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Opinión

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Las pérdidas hacia el centro

Sigo estudiando el fenómeno de la 4T para un libro en construcción que intente ser lo más objetivo posible, con el doctor Adrián Ruiz de Chávez, director del Centro de Liderazgo de la Universidad Anáhuac, y me quedo con un comentario que hizo señalando a un autor argentino que comentó que cuando un gobierno de extremos alcanza el poder, la oposición revira hacia el otro extremo y se pierden los centros, que son la auténtica salida para México. Parece que esto está sucediendo en los hechos.

Por un lado, tenemos un gobierno de mole, de chile y de manteca, pero que en la retórica mantiene un discurso en contra del neoliberalismo, como si fuera la peor palabra que el ser humano hubiera inventado después de la blasfemia y el Holocausto, sin explicar bien a bien qué se entiende por el maldecido liberalismo. Y en aras de rectificar el rumbo de las últimas tres décadas, justifican medidas neoliberales, como el austericidio o el recorte de las estancias infantiles, disminuyendo el gasto en educación y salud, desapareciendo el Seguro Popular, que fueron medidas que no se atrevieron a tomar los más rabiosos de los neoliberales.

Y por otro lado, estos “maldecidos neoliberales”, que solamente se atreven —con razón a recibir una reprimenda del “liberal” respetuoso con la libertad de expresión, López Obrador— a escribir columnas escritas con poca difusión en la opinión pública, que AMLO refleja en el periódico Reforma como el “maldito entre los malditos conservadores” y fustiga en sus conferencias mañaneras. Y algunas de las críticas que señalan tales autores tienen razón —la acumulación de poder en Palacio Nacional, la desaparición de los organismos reguladores, lo que va contra la política de reforma del Estado que buscó promover Porfirio Muñoz Ledo cuando se puso las camisas de los poderes en turno y ahora no parece atreverse a impulsar—, la ley garrote y el apoyo excesivo a Pemex, como si se pudieran resucitar los tiempos aciagos de la “administración de la abundancia”, el incremento de la inseguridad... para recibir golpes ciegos de los ostentadores del poder de ser verdaderas encarnaciones del “mal”, fanáticos del pasado, aprovechadores de la riqueza del país... y esto una semana sí y otra también.

¿Qué ha pasado con los centros? El centro no es una postura fija —tiene variantes, hay centros derecha que funcionaron como la Alemania de la economía social de mercado de la posguerra, así como también ha habido centros-izquierda como la brasileña, la uruguaya y la chilena, que también han sido viables— y parte del centro se tiene que reinventar.

Y las derechas plantean la vuelta a expresidentes grises, como Vicente Fox, que sólo piensa en hacerse más rico en cuanto se legalice la mariguana; o no logran los quórums para llegar a ser partido político, como Felipe Calderón. Y cuando vemos la propuesta de la Coparmex para quitarle la mayoría a Morena en el 2021, respiramos un “tufo” de economía neoclásica, como la que gobernó México, sin la menor imaginación de hacer propuestas nuevas, o como diría un exprofesor mío, flores nuevas con raíces viejas.

Y estos son los centros que hay que redescubrir, porque los extremos —de izquierda y de derecha— llevan al precipicio, sea en un año, o ya tarde varias décadas. Hay que retomar el valor del lenguaje, como diría en estos tiempos Octavio Paz, que es lo primero se está prostituyendo —con los fifís, guacala y “yo tengo otros datos”— que llevan al desinterés por la política —como señaló un articulista de Letras Libres en forma preclara— y a que nos puedan manipular con la posverdad. La sociedad civil o el “pueblo” en su acepción política tienen que despertar hacia los centros, antes de que sea demasiado tarde.

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