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Opinión

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¿En su colonia ya cerraron la primaria?

Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas

Una muestra más de que el mundo ya no es como antes: están cerrando escuelas primarias privadas.

Vaya problema, en especial para muchas mujeres que buscan trabajo en esta actividad.

Recuerdo cómo al inicio de este siglo, construían en cada barrio una primaria para atender un mercado en boom: la más grande generación de niños en la historia de este país.

Ahora, más de 20 años después, esa generación centennial brinda oportunidades y plantea retos a las universidades, pero detrás de sí deja primarias cada vez más vacías: no hay suficientes alumnos que sustituyan a quienes egresan.

Su valor social es enorme. Pero, como negocio, vaya que se ha descompuesto el de instalar una primaria. Las cifras oficiales de la Secretaría de Educación Pública brindan la evidencia.

La razón es fácil de explicar: en estos días de ‘perrihijos’, cada vez nacen menos niños.

En 2019 había un millón 369 mil alumnos en primarias privadas. En 2025, un millón 338 mil.

Pasamos, en ese lapso, de 9 mil 248 escuelas primarias privadas a 9 mil 148, de acuerdo con reportes oficiales. De la pandemia para acá, el número de pupitres llenos bajó en 31 mil y desapareció una centena de escuelas.

Evidentemente, esto afecta las inversiones de quienes instalaron esos centros de estudio, en un problema que puede agravarse.

Pero también cierra puertas a profesionistas con habilidades pedagógicas que aspiran a hacer carrera en la docencia, una opción muy popular entre las mujeres.

La de “formación docente para educación básica, nivel primaria” es una profesión en la que el 69.5% de las personas ocupadas son mujeres, de acuerdo con el Observatorio Laboral, una institución gubernamental.

Paradójicamente, las profesiones con una demanda importante que he expuesto en columnas anteriores carecen de participación femenina, de acuerdo con la misma fuente.

Ellas representan menos del 8% de quienes tienen trabajo en electrónica y telecomunicaciones; electricidad y generación de energía; o ingeniería de motores, barcos y aviones.

Ahí hay un reto y una oportunidad bien grandes. ¿Cuál es el problema? O, mejor dicho, ¿cuáles son todos los problemas?

¿Las mujeres evitan carreras que implican tecnología o los hombres han convertido esas profesiones en ambientes hostiles para ellas?

Hay muchas aristas que surgirán a partir de las primarias subutilizadas: ¿la devaluación de esos predios y de los comercios aledaños? ¿La inseguridad y la contaminación derivadas de inmuebles deshabitados? Pero quizá lo más relevante de este fenómeno sea brindar oportunidades a quienes se quedarán sin empleo.

Conocí de primera mano el caso de una mujer soltera de unos 30 años, harta de que su situación laboral nunca cambiara en la escuela en la que trabajó hasta hace unos cuatro años.

No logró construir un patrimonio y llegó a una etapa de subsistencia en la que esta maestra solo podía pagarse un cuarto y su comida. La reducción de personal en la escuela la sometió a mayores cargas laborales y cayó en un cuadro de depresión.

Su novio, un especialista en programación de software, la acercó a Accenture, una empresa multinacional en la que él había trabajado.

Esta y otras compañías ofrecen programas de capacitación que permiten a profesionistas cambiar de carrera e integrarse a labores productivas para auxiliar a empresas en sus procesos de digitalización o de adaptación a la economía de la inteligencia artificial.

Después de un par de años, ella cambió de empleo, multiplicó su ingreso y comenzó a ascender en la compañía. Recientemente dio el enganche de una casa.

También expuse el caso de la francesa Schneider Electric, cuyos programas pueden llevar a personas con poca capacitación hacia una especialización técnica en electricidad.

En estos días, cuando el gobierno presume la apertura de posiciones en preparatorias y universidades, conviene fijarse también en quienes ya se graduaron, pero lo hicieron en la profesión inadecuada. Quizá ahí también haya una oportunidad de impactar.

Comunicólogo por la UANL, con estudios sobre Mercados de Petróleo, Gas y Energía en la Universidad de Houston. Fue reportero y editor de información de Negocios en Milenio, El Norte y en Reforma, en donde fundó la columna institucional Capitanes. Fue Director General de Información Económica en El Financiero y fundador de la revista Bloomberg Businessweek México. Como Director General de Proyectos Especiales de El Financiero encabezó los esfuerzos de contenidos digitales de la organización. Desde 2014 escribe su columna Parteaguas, dedicada a negocios disruptivos y tecnológicos, que tiene réplica en un podcast: Parteaguas Diario y en redes sociales @parteaguasclub.

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