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Opinión

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Sin frenos

Todos hemos comprobado que los sentimientos alteran la razón: cuando estamos “ciegos de ira”, “locos de contento” o “perdidamente enamorados”, el propio lenguaje indica que la cordura y la mesura, en tales momentos, no tienen la más mínima oportunidad de éxito. 

Las emociones básicas vinculadas al hambre, la sed, el miedo, la ira, incluso el apetito de poder o la sexualidad, forman parte de nuestro equipamiento básico emocional. Están biológicamente implantadas en nuestra naturaleza y forman parte de nosotros, tanto si queremos como si no. 

Pero la manera como manejamos estas respuestas innatas está en nuestras manos; tenemos la libertad de escoger entre diferentes formas de actuar y de decidir de acuerdo con nuestros propios motivos y formas de pensar. Un individuo maduro es el que tiene un mejor manejo de sus impulsos y a pesar de la adversidad o de los problemas de la vida no se queda sin frenos, por decirlo de alguna manera.

El control emocional se manifiesta, en buena medida, en lograr reprimir nuestras emociones más elementales, aprender a regularlas y hasta modificar algunos estados de ánimo o sentimientos para evitar manifestaciones que pueden ser dañinas para las personas que las sienten o para los que están cercanos. Más aún cuando se gobierna un país o en las mañaneras, por ejemplo. 

Los humanos, entre más conductas inhibitorias somos capaces de usar, mejor adaptados estamos a nuestro entorno. Unos ejemplitos: no podemos darle una cachetada a todos los que no piensan como nosotros o nos generan ira o publican artículos que muestran nuestra corrupción. Tampoco podemos estallar en carcajadas frente a una persona que se ve decididamente tonta o ridícula. 

En fin, el manejo apropiado del afecto nos permite vivir en sociedad. Debemos de tener la capacidad del autocontrol por mucho hipotálamo (zona cerebral importante para inhibir conductas inapropiadas) que nos domine. 

Los seres sociales supuestamente ya sabemos controlar nuestros impulsos. Y yo esperaría que los que aspiran a gobernar fueran los más capaces en estas lides, pero creo que soy una ingenua.

No podemos determinar o seleccionar nuestras emociones, esas ahí se van produciendo dependiendo del entorno y “la máquina mata emociones” aún no se ha inventado, desafortunadamente. Pero podemos conducir nuestras reacciones y sustituir deseos primarios por otros más elaborados. No vamos por el mundo haciendo el amor con cuanta persona se nos antoja o peleándonos con el primer AMLO que se nos pone enfrente. Para eso existe el debate, la discusión, la ironía, lo que te viene siendo la diplomacia o mejor aún: la política.

Y si ustedes me permiten una teoría psicosociopolítica (¡que palabrota!): la democracia es una forma de domar la baja pasión, respetar al otro y meter el freno (incluso el de mano) para poder gobernar y pensar en el bien común más que en el personal. Suena sencillo, pero la cosa es a nivel conductual y neuronal bastante complicada. Lo que hagamos con nuestras emociones, el poder manejarlas inteligentemente, depende en buena medida, dirían algunos, de nuestra inteligencia emocional.

Reconozcamos, primero que nada, que dentro de nosotros existe un tirano, ese arcaico hipotálamo formado y reformado en millones de años; que se encuentra no más rascándole tantito a la corteza cerebral (de reciente creación). Lo más grave es que en los individuos más rústicos él es el que manda sobre sus palabras y acciones. Peligrosísimo.

Esa estructura es un dictador despiadado que lucha por continuar totalitariamente controlando nuestras acciones o las del país o de plano las del mundo. Stalin, Hitler y muchos líderes de este corte ejemplifican perfectamente lo que logra un hipotálamo desbocado.

El autócrata, el narcisista y el delincuente que todos tenemos dentro, está ahí, desde el mesozoico, desde que éramos rastreros reptiles, esperando un momento de debilidad cortical para atacar de nuevo. Muchas veces lo logra.

No se le pueden pedir peras al olmo, pero oremos porque nuestro gobernante no nos atropelle más… no más porque de pronto se le fueron los frenos.

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