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África, el GCIAR y el futuro de la alimentación global (parte 1)

OpiniónEl Economista

Por sus características agroecológicas, África, como continente, está llamada ser un protagonista en el futuro de la seguridad alimentaria global, es decir constituye un espacio con enorme potencial para la producción agrícola que podría ser aprovechado para convertir a la región en “una despensa de alimentos”.

Según datos de la Unión Africana, el continente posee el 60% de la tierra arable a nivel mundial disponible para producir, también posee enormes recursos hídricos sin aprovechar. Ahí la agricultura es la forma de vida para el 70% de su población, la mayoría de la cual está en pobreza o pobreza extrema, por lo que elevar su capacidad productiva también tendría un impacto directo en mejorar su nivel de vida.

Su diversidad agroecológica, constituida por regiones de clima tropical, semitropical, mediterránea, e incluso en sus zonas semiáridas, le permitiría elevar la producción en los más diversos cultivos: cereales, frutas y hortalizas, y varios commodities (cacao, algodón, caña de azúcar, café). También cuenta con extensos pastizales que debidamente manejados pueden mejorar la producción pecuaria.

Sin embargo, como en todas las regiones integradas por países de bajo desarrollo, existen serias limitaciones para el desarrollo de ese potencial; la infraestructura de riego, de transporte o de almacenamiento es deficiente, la inversión, pública y privada, y el financiamiento son insuficientes, particularmente en innovación, investigación y tecnología que son la semillas para una mejor agricultura

Por esa razón la Fundación del Premio Mundial de la Alimentación (WFP), junto con el Grupo Consultivo de Investigación Agricola Internacional (CGIAR) organizaron el mes pasado, en Nairobi, el evento Dialogue Next, una iniciativa que fue creada para llevar estos diálogos a distintas regiones del mundo siguiendo el legado del agrónomo Norman Borlaug, conocido como el “padre de la Revolución Verde” y destinados a identificar los “next steps” (próximos pasos) para reducir el hambre y fortalecer los sistemas alimentarios.

En ese evento fue posible dialogar y escuchar la opinión de expertos internacionales, locales y de algunos ministros de agricultura, sobre el futuro de la agricultura en Africa y la capacidad del continente para aspirar a la autosuficiencia alimentaria y contribuir a futuro con la oferta alimentaria para el resto del mundo.

Asistieron más de doscientas personas y en las conferencias se reconoció que existe una renovada actitud y optimismo en los países africanos, sus gobiernos y la sociedad rural para encarar los desafíos de la creciente demanda de alimentos y de los efectos que impone el cambio climático en el continente. Se percibe la determinación de impulsar la productividad y la seguridad alimentaria para los pueblos africanos.

En aquel continente se está avanzando en el uso de tecnologías e innovaciones de avanzada, como la inteligencia artificial, la automatización de la información, la biotecnología, incluyendo la edición genómica y los procesos digitalizados para la comercialización. Si bien hay países con mayor capacidad para adoptar estos avances tecnológicos, como es el caso de Kenia y Nigeria, en otros casos se ve la necesidad de desarrollar recursos humanos propios para incursionar en la agricultura climáticamente inteligente.

Se reconoce que quedan grandes obstáculos económicos y vacíos tecnológicos por superar; por lo que se requiere de complementar los esfuerzos nacionales con el apoyo internacional, principalmente en el acceso al conocimiento y a la tecnología apropiada. Sobre el tema, es de resaltar el acompañamiento que está haciendo el CGIAR para facilitar el acceso a las tecnologías y su trasferencia a los programas nacionales de investigación en agricultura, ganadería y la pesca.

Sin duda, el trabajo de las organizaciones internacionales, dedicadas a la ciencia y la investigación para el desarrollo de los sistemas agroalimentarios a nivel global, es vital para los países que cuentan con diversas limitaciones en sus sistemas de innovación, lo que a su vez reduce su capacidad de producir más y mejor.

Cuando además estas entidades se asocian con fundaciones para el desarrollo, se generan sinergias muy positivas que benefician a los países con menos recursos; en este caso la fundación del Wolrd Food Prize, a la que me he referido extensamente en alguna entrega anterior. Valga decir que esta fundación, que otorga anualmente lo que es considerado el “Premio Nobel de la Agricultura”, ha distinguido con este galardón en varias ocasiones a hombres y mujeres cuyas investigaciones se han desarrollado en África, justamente gracias al potencial que esta vasta región ofrece.

Por su parte, el Grupo Consultivo para la Investigación Agrícola Internacional (CGIAR por sus siglas en inglés) está constituido por 13 centros internacionales distribuidos en el mundo, cuatro de ellos en el continente africano, que aportan conocimiento, asistencia técnica, apoyos económicos y recursos genéticos para los programas de mejoramiento de las instituciones nacionales en los países. Estos son: el ILRI (Instituto Internacional de Investigaciones Pecuarias), en Kenia; el Africa Rice en Costa de Marfil; el CIFOR-ICRAF con mandato en temas forestales y agroforestería, también ubicado en Kenia y el Instituto Internacional de Agricultura Tropical (IITA) en Nigeria.

Adicionalmente, todos los centros que conforman la red del CGIAR, tienen presencia en distintos países del continente africano con personal técnico, oficinas y campos experimentales en los que desarrollan investigación, trasferencia de tecnología y capacitación para todo el continente.

Vele mencionar cuáles son esos otros centros: Alianza de Bioversity International y el Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), en Colombia; el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT); el Centro Internacional de la Papa (CIP) en Perú; el Centro Internacional de Investigación Agrícola en Zonas Áridas (ICARDA) en Líbano; el Instituto Internacional de Investigación de Cultivos para los Trópicos Semiáridos (ICRISAT) en la India; el Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias (IFPRI) en USA; el Instituto Internacional de Investigación del Arroz (IRRI) en Filipinas: el Instituto Internacional de Gestión del Agua (IWMI) en Sri Lanka: y, el Centro Mundial de Pesca (WorldFish) en Malasia.

En nuestra siguiente entrega abundaré sobre el trabajo que viene desarrollando el CGIAR y que beneficia no solamente a los países en donde se encuentran sus centros sino al resto de mundo vinculado a la producción agropecuaria y al combate al hambre.

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