogo transparente, la atención a las víctimas y el despliegue nada mediático de aquello que nos preocupa más, la economía familiar que gira en torno en la mayoría de los casos a un solo miembro.

Por eso Cuba y México se parecen tanto, desde la última revolución que dio paso a la dictadura socialista de Fidel Castro, con todas las aristas a considerar, a favor o en contra, de lo que leemos, vemos y nos enteramos de ambos países, en esos contrastes innegables de la realidad.

Hoy no hay afligidos en Miami, sino oportunistas que ven con buenos ojos, la apertura a un comercio que podría salvar el régimen actual, pero cuando nos enteramos quien realiza la declaración desde lo cómodo del poco poder de decisión, entra en la escena Donald Trump, quien por cierto tocará retirada pronto de Irán. Al tiempo. 

Los gritos de libertad del pueblo cubano, manifestado en las redes sociales, no son grabaciones superfluas, ni protestas aisladas, menos auspiciadas desde el exterior, donde se convoca a donar a una cuenta en ese sospechosismo mexicano de adonde irá a para el dinero realmente.

Buques con petróleo bloqueados para terminar de asfixiar a los Castro y Diaz Canel, cuesta trabajo aceptar que lo que era un “paraíso”, tuviera que exportar artistas, deportistas y hasta médicos en especialidades cuestionadas en la pandemia, para darle oxigeno a un régimen que, sin el apoyo de la ex Unión Soviética, hoy Rusia y China, sucumben por la maldad y las restricciones. 

Dictador de la locura también lo es Donald Trump, un enfermo de poder, que utiliza la fuerza de los medios, además de la indiferencia de la oposición, como en México, para imponer su ley, la del más fuerte, que poco a poco se ve disminuida.

No invadirá Cuba, pero vaya que tratará por todos los medios de acabar con el socialismo que está sepultando a los que menos posibilidades tienen de salvarse, sin alimentos, sin luz, sin conexión con el mundo exterior.

Pero hablar de otro país sin conocer sus entrañas nos puede parecer extraño, pero en el contexto de las suposiciones y comparaciones al margen del discurso político de ambas lados, México no está distante de parecerse a Cuba, donde la ley y el orden van en un solo carril, pareciera dictado desde palenque el rumbo.

ENTRE LÍNEAS

Finalmente llega este martes el plan “B” al Congreso, donde los otros afligidos están en los estados y municipios, porque sus “liderazgos partidistas”, tuvieron a bien salvarse de la quema de sus privilegios, dando paso a ahorros ínfimos en las rebajas de sueldos y gastos de diputados, alcaldes y regidores. Vaya lío.

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