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Lectura por un cumpleaños
Foto EE: Especial
Si de homenajes se trata, si el nivel de la memoria y el festejo se midiera con palabras, Benito Juárez, ganaría. Es el Benemérito, cuyo cumpleaños se celebra este 21 de marzo, quien ha provocado la mayor cantidad de composiciones en su honor (y también a su descrédito). Desde los escritos más sesudos y los poemas más sentidos, hasta las expresiones más insólitas y conocidas. Muchas tienen que ver con él. Decimos, por ejemplo, “lo que el viento a Juárez”, cuando presumimos de ser indemnes, casi invencibles ante los embates de la mala fortuna y mil veces hemos repetido, la famosa frase que habla del derecho ajeno. Sin saber que es autoría del mismo Juárez, la incluyó como cierre de su discurso después de haber vencido a los invasores franceses, restaurado la República y decía así:
“El gobierno nacional vuelve hoy a establecer su residencia en la ciudad de México, de la que salió hace cuatro años. Llevó entonces la resolución de no abandonar jamás el cumplimiento de sus deberes tanto más sagrados, cuanto mayor era el conflicto de la nación. Fue con la segura confianza de que el pueblo mexicano lucharía sin cesar contra la inicua invasión extranjera, en defensa de sus derechos y de su libertad. (…) Encaminemos ahora todos nuestros esfuerzos a obtener y a consolidar los beneficios de la paz. Bajo sus auspicios, será eficaz la protección de las leyes y de las autoridades para los derechos de todos los habitantes de la República. Que el pueblo y el gobierno respeten los derechos de todos pues entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”.
Todo ello, lector querido, por no hablar de pinturas, monografías, fotografías y dibujos que han pintado muchas veces su retrato, la enorme cantidad de películas, series, telenovelas, su nombre en calles, avenidas y la estación de metro, junto con la oscura rosa que le guarda luto, el danzón y hasta el whisky que lleva su apellido.
Inspiración para muchos e incluido en las más destacadas obras de su tiempo, tanto ensayistas como periodistas y cronistas lo convirtieron en protagonista de sus letras. Acá un breve recuento, lector querido:
Altamirano, padre de otra república -la República de las Letras- le escribió lo siguiente en 1865: “Más fácil es que la Tierra se salga de su eje, que ese hombre se salga de la República: ese hombre no es un hombre, es el deber hecho carne...Yo no sé cómo se llama la línea de tierra que ocupa en este momento: pero él está en la República, piensa en la República, trabaja por la República y morirá en la República y si un rincón quedara sólo en la Patria, en ese jirón estaría uno seguro de hallar al Presidente”.
Biógrafos como Justo Sierra en “Juárez, su obra y su tiempo”; Fernando Benítez en “Un indio zapoteco llamado Benito Juárez”; Andrés Henestrosa en “Los caminos de Juárez” y Brian Hamnett en “Juárez”, publicaron libros que es una delicia leer. Y después siguieron los poetas. Amado Nervo, por ejemplo, incluyó a Juárez en su lectura ante el Congreso en 1902, como parte de su poema “La raza de bronce”, donde después de hablar de Ilhuicamina, ‘Netzahualcóyotl’ y Cuauhtémoc, hace una alusión a Juárez versificando así:
“El fantasma postrer llegó a mi lado:
no venía del fondo del pasado
como los otros; mas del bronce mismo
era su pecho, y en sus negros ojos
fulguraba, en vez de ímpetus y arrojos,
la tranquila frialdad del heroísmo.
Y parecióme que aquel hombre era
sereno como el cielo en primavera
y glacial como cima que acoraza
la nieve, y que su sino fue, en la Historia
tender puentes de bronce entre la gloria
de la raza de ayer y nuestra raza.”
Mas Nervo no fue el único: Juan de Dios Peza, Manuel José Othón, Guillermo Prieto, Pino Suárez, Rubén Darío y Rafael Delgado, sólo por citar algunos, también escribieron poesía para Juárez. Hasta Enrique González Martínez –el que le torció el cuello al cisne del Modernismo– le dedicó unos versos (“Sin que lo manche la mundana escoria/ se eleva altivo, inquebrantable y fuerte,/ impasible y sereno ante la muerte,/sereno e impasible en la victoria”) y muchos otros, nacidos lejos como Víctor Hugo; oriundos de tierras cercanas, como Pablo Neruda o compatriotas de tiempo y sentimiento como Rubén Bonifaz Nuño y Efraín Huerta, dedicaron tinta de su pluma al héroe oaxaqueño.
A estas alturas – más de dos siglos han pasado – parecería que ya nadie puede agregar nada sobre la figura de Benito Juárez, aumentar una página más a su bibliografía, ni decir nada que no se haya dicho ya. Pero en realidad no es cierto, lector querido: hoy, en su día, usted también lo celebra, pues está leyendo esta página y ha llegado al final.