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Opinión

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Llerenas y la política monetaria

El error fundamental es imaginar que los bancos centrales cuentan con la capacidad para determinar, discrecionalmente, el nivel de las tasas de interés. Falso.

En el caso de los mecanismos de intervención de la política monetaria, el Banco de México únicamente tiene control sobre una tasa de muy corto plazo.

Escribió el economista británico Keynes en su magistral tratado Las consecuencias económicas de la paz que en materia de moneda y banca central hay en la vida cotidiana un experto en un millón, pero nos lo encontramos a diario. Es el caso del columnista invitado Vidal Llerenas, quien saliéndose de su zona de confort periodístico (los temas de desarrollo urbano) volvió a abrir un flanco de vulnerabilidad para lucir por escrito su improvisación en materia de política monetaria.

Gran desinformación en ese campo y no otra cosa muestra al escribir que “la exigencia al banco [central] tendría que ser bajar las tasas de interés a mayor velocidad”. El error fundamental en esa declaración tan tajante es imaginar que un banco central tiene la capacidad para determinar discrecionalmente las tasas de interés en la economía. Falso. En el caso de los mecanismos de intervención de la política monetaria, el Banco de México únicamente tiene control sobre una tasa de muy corto plazo. En caso de que esa tasa se intentara fijar en un nivel incompatible con las condiciones generales que prevalecen en la economía, el error se manifestaría de manera perversa en una estructura de las tasas de interés por plazos con una pendiente muy pronunciada. Es decir, con las tasas con las que se financian los proyectos de inversión a niveles muy altos, inhibiendo el crecimiento económico.

Otro gran error en el artículo “El Banxico y sus políticas de confort” es no hacer la distinción entre la inflación y sus expectativas o pronósticos. No son lo mismo. Si aunque la inflación se ubique en su intervalo de objetivo las expectativas correspondientes no se encuentran suficientemente ancladas con su meta de largo plazo, no es posible cantar victoria prematuramente anunciando vocingleramente que “la inflación está controlada”. El caso es que esas expectativas no se encuentran aún suficientemente ancladas.

No creo que ningún banquero central digno del nombre pudiera proponer que las tasas de interés se mantuvieran en un nivel artificialmente alto para conservarse en una zona “de confort”. Tampoco pienso que Werner, del Fondo Monetario Internacional, comulgaría con tal dislate.

Werner seguramente sabe que con la mira de que las tasas de interés sean bajas hacia delante de manera sostenible, tienen que ser relativamente altas en la coyuntura para anclar las expectativas de inflación. Pero de ninguna manera avalaría que el banco central cayera en apresuramiento con ese fin.

Columnista

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