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¿Por qué nos debe preocupar a los mexicanos la FIFA?
El futbol se ha convertido en una gran industria del entretenimiento pero real, aunque ahora queda duda de su veracidad.
Desde los 70 del siglo pasado, el futbol es parte fundamental de la industria del entretenimiento y como todas creció para hacer dinero, no para hacernos felices como objetivo principal. Así, el deporte tiene el drama de no saber qué es lo que va a pasar y el capitalismo estético nos ha vendido (y lo hemos comprado) que cada país, cada club es identidad cultural. Y después de todo esto, de que todo es negocio, ¿por qué nos debería importar la FIFA a los mexicanos, una institución a más de 5,000 kilómetros?...
Las respuestas: lucra con nuestra pasión y dinero, porque consumimos el Mundial, las ligas, rentamos un sistema de cable para ver todo tipo de partidos, porque discutimos arduamente para defender a nuestro club. Si la FIFA está torcida (como lo está), entonces el mundo del futbol lo está y no es que el deporte tenga que dejar de ser un negocio... pero que no nos vendan que es real, que es justo, que nada tiene que ver los intereses... mejor que nos digan que es un teatro, que el drama como en las artes escénicas es un montaje y nada más.
En El Economista hemos decidido desde hace más de dos años documentar, dar a conocer, presentar informes, noticias, personajes, reportajes que puedan dar fe de toda esta historia y no lo hacemos por tener un registro informativo, sino que el principal argumento es presentar, analizar y reflexionar qué es lo que ocurre con la industria del entretenimiento más poderosa del mundo.
El futbol, aunque sea un negocio, ha demostrado que es capaz de salvar vidas en una guerra, también de provocarlas, también de juntar a los alemanes y franceses en varios partidos durante la Segunda Guerra Mundial aunque fueran enemigos. El futbol, como deporte, con su genética, mantiene intactos ciertos valores, están blindados ante el dinero... como lo lúdico que nos produce a los millones y millones de espectadores que lo miramos o alguna vez practicamos. Y la gran ventaja del business es que es real, que es un drama pero que no tiene un guión... o al menos eso pensábamos.
En estas páginas hemos hablado de amaño de partidos, de apuestas ilegales, de directivos corruptos y lo seguiremos haciendo porque consideramos que usted como lector tiene la obligación de saber lo que pasa con el deporte más popular y también decidir si quiere seguir gastando su dinero en la playera de la Selección mexicana o de FC Barcelona o pagar más de 500 pesos sólo por tener los partidos del Mundial o hasta ahorrar más de 45,000 pesos para ir a una Copa del Mundo. Usted decide, es su dinero, pero sí que le quede claro en caso de que todo esto del futbol se demuestre que es una farsa irreal que lo que verá es ficción, porque todo está arreglado.
Pero siempre hay buenas noticias entre todo este lodo: los jugadores (la mayoría) y los fans. Todavía resulta increíble que jugadas como las de Lionel Messi o el barrilete cósmico de Maradona en 1986 fuera una puesta en escena... lo fue, pero en el momento, real. Ellos, los que entrenan, los que curan, los que corren, los que están en las tribunas son los que mantienen blindada esa genética del futbol como deporte inocente, sin dinero, sin intereses, sin pretensiones más que las de autocomplacerse.
La FIFA nos importa porque gobierna en cierta medida nuestro dinero, porque indirectamente la hemos hecho multimillonaria, controladora, poderosa, inexpugnable. Pero seguimos teniendo el poder en la industria... y si algo todavía tenemos independiente en este capitalismo estético es nuestro poder de decir qué comprar y qué no. Ejerzamos nuestro derecho de consumidor.