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Mexicanos en Madrid
Van y vienen por los barrios de Salamanca, Universidad y Argüelles, en el céntrico Chamberí, uno de los distritos más aristocráticos de Madrid. Pocos llegaron para cumplir con la cuarentena; la mayoría, por objeciones políticas hacia la Cuarta Transformación.
Se trataba de pasar una temporada larga. ¿Un sexenio? A diferencia de los empresarios del Bajío y del norte del país, que transitan entre Miami y Nueva York, los decision makers autoexiliados en Europa tienen raíces en la Península ibérica, por lo que pudieron comprar boletos solo de ida. Ya vendrán tiempos mejores en México, confían.
Desde hace muchos años, el financiero Allen de Jesús Sanguines-Krause ha tenido una vida discreta, aunque la dimensión de sus inversiones —compró el mítico hotel Villa Magna— y su amistad con el Rey emérito Juan Carlos I lo pusieron recientemente en el radar de los medios españoles. Carlos Slim era el otro referente mexicano. Y más recientemente, María Asunción Aramburuzabala.
La clase media y alta mexicana son blanco de las inmobiliarias españolas, que venden pisos cuyo valor oscila entre los 500,000 euros y un millón en esos barrios y otros como Trafalgar, Arapies, Almagro, Rios Rosas y Valle Hermoso, en el centro de Madrid. Desde el final del confinamiento es constante la presencia de familias mexicanas.
Y notoria, en los restaurantes de la zona. En los recién aperturados, como Q87 o Manero, al que muchos acuden con la esperanza de encontrar al expresidente Carlos Salinas de Gortari. Pero cotidianamente acuden al Puntarena, la sucursal madrileña del restaurante insignia del emporio gastronómico erigido por Federico Rigoletti, en la Casa México en España.
El inmueble, de 2,700 metros cuadrados, fue construido hace un siglo por el arquitecto Luis Bellido y fue cedido por el ayuntamiento de Madrid a la embajada de México en España. Su remodelación corrió a cargo de la Fundación Casa de México, que preside Valentín Díez Morodo, que hace cuatro años firmó un convenio para gestionar y administrar sus distintos espacios, por una década, con la Secretaría de Relaciones Exteriores.
Dos meses antes de que finalizara el sexenio de Enrique Peña Nieto fue inaugurado el recinto por el empresario y el entonces canciller, Luis Videgaray. Su administración quedó a cargo de Ximena Caraza Campo, quien se ha dedicado a la promoción de un intenso programa de actividades artísticas y culturales, además de la promoción del intercambio económico entre las dos naciones.
Xena Caraza es nuera de Claudio X. González y a través de las redes sociales y una intensa gestión de actividades académicas y culturales se ha colocado en el centro de la comunidad mexicana residente en España. Y más, de las inversiones inmobiliarias en los céntricos barrios de la capital española. En los últimos años, además de dirigir la Casa México, ha participado, como consejera independiente, en Realia, la empresa con la que Carlos Slim incursionó en el mercado inmobiliario de Madrid. El equipo de Slim en Madrid integra a Gerardo Kuri Kauffman y Carlos Jarque.
Efectos secundarios
INDICIOS. Con reportes desactualizados y fuentes enrevesadas, las primeras versiones sobre los negocios de Enrique Peña Nieto fueron rápidamente descartadas: en Plasti-Estéril, el político mexiquense desinvirtió hace casi tres décadas. Justamente otro negocio familiar atrajo la atención de la Unidad de Inteligencia Financiera: la Impulsora Agrícola La Laguna, una comercializadora de granos que dirige Arturo, hermando del expresidente priista. Las pesquisas sobre sus operaciones financieras se extenderían a otras “personas de interés”, como Maribel Barroso, exintegrante del staff de Los Pinos y quien junto a su esposo, Luis Alfonso Rodríguez, y el empresario Héctor Alfonso Maccise Yitani habría diseñaron una trama para hacer transferencias de dinero de México a Madrid, vía Houston. Una de las empresas investigadas es Buganvilia Servicios Empresariales, establecida en España.