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La ciudad del delirio
Nalleli Candiani | Columna invitada
La ciudad es una experiencia extrema compartida a la que llamamos realidad. La ciudad funciona a partir de delirios compartidos.
Es un acuerdo que se sostiene incluso cuando empieza a fracturarse frente a nosotros. Ya no podemos distinguir con claridad qué proviene de una inteligencia artificial o qué es lo que vemos día a día.
La percepción dejó de ser un terreno confiable. La ciudad también.
La ciudad exige cada vez más tiempo para desplazarse. Tráfico desquiciante, trayectos indignos, manifestaciones casi diarias, cortes de circulación sin previo aviso.
Violencia. Inflación. La incertidumbre sobre el futuro se instala como una atmósfera constante.
La gentrificación avanza, reorganiza el espacio, crea ciudades perfectas como islotes. Desplaza cuerpos, redefine quién puede habitar y quién no. Afuera de esos islotes, la ciudad se desborda: comerciantes improvisados.
Cuerpos que ya no tienen lugar, formas de habitar que no entran en ningún orden. Personas en situación de calle que ya no transitan: permanecen. No están fuera del sistema. Son su consecuencia más visible. Lo increpan a veces a uno con sus delirios.
Aun así, el sistema se sostiene.
Seguimos llamando funcionamiento a lo que claramente no funciona.
Seguimos participando de una estructura que nos exige adaptarnos a condiciones cada vez más extremas, como si fueran naturales. Como si fueran inevitables. Como si no fueran el resultado de intereses, de despropósitos.
La perversidad es presentar como bueno lo que destruye.
El delirio aparece como norma.
El delirio no es el exceso, ni la excepción, ni el error individual. Es la base sobre la cual se organiza la experiencia compartida.
Quien logra imponer su versión de la realidad, impone también su delirio: la política, la mercadotecnia, las redes sociales.
Nosotros, mientras tanto, seguimos dentro de esa experiencia extrema compartida, intentando distinguir, todavía, si lo que vemos es real o si simplemente es el acuerdo el que sigue funcionando.
La ciudad se ha convertido en un campo de disputas de narrativas.
Lo real es lo que logra sostenerse.
@nallelicandiani